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| Mando. El Jefe de Estado entregó el
pabellón nacional al coronel Julio Armando García
Oliva, comandante del contingente que partirá el jueves a
Iraq. Foto EDH
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Jorge Beltrán
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
El Presidente Antonio Saca despidió ayer por la mañana
a los 380 militares que entre mañana y el viernes, partirán
a Iraq, en relevo del quinto contingente, acantonado en Al Kut.
Saca entregó la bandera nacional al coronel Julio Armando García
Oliva, quien comandará la legión, en las instalaciones de
la Brigada de Artillería, en San Juan Opico, La Libertad.
A diferencia de las primeras despedidas, hubo pocas lágrimas de
los parientes de los militares.
Pero los rostros compungidos, sobre todo entre las mujeres, abundaron
pese a que la despedida estuvo matizada con música para diversos
gustos.
Luego del acto protocolario, por ejemplo, en el área de recreación
para jefes y oficiales, el bolero “Reloj, no marques las horas”
se dejó escuchar varias veces.
En otra estancia de la brigada, una orquesta tocaba una cumbia tras otras.
Pero nadie bailaba.
Cada militar estaba recogido alrededor de lo que sería la pista
de baile, con sus familias, chineando a sus hijos más pequeños
o bien explicando a sus parientes cómo usar la tarjeta amarilla
de débito con la que debían retirar el sueldo mensual durante
su ausencia.
Pesadumbre
Un oficial estaba un tanto más distante con su pareja. Con la gorra
calada parecía querer disimular las lágrimas de despedida.
La otra cara de la realidad lo representaba Sergio Guevara, un niño
de 6 años, hijo del soldado Sebastián Guevara. El niño
cargaba con el arnés de equipo de su padre.
Según Sebastián, sus hijos ya saben que se va del país.
Lo que no saben es que son seis meses, (180 días) los que estará
lejos de casa. Según la mujer de este soldado, en la escuela ya
han advertido un cambio de conducta en el niño.
Pero a diferencia del lunes, cuando no jugó en los recreos y se
mantuvo muy callado, según se lo han dicho la profesora, ayer Sergio
parecía contento.
La mayoría de soldados dicen ir contentos y optimistas. Dicen estar
conscientes de que en toda actividad humana va implícito un riesgo,
y su viaje a Iraq no es la excepción.
A otros como el sargento Elmer Cáceres, no le preocupa tanto la
misión militar como la que le ha dado su mujer: ella quiere que
le traiga un perfume egipcio.
Muchos van por segunda vez a Iraq
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| Adiós. José Urbina, junto a
su hermana (Izq.) y una amiga. Foto EDH |
¿Quién dijo miedo?. Por lo menos el sargento José
Urbina no. Con una amplia sonrisa, el militar se gloriaba ayer explicando
que era la segunda vez que viajaba a Iraq.
Su primera experiencia fue con el primer contingente, que estuvo asignado
en la provincia de Nayaf, con temperaturas arriba de los 50 grados.
Ahora la experiencia será diferente. Va a conocer otro lugar, Al
Kut, donde le espera un frío de escasos grados arriba de cero.
Para Urbina es un privilegio ir por segunda vez. No lo provocó,
asegura, sino que sus superiores le propusieron volver y él no
se lo pensó dos veces, pese a que deja un bebé de sólo
un mes de nacido.
Ayer, una hermana de Urbina llegó a despedirlo. No hubo lágrimas
en la mujer porque el sargento ya le ha explicado: el peligró de
morir acompaña al hombre desde que nace.
Eso sí, la esposa de Urbina no llegó a la fiesta triste
de despedida, porque el ajetreo del viaja, desde San Martín hasta
San Juan Opico, podría hacerle daño al bebé.
Algo es seguro para Urbina, para la fiesta alegre, esto es cuando el contingente
regrese, allí estará su mujer esperándolo, con su
hijo ya de siete meses.
Para el sargento Urbina, las lágrimas de despedida son sin razón,
pues todos los del contingente son voluntarios.
Retornan lesionados
- El soldado Julio Cisneros Molina, del V contingente, regresó
ayer al país, procedente de Texas, Estados Unidos, donde recibía
atención médica tras lesionarse en un accidente vial en
Iraq.
- El cabo Sergio Galicia, del IV contingente también regresó
ayer, siempre de Texas, tras ser lesionado con un artefacto explosivo.
- Mientras tanto, el soldado José Armando Galdámez, que
desapareció de un hospital militar de Texas, donde recibía
tratamiento, aún no ha sido hallado.

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