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La Nota del Día
Evo: amarrando al chucho con puros chorizos
La coca vendría a ser, para Evo, lo que el petróleo para
Chávez, a menos que rectifique tan descomunal política o
lo obliguen a rectificar.
Publicada 8 de febrero 2006 , El Diario de Hoy
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El
Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Evo se presenta al mundo como el primer indígena en
llegar a la presidencia de Bolivia, afirmación falsa de toda
falsedad como señala Mario Vargas Llosa en un artículo
reciente publicado en EL DIARIO DE HOY. Dice el gran escritor:
“…La afirmación es una flagrante inexactitud histórica,
pues por la presidencia de Bolivia ha pasado un buen número de
bolivianos del más humilde origen. Para los racistas interesados
en este género de estadísticas, les recomiendo leer Los
Caudillos Bárbaros de Alcides Arguedas, un espléndido
ensayo sobre los dictadorzuelos que se sucedieron en la presidencia de
Bolivia en el Siglo XIX …”
Falsificar la historia es un hábito entre comunistas, socialistas
y traficantes de ilusiones; son de sobra conocidas las distorsiones contenidas
en la “gran enciclopedia soviética”, que en una edición
ensalzaba a algunos de los cabecillas de la URSS, para no decir una palabra
sobre ellos en la siguiente y veinte años más tarde, rehabilitarlos.
Evo se inventa parte de su historia, como la Menchú inventó
la suya (véase la obra “Yo, Rigoberta Menchú”,
escrita por Elizabeth Burgos).
El quid del asunto es que ni el indigenismo ni el fundamentalismo islámico
ni la ignorancia ni la estupidez son bases sensatas para regir una nación
ni menos para sacarla de la pobreza y el retraso. Evo es libre de visitar
la Moncloa y el Eliseo ataviado con su suéter, pero cosa muy distinta
es querer gobernar la Bolivia del Siglo XXI con las nociones que restan
de la Bolivia precolonial o lo que se derrumbó con la caída
del Muro de Berlín y la ejecución del “Che”
Guevara en 1967.
Cómo anda la confusión en esos cerebros bolivianos se demuestra
con el nombramiento del “zar” antidroga del flamante régimen:
el nombrado fue cabecilla cocalero; en buenos términos, quieren
amarrar al chucho con longanizas, o como en otro dicho, “entregar
al ladrón las llaves”. De entrada, el eslógan de Evo
es “no a la cocaína pero sí a la coca”, política
que es una reafirmación de la actual en Bolivia, el tercer país
productor de cocaína del mundo y que si los dejan, está
ahora en camino de convertirse en el primero.
La coca vendría a ser, para Evo, lo que el petróleo para
Chávez, a menos que rectifique tan descomunal política o
lo obliguen a rectificar. A Ahmadinejad, el persa enloquecido que pretende
hacerse de bombas atómicas, ya le han puesto claras las cartas,
comenzando por la declaración de Francia: no vacilaremos en usar
toda la fuerza a nuestra disposición si nos sentimos amenazados;
obviamente, el resto de América está amenazada por igual
si coca boliviana comienza a inundar sus calles y barriadas.
Llegará la cuenta por ese atolondramiento
El caso, por lo demás, plantea la gran cuestión del momento:
que demagogos y conspiradores están prestos a valerse de la democracia
para caerle encima al poder, pero asimismo mantienen la opción
“insurreccional”, o sea darle fuego a un país si de
manera consistente pierden en elecciones. Los más grandes criminales
políticos están siempre montados sobre dos caballos en su
loco afán: el “democrático” y el “revolucionario”.
Pretender que el progreso se puede alcanzar con las fórmulas indigenistas,
es el equivalente a creer que con una sumadora mecánica se pueden
fabricar y dirigir cohetes interestelares. Pronto van a darse cuenta los
pobres bolivianos de las consecuencias de votar atolondradamente por un
“compañero” cocalero.

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