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Alejandro Alle*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Las operaciones de compra-venta de empresas son prácticas habituales en el ámbito de los negocios, tal como usted puede comprobar en las revistas especializadas, en los programas de Alberto Padilla por CNN en español, y naturalmente leyendo los diarios (sección Negocios, please).
Por ejemplo, hace pocos días fue publicada por este periódico una interesante noticia, cuyo misterioso titular era “Millicom cambia de estrategia”, siendo la única pista sobre su contenido la foto de un teléfono celular.
Ocurre que antes de conocer “la nueva estrategia” de alguien…, es bueno saber quién es, ¿no? De todos modos, lo más interesante de la nota no eran las particularidades de esa compañía, muy conocida por su nombre comercial local, sino la oportunidad que presentaba para analizar la actividad de los “grupos inversores globales”.
El artículo hacía referencia a un breve reporte publicado el 19 de enero pasado por Millicom International Cellular SA, sociedad anónima con base en Luxemburgo, por medio del cual se informaba que, “habiendo recibido un alto número expresiones de interés no solicitadas”, había decidido revisar sus estrategias, con la asesoría financiera de la firma Morgan Stanley. Dicho reporte puede leerse en el website de la compañía.
¿Traducción? Se dieron cuenta que “la niña había crecido, pues merodean caballeros que la están llamando (¿al celular?)…, y sería negocio encontrarle esposo”. Claro, alguien dispuesto a hacer una buena oferta. Típico matrimonio por amor…, al billete.
Un caso similar al de Margarita, la que se cambió el nombre hace ya más de 80 años, sólo que ella no tenía padre, y se tuvo que vender sola. ¿Cómo?, ¿nunca escuchó hablar de Margarita? Bueno, luego le cuento.
Es oportuno recordar que “invertir” significa poner el dinero a trabajar, con la expectativa de obtener…, más dinero (¡obvio!), lo cual puede hacerse de dos maneras diferentes. ¿Cuáles?
Se puede invertir de forma “directa”, destinando fondos para
la construcción de edificios, la compra de maquinaria, y la gestión
en general. Y también se puede invertir de forma “indirecta”,
adquiriendo activos financieros de empresas existentes, tales como bonos
o acciones, lo cual suele implicar un menor involucramiento en la gestión
diaria.
Independientemente de si hace inversión “directa” o “indirecta”, Millicom seguramente considera que podría hacer una buena diferencia entre lo que ha invertido hasta el momento, y lo que podría obtener vendiendo el negocio en marcha que ha desarrollado, operación denominada “ganancia de capital”.
Este “inversor global en telecomunicaciones” (suena cool, ¿no?) tiene a su vez una característica adicional, y es que concentró sus operaciones de telefonía celular en “mercados emergentes”, denominación utilizada para referirse a ciertos países en vías de desarrollo, donde dicha telefonía ha tenido un gran crecimiento.
Para saber si una eventual “ganancia de capital” habla bien o mal de la economía de un país determinado, es vital tener en cuenta si la empresa pertenece a un mercado en el cual existe competencia, o si por el contrario se trata de un monopolio contra el cual la ley prohibe competir.
En el caso que nos ocupa, la simple presencia de varios competidores sin dudas impedirá a Millicom “vender la niña” al precio que se le ocurra.
Otro gallo cantaría si lo que estuviese en venta fuese un monopolio, en cuyo caso a cualquier vieja fea la podrían mostrar como si fuese Claudia Schiffer…. Claro, los consumidores estarían obligados a pagar la tarifa que se le ocurriese al monopolista, quien por tanto siempre tendría asegurado el recupero de su inversión (¡oops!).
¡Ah!, los monopolios, sean estatales o privados, sólo existen cuando hay disposiciones legales que restringen la competencia, pues en un ambiente de libre entrada de competidores, nadie permanece solo cuando el negocio es bueno (¡lástima!).
Usted quiere saber quién era Margarita, ¿no? Una bella muchacha de la mitología tanguera, que “habiendo recibido un alto número de expresiones de interés no solicitadas” (igual que Millicom…), se dio aires de francesa, decidió venderse cara, y dijo “oui”. Sin dudas también asesorada por Morgan (pero el pirata).
Fue entonces que Margarita olvidó su pasado, y se hizo llamar “Margot”, dándole así nombre al tango de 1921, en cuyo ácido final el malevo despechado canta: “ya no sos mi Margarita…, ahora te llaman Margot”.
Hasta la próxima.
*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com
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