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El
Diario de Hoy
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Los pobre pacifistas secuestrados en Iraq, y a quienes amenazan cortarles
la cabeza si no se cumplen “las condiciones” de los terroristas,
van a escarmentar aunque será en el otro mundo: ningún enloquecido,
sea sandinista, etarra, de la BRES, miembro de Hamas o seguidor de Bin
Laden, entiende eso de la “paz” o le importa un bledo. Lo
que cuenta es echar mano de cuanta ruindad haya para adelantar sus causas,
aunque en el proceso mueran inocentes. El martes de esta semana ya vimos
en San Salvador a los mareros/comunistas/sindicalistas llevando niños
al frente de sus marchas. Usan niños de escudos y con el deseo
de que los maten para luego pasearlos por toda la ciudad, como es su costumbre.
Las condiciones para no asesinar a los secuestrados en Iraq son imposibles
de cumplir; respecto a los ingenieros alemanes secuestrados, lo que piden
los criminales es que se cierre la embajada alemana en Iraq, que se salgan
del país las empresas alemanas que están ayudando en la
reconstrucción, que cese de inmediato la asistencia que Alemania
presta al nuevo gobierno iraquí democráticamente electo,
y sandeces similares. La carta de cambio es la vida de dos personas inocentes
que no tienen nada que ver con lo que pasa en Iraq o con la enfermedad
cerebral que afecta a tanto musulmán fanático.
Para espesar la salsa, los palestinos eligieron a un grupo terrorista,
Hamas, para gobernarles. Y lo primero que se niega a hacer la banda es
desarmarse y, en aras de una futura pacificación, reconocer al
Estado de Israel. Lo que hacen, usando una frase sajona, es volver al
punto de partida de toda la tragedia, como si nada hubiera ocurrido.
Manténganse lejos de manicomios
Pero enfermos mentales son cada vez más numerosos en el Medio
Oriente, no sólo entre las poblaciones árabes sino también
entre los no árabes, para el caso los iraníes. Su presidente,
Mahmoud Ahmadinejad, además de mantenerse en sus trece de fabricar
una bomba atómica (¡adivinen dónde está pensando
lanzarla!) quiere desconocer una tragedia histórica, la del genocidio
nacional socialista de judíos y otras etnias durante la Segunda
Guerra Mundial. En su enajenamiento, Mahmoud pretende cambiar la historia,
tapar el sol con su mugroso dedo.
La calentura sigue. Un diario danés publicó unas caricaturas
sobre Mahoma, sin duda de mal gusto e irreverentes, pero no como para
levantar manifestaciones contra Dinamarca en los países árabes.
En un país bajo un orden de Derecho se puede publicar sin censura
y sin exponerse a sanciones por divulgar caricaturas, pues hasta se caricaturizan
y se hace mofa de mandatarios, reyes e inclusive de figuras religiosas.
Lo que los daneses no aprendieron es a mantenerse lejos de avisperos y
de manicomios; por hoy se ha montado en los países islámicos
un boicot contra los productos daneses, como si un fabricante de quesos
tenga algo que ver con las caricaturas.
La locura viene de muy lejos. Hace veinte años, el ayatolá
Khomeini, llevado al poder por “Jimmy” Carter, ordenó
matar, como un mandato a todo musulmán, al escritor hindú
Salmán Rushdie. Esto comprueba que hay una especie de hermandad
universal de locos y destrabados, donde por igual caben los que bloquean
calles en San Salvador, como el palurdo del suéter, Hugo Chávez
y Mahmoud. El mundo requiere de siquiatras.

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