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La Nota del Día
“Ayúdanos, Voltaire, ante estos locos...”

Nadie aprueba o desea que se monte una burla sistemática a credos o nacionalidades, pero otra cosa es pretender amordazar a quien por humor o descuido deja ir un banderillazo

Publicada 7 de febrero 2006 , El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

“¡Ayúdanos, Voltaire! Estos andan locos”, fue el título principal del gran diario francés France Soir a raíz de las amenazas y el escándalo generado en los países islámicos por reproducir las caricaturas publicadas en un diario danés la semana pasada. Fue Voltaire quien comenzó a romper el fanatismo católico en Europa cuando, al decir de un escritor español, “los talibanes éramos nosotros (los europeos)”.

Los enardecidos musulmanes acusan a los europeos de hacer burla sólo de ellos y su profeta, pero no de la religión cristiana y menos de su Dios y sus santos. Pero como siempre, su ignorancia les ciega; en Europa y en Occidente y desde el Siglo XVIII se hacen las más sangrientas burlas al dogma y a la liturgia, comenzando con Voltaire. Y las críticas se hacen las más de las veces precisamente para separar de la fe lo que es superstición y lo que no sirve al intelectual creyente.

Voltaire no estaba solo; el Barón de Holbach hizo añicos muchas creencias, mientras Eça de Queiroz, uno de los más grandes y deliciosos humoristas en las letras universales, se burlaba de reliquias y de los feligreses ingenuos. Basta leer su novela “La Reliquia”, como también “La Isla de los Pingüinos”, de Anatole France, para desestimar unas simples caricaturas. Y piénsese en las películas sobre Jesucristo que llegan a la blasfemia, sin que haya cristianos que salgamos a gritar en la calle o a perseguir daneses.

La blasfemia, al igual que la libertad religiosa, la libertad de expresión y el derecho a oponer, criticar, burlarse y señalar, son manifestaciones propias de pueblos libres que en esa forma van evolucionando y reafirmando sus principios, creencias y valores. Por esa razón es que el gobierno danés rehusa disculparse con los musulmanes: hacerlo equivale a claudicar en la defensa de un derecho esencial para la democracia, el de disentir y opinar.

Los daneses piensan, como el resto de las poblaciones civilizadas en la tierra, que las críticas pueden ser inoportunas dado el estado mental en que se encuentra el Medio Oriente (con un persa queriendo fabricar bombas atómicas para aniquilar a Israel), o inclusive de mal gusto. Pero ir a la guerra por una caricatura (como nos sucedió a los salvadoreños cuando nos atacaron) es volver a la barbarie.

Por una banderilla pueden matarlo

Lo desafortunado es que dentro de nuestras sociedades hay talibanes, desde los comunistas que pretenden amordazar a los que pensamos con lógica, hasta diversos grupos de interés o unidos por alguna causa: la censura se ejerce a través del “lenguaje políticamente correcto”, como cuando se montan sobre un gobernante o un ciudadano por no usar la palabra “correcta”.

Hubo un excelente ministro del Interior de Estados Unidos que fue forzado a dimitir por referirse a “impedidos” (cripples) y no “minusválidos”. No se pueden hacer chistes sobre homosexuales, irlandeses, árabes o mexicanos sin correr riesgo de ser aislado y perseguido. Nadie aprueba o desea que se monte una burla sistemática a credos o nacionalidades, pero otra cosa es pretender amordazar a quien por humor o descuido deja ir un banderillazo.

Para muchos musulmanes, si alguien “blasfema”, se tiene derecho de matarlo en el acto. En Pakistán hay varios condenados a muerte por ese delito, incluyendo para quienes investigan la historia de Mahoma y su tiempo.

 

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