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Tema para meditar
Jesucristo no es un mito

Para dar el salto maravilloso del Jesús de la historia al Jesús de la fe: El Mesías Salvador, el Hijo de Dios hecho hombre..., es cuestión de la gracia de Dios y de la sinceridad e inteligencia con que le busquemos.

Publicada 8 de febreo 2006 , El Diario de Hoy

Roberto A. Torruella*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Recientemente, en este periódico, apareció la noticia de un agrónomo jubilado, ex seminarista, que demandó al padre Enrico Reghiante ante un tribunal de Viterbo (Italia), para que el sacerdote probara ante el juez de la localidad la existencia histórica de Jesucristo.

La experiencia del señor Luigi Cascioli (así se llama el ex seminarista ateo que hace la acusación) me parece una excelente oprtunidad para intentar hacer algunas reflexiones que podrán ayudar a quienes no han madurado en su fe, o a simples curiosos, para que se den cuenta así de que la religión que profesamos, quienes nos llamamos CRISTIANOS, no nos compromete a vivir una fe ciega, infantil, sostenida únicamente en la buena voluntad de los creyentes, sin más apoyo que una fe sumisa, apoyada en dogmas sin fundamento.

Si así fuera, el cristianismo no habría superado jamás tantos peligros doctrinales atractivos, errores que atentaban contra la sana doctrina heredada de los apóstoles, que comenzaron en los primeros siglos y continúan hasta el presente.

A más de esto, las sangrientas persecuciones, que no sólo no diezmaron a la Iglesia o la han debilitado sino que la han fortalecido, pues, como dijo Tertuliano: “La sangre de los mártires es semilla de cristianos”. Conste. Esa fe se ha enriquecido con el trabajo de sabios teólogos y de eminentes estudiosos de las Sagradas Escrituras y de notables investigadores de la liturgia, pues como dice un conocido principio: “lex orandi, lex credendi”, es decir que la historia de la oración es la historia de la fe.

Por consiguiente, quienes buscan con interés y sinceridad la VERDAD de Cristo, tendrán que buscarla en la historia, la historia del cristianismo, que es historia de Cristo, porque no puede haber cristianismo sin Cristo, el hombre de Nazareth llamado Jesús, de quien tantos y tanto se ha escrito de El, durante veinte siglos.

Y qué mejores historiadores que aquellos discípulos, que estuvieron durante tres años tan cerca de El; que fueron testigos de lo que hizo y de lo que dijo.

Ellos, con delicados y oportunos detalles de tiempo, de lugar, de costumbre y de personajes que pertenecieron a la historia profana (emperadores, sacerdotes y gobernadores), van presentando a ese Jesús histórico en su relación con toda clase de enfermos, en las enseñanzas que sabe sacar de la vida que les rodea, para terminar con una relación admirable en los detalles de la noche antes de su muerte, de los incidentes del juicio en el que lo condenaron y de su crucifixión, como el letrero colocado en la cruz, la súplica del ladrón crucificado junto al Señor, las palabras que pronuncia antes de morir, el uso que hacen de sus vestiduras, quienes lo bajan de las cruz y el nombre del dueño del sepulcro donde lo entierran.

Fácilmente se ve que los Evangelistas tienen un claro propósito: Decirnos todo lo que ellos han visto y todo lo que han oído decir a Jesús. Su propósito no sería hacer la historia de Jesucristo, en el sentido moderno de lo que es una historia, cuanto hacernos vivir las experiencias que sus obras y sus palabras deben causar en el hombre de todos los tiempos. Tan es así que la “biografía de Jesús” no termina con su muerte.

Los hechos de los apóstoles y las Cartas de algunos de ellos se van a encargar de trasladarnos las experiencias que van teniendo las comunidades que fueron brotando a lo largo del camino desde Jerusalén hasta Roma, para dar el salto maravilloso de la fe, diciendo, como dijo Felipe, al encontrar a Natanael: “Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y también los profetas. Es Jesús de Nazareth, el hijo de José” (Juan 1,4351).

Así nació el CRISTIANISMO. Ya en tiempo de los apóstoles, en Antioquía, comienzan a llamarse cristianos los discípulos de Jesu-cristo, indicando así que el cristianismo es diferente del judaísmo, aunque allí se encuentran sus raíces, y algo opuesto a las mitologías paganas.

Debemos concluir así que todo lo que dicen los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles y las Cartas de los Apóstoles son libros históricos, sometidos a las exigencias de la crítica histórica. Para abundancia de argumentos podemos añadir que de nadie se ha conocido tanto como de Jesucristo.

Para dar el salto maravilloso del Jesús de la historia al Jesús de la fe: El Mesías Salvador, el Hijo de Dios hecho hombre..., es cuestión de la gracia de Dios y de la sinceridad e inteligencia con que le busquemos.

*Párroco de la iglesia La Merced.


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