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De cacería
Más economía y menos política
A los economistas nos encanta recordarle a los políticos que
las necesidades son infinitas y los recursos escasos. Vivir en un mundo
sin escasez de recursos es vivir en un mundo de fantasía.
Publicada 8 de febreo 2006 , El Diario de Hoy
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| Rafael
Barraza*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
¿Alguna vez ha visto a un elefante volar? La última vez
que vi a un paquidermo surcando los cielos todavía vestía
pantalones cortos mientras asistía a un estreno de “Dumbo”,
la maravillosa pe- lícula de Disney. La mejor respuesta a esta
pregunta me la dio mi sobrino de 12 años: “Tío, los
elefantes no vuelan”. En contraste a la sinceridad de los niños
frente a la ley de la gravedad, ¿por qué los adultos se
resisten a reconocer la validez de las leyes de la economía?
La temporada electoral es el momento ideal para la cacería de elefantes
voladores, esas propuestas sin fundamento que acompañan de cerca
a los populistas y a los charlatanes. ¿Cómo derribar estas
ideas descabelladas? Dos preguntas básicas del arsenal del economista
serán claves en esta tarea. Primero, preguntar ¿cuáles
son los costos? Toda propuesta económica tiene un costo, aunque
sea un costo escondido o un costo de oportunidad.
A los economistas nos encanta recordarle a los políticos que las
necesidades son infinitas y los recursos escasos. Vivir en un mundo sin
escasez de recursos es vivir en un mundo de fantasía donde no aplica
el famoso lema de “No existen los almuerzos gratis” y donde
no tenemos que elegir.
El chancho y el afrecho
La segunda pregunta clave es: ¿Cómo cambia el sistema de
incentivos? Muchas medidas que parecen atractivas en “solucionar”
un problema, pueden desatar fuerzas a largo plazo que terminan por revertir
cualquier ganancia de corto plazo. William Easterly, en su libro “En
busca del crecimiento: andanzas y tribulaciones de los economistas del
desarrollo”, analiza descarnadamente cómo numerosas políticas
que estuvieron en boga en tiempos pasados fracasaron estrepitosamente
por no tomar en cuenta un principio básico de economía:
la gente responde a los incentivos. Una oferta electoral que daña
los incentivos a la inversión y el crecimiento perpetuará
el problema de la pobreza por muy buenas intenciones que tenga en este
tema.
Cuando hablamos de incentivos, no nos referimos a incentivos fiscales
o a subsidios, nos referimos al sistema de precios en una economía.
El Dr. Ernesto Fontaine, un verdadero “Chicago Boy” y profesor
de microeconomía en la Univer-sidad Católica de Chile tiene
un sentido del humor muy especial. Un tema recurrente en sus columnas
de periódico es el efecto de los “precios mentirosos”,
cuando alguna distorsión, normalmente de tipo gubernamental, no
permitía que el sistema de precios asignara los recursos eficientemente.
“La culpa no es del chancho sino del que le da afrecho” sentenciaba,
citando un chilenismo campechano que sintetiza elocuentemente el comportamiento
humano ante los incentivos.
La fuerza del mercado
Un pecado adicional de las ofertas políticas es la excesiva confianza
en el poder del Go-bierno y una profunda desconfianza en el mercado. Harían
bien en reflexionar sobre las palabras del Dr. Arnold Harberger, maestro
de maestros: “Mi visión es que las fuerzas del mercado son
sólo eso, fuerzas, como lo son los vientos y las mareas. El que
las ignora, lo hace bajo su propio riesgo. Lo que hay que hacer es entender
que están ahí, que están operando, tratar de encontrar
un ordenamiento que sea compatible con estas fuerzas y aprovecharlas para
el beneficio de la sociedad”.
Los políticos viven permanentemente ignorando los efectos de sus
acciones sobre los incentivos que los ciudadanos enfrentan. ¿Cuántos
esfuerzos conocemos de eliminar la pobreza o el crimen por medio de un
decreto o ley? ¿Cuántas medidas ofrecen un beneficio de
corto plazo para unos pocos con costos para muchos en términos
de crecimiento, empleo y oportunidades? Cuando políticas populistas
den resultados contraproducentes para el desarrollo, no culpemos a los
chanchos sino a quienes tienen el afrecho en sus manos.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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