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| Recuerdo. Cintia Jiménez, de dos años
y hermana de Regina, muestra algunas fotos de la pequeña.
Foto EDH
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Alejandra Dimas
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Su nombre está en la lista de los menores fallecidos por la gastroenteritis
aguda, tabulado por la Unidad de Estadística Forense de Medicina
Legal y, posiblemente, en los datos que maneja la Organización
Panamericana de la Salud (OPS).
Detrás de ese número escrito en rojo estaba Regina Mabel
Jiménez, de cinco meses, y una madre acongojada que aún
no se explica la pérdida de su hija.
Vecina del reparto San Ramón, en Soyapango, el propio 18 enero
por la mañana, poco después de que le empezaron los episodios
de vómito, diarrea y calentura, acudió a la Unidad de Salud
Unicentro.
“Le conté los síntomas que traía, pero luego
de esperar por la consulta, ésta fue bien corta”, recuerda.
Un par de sobres de suero oral, a los que Carmen, la madre de Regina,
les tenía poca fe, apenas surtieron efecto en el cuerpo de la pequeña.
Las dos veces que le dio de beber las sales, la niña las devolvió
casi al instante.
No sabe cuántos pañales le tocó lavar ese día,
pero “todo el que ensuciaba lo iba lavando y fueron bastantes”.
Complicaciones
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| Tristeza. Carmen posa junto a Cintia, su
única hija. Foto EDH |
Semanas atrás, en el último control de la clínica,
la bebita pesaba cerca de 25 libras (peso ideal es de 15 a 18). Le habían
dicho que era bastante robusta para su edad. En las 24 horas siguientes
a las deposiciones y vómitos, cuando una enfermera la sentó
de nuevo en la báscula, apenas llegó a las 11 libras.
“Bien rápido se puso pechita”, comentó la mujer,
quien tiene a su lado a la hija mayor, Cintia, de dos años. La
hermana corrió con mejor suerte después de pasar varios
días ingresada en el hospital de Soyapango.
El jueves 19, German, el papá de las niñas, consiguió
un vehículo para llevar a su hija al Bloom.
Salieron por la tarde, presos de la angustia al ver que la niña
no mejoraba. Montaron aprisa en el carro prestado y salieron hacia la
capital. La niña murió en los brazos de la madre aunque
no se dio cuenta hasta que un médico le tomó el pulso.
“No pudieron hacer nada por ella”, repitió la mujer.
Su muerte no consta en el registro del hospital pediátrico ni tampoco
de Salud Pública, porque no se le abrió expediente alguno.
Se mantiene la cantidad de casos
Como dijo el viceministro de Salud, Ernesto Navarro, días atrás,
un cambio de alerta por las diarreas supondría prestar menos atención
a otras enfermedades, como el dengue y las neumonías, no menos
importantes.
A juzgar por los últimos reportes registrados, Salud no se vería
en la necesidad, por el momento, de cambiar el color de la alerta.
Por tercer día consecutivo, el número de casos no supera
los 700, una tendencia que se mantiene similar a la semana anterior cuando
se cerró con cerca de siete mil enfermos, la mayoría niños.
“Se mantiene la misma tendencia aunque hay que esperar”, indicó
Mario Serpas, jefe de epidemiología de Salud Pública.
Según datos de la institución, un total de 674 personas
consultaron ayer por gastroenteritis aguda, la mayoría en los centros
del gran San Salvador.
En lo que va de año, casi 28 mil personas han sido atendidas en
centros de salud por esta causa.
Para esa misma fecha, en 2005, año que se registró un brote
epidémico, había más de 43 mil casos contabilizados
por las autoridades.
No obstante, las autoridades sanitarias mostraron su preocupación
por el aumento de las pruebas donde el rotavirus está presente.
Los últimos indicadores muestran que el 60 por ciento de los pacientes
se estaría enfermando por este agente patógeno, propio de
la temporada y que se ve favorecido por los vientos.
La falta de servicios contribuye a su proliferación.
“No dio tiempo de pasarle el huevo”
No era la primera vez que Rebeca Yulissa Erroa, de cinco meses, tenía
diarrea; tampoco era la primera ocasión en que se la cortarían
de tajo con un baño de ruda y encerrarían el “mal”
en un huevo crudo que se frota por la espalda.
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| Familia. Las tres hermanas y primas de Rebeca
posan a la entrada de la casa de la bebé fallecida. Foto
EDH |
Así curan a los pequeños en el caserío Los Henríquez,
cantón Malacof, en Tonacatepeque, donde la gastroenteritis tiene
otro nombre y su origen no tiene que ver con un virus sino con fuerzas
hipnóticas de personas envidiosas.
El vómito, las diarreas, el cansancio le comenzaron el 9. “Fue
como cuando hay daño, pero lo raro es cuando tenía un mes
la bañamos con ruda, le pasamos un huevo por la espalda y se curó
rápido”, aseguró Guadalupe de Erroa, madre de la niña.
Sus otras tres hijas de de seis, tres y un año y medio han pasado
por el mismo tratamiento cuando están enfermas. Da fe que sus sobrinas
han sobrevivido de igual manera.
El 10, las deposiciones acuosas continuaron; la niña no dormía
y tenía ojeras, los ojos resecos y la piel hundida debajo de las
costillas. Para la familia eran las señas inequívocas de
llamado “mal de ojo”.
Al día siguiente, Guadalupe caminó más de 30 minutos
desde su casa hasta el desvío que conduce a la Colonia Altavista.
El centro de salud más cercano estaba en San Martín, pero
la deshidratación no dio tiempo y Rebeca murió en el camino.
“Me regresé para la casa porque nada podía hacer si
ya estaba muerta”, dijo tratando de no quebrar la voz.
Pese a que las moscas sobrevuelan la casa, beben agua que traen de un
río cercano y las niñas juegan en el suelo la mayor parte
del tiempo, Guadalupe no cree que esas condiciones hayan propiciado la
infección de su pequeña. “A ella se le daba agua hervida.
Solo para nosotros tomamos así nomás”.
Creencias peligrosas
Muchas personas creen que la diarrea repentina se debe a maleficios y
hechizos.
Daño con la vista
En la zona rural se piensa que la mirada de una persona mal humorada o
envidiosa causa un daño terrible en el niño, sobre todo
si quiere cargarlo en brazos y no le dejan.
Signos y relación
De acuerdo a la creencia, el bebé tiene diarrea sin razón
aparente. Además fiebre, vómito, ojeras, la respiración
y el pulso acelerado, y la fontanela (mollera) hundida y blanda.
La cura rápida
La sobadora o madre de familia mastica hojas de la planta de ruda y las
escupe sobre el cuerpo del bebé. Se cree que la saliva mezclada
con esta planta tiene un poder curativo.
La limpia de huevo
La santiguadora reza y repite la señal de la cruz sobre el cuerpo
del niño.
Se hace una limpia con un huevo que se frota por todo el cuerpo y se supone
que el enfermo sana.

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