Por
Jack y Suzy Welch
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
PREGUNTA: Durante ocho meses he liderado una compañía
con un gran potencial de crecimiento. Ahora, he tropezado con una real
barrera que obstaculiza ese progreso. Algunos miembros de mi equipo, que
me llevan más de 10 años y tienen más de 15 años
de antigüedad, no están dispuestos a cambiar. De hecho, he
demorado más de cuatro meses tratando de lograr que algunos de
ellos acepten un modo diferente de hacer las cosas. ¿Qué
debo hacer?
Ruben González, Ciudad de México
RESPUESTA: En primer lugar, usted puede ir a un paso
más lento. Cuatro meses es un período muy corto para persuadir
a la gente que cambie su rutina de la noche a la mañana. Y eso,
sin mencionar el modo en que deben cambiar la manera de realizar algo
que creen ya están haciendo bien. Pero esto no significa que usted
deje de presionar para lograr cambios. De hecho, incluso mientras vuelve
a calibrar su manera de impulsar las cosas, asegúrese de que realmente
tiene una clara visión del futuro para convencer a su equipo.
Lo que queremos decir es una visión que inspire desde una perspectiva
de negocios. Pero es tambien importante que esa visión responda
la pregunta que está en la cabeza de todo el mundo cuando hay un
cambio de programa: “ ¿Qué voy a ganar con eso?”
Las respuestas pueden ser mayor estabilidad laboral o más dinero
o mejores oportunidades de promoción: o las tres juntas.
Simplemente asegúrese de que cada vez que mencione la necesidad
de un cambio estratégico en la compañía, incluya
un sutil (o no tan sutil) mensaje sobre los resultados positivos personales.
Inclusive los empleados que tienen más años que usted, y
cuentan con mayor antigüedad, lo escucharán.
Y luego, una vez aparezcan los primeros logros del programa, cumpla con
sus promesas, tal vez a través de márgenes más altos
o de más clientes.
Esto es, aumente los salarios, los bonos extras o promueva más
rápido a la gente.
Nada supera más rápido la resistencia al cambio que el éxito.
Especialmente si ese suceso mejora la vida y la carrera del equipo que
contribuyó al mismo.
También es cierto que hay personas que no pueden digerir el cambio.
Usted nunca podrá persuadirlas de su visión, de que hay
algo para ellos, u ofrecer recompensas suficientes cuando su plan tenga
éxito. Por suerte, esas personas obstinadas son una escasa minoría.
Nosotros calculamos que alrededor del 10 por ciento de los empleados son
“agentes de cambio” innatos, que se embarcan en algo nuevo
con energía y optimismo. Otro 75 por ciento, más o menos,
pueden no digerir el cambio, pero una vez se convencen que es necesario,
dicen “bueno, ya está, hagámoslo”.
Los que quedan son aquellos fijados al “viejo método”,
ya sea a nivel emocional, intelectual o político, que pelearán
cualquier cambio hasta el final. Esas personas, en líneas generales,
deben irse.
Y cuando lo hagan, usted tiene la responsabilidad de no dejarlas irse
por “razones personales”. Esa deplorable excusa no le hace
ningún bien a la organización. Cuando los obstinados se
van, usted tiene que informarles a todos los otros que se fueron porque
no encajaban en la nueva visión.
Sí, usted puede desearles lo mejor, e inclusive ayudarles a encontrar
otro empleo donde esa actitud refractaria a los cambios pueda funcionar.
Pero no engendre la ilusión de que los empleados que rechazan el
futuro pueden permanecer en la empresa. Ellos no pueden.
La mayoría de los cambios de programas necesitan alrededor de un
año para entrar en movimiento. Con un caso persuasivo y una buena
cantidad de energía positiva, la mayoría de su equipo lo
acompañará incluso alguno de los “más viejos
y sabios” que en la actualidad parecen resistentes al cambio.
PREGUNTA: ¿Hay alguna respuesta corta para crear
confianza en el lugar de trabajo?
Shaffee Suleman, Johanesburgo, Sudáfrica
RESPUESTA: Sí, muy corta: ¡Diga lo que piensa
y haga lo que dice!
La confianza desaparece rápidamente por dos razones. Primero, cuando
no hay franqueza entre las personas. Cuando un jefe endulza los mensajes
duros. Cuando usa jerigonza a fin de obscurecer los temas, y no asumir
responsabilidades.
El único modo de conseguir franqueza en una organización
es que los jefes la identifiquen como un valor especial, que la demuestren
de manera consistente y que premien a quienes sigan ese criterio.
El segundo modo de matar la confianza es cuando la gente dice una cosa
y hace otra. Y nuevamente, los jefes son los principales culpables. Ellos
le piden a la gente que se arriesgue pero les cortan la garganta cuando
fallan. Aprueban estirar los presupuestos e invitan a la gente a soñar
a lo grande pero reaccionan con furia si las cifras son malas -- incluso
al final de un año decente.
Ellos proclaman su compromiso con el servicio a los clientes pero dejan
que la fábrica lance productos imperfectos a fin de cubrir las
cuotas mensuales de ventas.
Y, tal vez lo peor de todo, esos personajes proclaman los valores de la
compañía a viva voz pero recompensan a la gente que no actúa
según esos valores simplemente porque obtienen ganancias. Todo
lo que dicen a la organización es: nada de lo que afirmo tiene
importancia. O dicho de otro modo: no me tengan confianza.
La confianza, en definitiva, no es muy complicada. Se gana a través
de palabras y de acciones y de la integridad en ambas.
PREGUNTA: Tengo un dilema ético. Soy consultor
en una compañía manufacturera, donde uso herramientas conceptuales
para ayudar a mejorar el proceso. Me he dado cuenta, sin embargo, que
los ejecutivos de la compañía no encuentran que mi trabajo
sea útil o importante para los resultados. ¿Debo dejar la
compañía, y por consiguiente no ser leal con mi gerente,
o debo quedarme, aún sabiendo que mi trabajo nunca será
debidamente reconocido?
El nombre es retenido, Sao Paulo, Brasil
RESPUESTA: Usted no tiene un problema ético, lo
que tiene es un clásico problema de profesión. La solución
es clara: váyase de la empresa.
Usted trabaja en una compañía donde su tarea no es apreciada.
Pensamos que no habrá ninguna diferencia si usted tiene o no razón.
Su trabajo podría tener el potencial de abrir ganancias imprevistas.
Pero si sus jefes piensan que eso no importa, usted estará siempre
hablando con la pared.
Lo que debe hacer es encontrar una compañía donde la gerencia
tome en cuenta el trabajo conceptual que usted hace. Y es muy probable
que el gerente que deje atrás no sentirá que usted ha sido
desleal? sabe lo que ocurre y estará contento de poderlo reemplazar
con alguien más a tono con el modo de pensar de la gerencia.
A propósito, nosotros llamamos “clásico” a su
problema porque es muy común. Comienza generalmente como empezó
el suyo, cuando un empleado descubre que el sensacional trabajo que está
haciendo no le interesa a los poderosos en cuestión.
La situación se deteriora a medida que el empleado se siente cada
vez más enojado y frustrado y la molestia de los jefes aumenta.
A medida que la desconexión crece, el rendimiento del empleado
generalmente empeora, y el resentimiento en ambos lados se expande hasta
el punto de una ruptura.
Luego, de repente, el empleado es generalmente despedido, o abandona el
trabajo en un ataque de furia. Afortunadamente, en su caso no es demasiadotarde
para evitar esa situación. Organice su partida de manera ordenada
y amigable, lo cual será bueno tanto para la compañía
como para su reputación de aquí en adelante.
Pero haga rápido lo que tiene que hacer: váyase.
(Jack y Suzy Welch son autores del libro “Winning”, un gran
éxito de venta a nivel internacional. Ustedes pueden enviarles
preguntas por correo electrónico a Winning (at) nytimes.com.)
—Welch es Presidente de Jack Welch, LLC. Asesora directores y presidentes
de empresas Fortune 500. Fue Chairman y CEO de General Electric, convirtiéndola
en la corporación más valiosa del mundo. —
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