|
El
Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
El actual premier de Italia, Silvio Berlusconi, ha roto la regla no escrita
de los procesos electorales de su país: de mantener un lenguaje
“políticamente correcto”, o “moderado”,
pasó a la denuncia frontal ante la amenaza de un triunfo del comunismo.
Pues, de acuerdo con muchos, los comunistas, siguiendo el modelo establecido
por Granci, han ido apoderándose de la mayoría de las instituciones
y organismos que forman el poder estatal, como viene sucediendo en muchos
países.
Berlusconi ya señaló la doble estrategia que siguen los
comunistas: apuestan por la democracia pero sin abandonar su proyecto
“insurreccional”. Y en lo insurreccional bordean, o caen,
en el crimen. Una de las facciones del PCI, aunque formalmente repudiada,
las “brigadas rojas”, echó mano de todas la ruindades
y horrores para avanzar sus causas.
Uno de sus miembros estuvo protegido en una ONG dirigida por la actual
candidata a alcaldesa Violeta Menjívar. La banda secuestró,
asesinó y perpetró los más repugnantes atentados.
Pero los muy frescos justifican sus horrores alegando que son pasos necesarios
para la “liberación de los pueblos”.
Berlusconi no vacila en comparar al movimiento comunista con el crimen
organizado. Llegado el momento, los “grandes y convencidos demócratas”
se involucran en secuestros, extorsiones, la dirección de bandas
delincuenciales, el narcotráfico, el lavado de dinero, la venta
de armas y los asesinatos por encargo.
Es obvio que los cabecillas comunistas italianos no tienen en su haber
o historia personal, el cúmulo de crímenes que es la triste
hoja de vida de los “dirigentes” comunistas del tercer mundo.
Pero en Italia muchos saben que de llegar al poder se puede esperar todo
de ellos, incluido el establecimiento de una dictadura y la supresión
de las libertades individuales, no digamos de la misma democracia, como
ocurre actualmente en Venezuela. La democracia es, para esas bandas, una
forma de alcanzar el poder, pero una forma con la cual en ningún
momento se han comprometido.
Al rescate institucional de Italia
El único posible compromiso con la democracia va unido al compromiso
y la defensa del Orden de Derecho, de las libertades individuales, de
un sistema de gobierno compatible con la dignidad humana. Esto, a su vez,
obliga a la separación de los poderes del Estado, a la respondabilidad
en el ejercicio del poder, a someterse a las fiscalizaciones propias de
una nación moderna, a la pluralidad política y a la existencia
de partidos distintos y opuestos al gobernante. En un país que
cae bajo control del comunismo, lo primero que se suprime es el resto
de partidos independientes, con lo que el ciudadano pasa a convertirse
en un súbdito sometido al poder central.
Aunque los comunistas triunfaran en elecciones italianas estarían
imposibilitados a imponer un esquema como el venezolano o hundirse en
el grotesco primitivismo estilo Bolivia, la Bolivia del palurdo. La Unión
Europea cuenta con las suficientes salvaguardas para impedir que Italia
se suicide, pero los daños que una banda de fanáticos e
ignorantes puede ocasionar, son muy grandes. De allí la lucha de
Berlusconi y los sectores sensatos del país: evitar un sufrimiento
innecesario y rescatar las instituciones y sectores ahora bajo control
de la izquierda destrabada.
En otros términos, echar marcha atrás en la implantación
del esquema gramschiano, el de apoderarse de la sociedad por abajo y por
arriba.

|