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Un terreno propicio para el rotavirus

En la comunidad Contreras, en Soyapango, de poco sirven los cuidados de los padres de familia para evitar que sus hijos sean víctimas de la diarrea.

Publicada 2 de febrero 2006, El Diario de Hoy

Vulnerables. éJosé Durán permanece en su vivienda. Foto EDH

El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

La carencia de los servicios básicos se ha convertido en la barrera para lograr mantener sanos a los menores.

La comunidad está conformada por viviendas con paredes de láminas, cartón y lodo, las cuáles están instaladas a la orilla de estrechas calles polvorientas, otras en barrancos y a la orilla de la quebrada. “Aquí por gracia de Dios no estamos todos enfermos”, comentó José Leonardo Durán, un habitante.

Las familias no tienen servicio de aguas negras ni de lluvias, lo que las convierte en una población vulnerable.

En la comunidad habitan unos 70 menores, entre ellos está Kevin Josué Peña, de tres años.
Su familia vive en un barranco a la orilla de una quebrada donde vierten las aguas negras de las colonias aledañas.

Kevin recién se recuperó de una diarrea, su hermana también fue afectada en enero. Su abuela Gregoria Mercedes Guerrero asegura que están pendientes de la limpieza.
“Pero siempre hay bastantes moscas por la situación en la que vivimos”, aseguró Guerrero.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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