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Estilos para damas inspirados en caballeros

Para poder ser aceptada en el mundo de los negocios, la mujer debió colgar el vestido y ponerse una chaqueta y un pantalón, sin perder la feminidad.

Publicada 31 de enero 2006, El Diario de Hoy

Suit de falda
El adecuado para una reunión de negocios con hombres. Hace que te distingas al lucir femenina.

Karina García
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com

A finales del siglo XIX la mujer decidió abrirse campo en el mundo de los negocios. Ubicada en un escalón abajo del hombre, relegada a atender la casa y a cuidar de sus hijos, tuvo que cambiar su aspecto para poder colocarse al mismo nivel.

“Debió recurrir a un estilo de vestuario similar al masculino que le otorgara seriedad y presencia, que le permitiera ganarse el respeto de los hombres”, sostiene la experta en protocolo y etiqueta Lilian Díaz Sol.

“Su atuendo pasó a inspirarse en el ‘suit’ de hombre”, agrega.

La diseñadora Coco Chanel influyó directamente en esta revolución. En la primera mitad del siglo XX, sus creaciones liberaron a las damas de las ballenas y rellenos, introduciéndolas en el escenario de la chaqueta y la falda de corte recto. Esta última con menos tela que la que se acostumbraba. Además puso de moda el pantalón, brindando una comodidad que hasta esa época era exclusiva de los hombres.

Gris
Uno de los más acertados para la oficina. El largo de la falda debe ser dos dedos arriba o abajo de la rodilla.

Fue así como los vestidos pasaron a un segundo plano y se le dio cabida a los trajes de chaqueta y falda y chaqueta y pantalón. La sobriedad tomó posesión tanto en diseños como en accesorios. De esta manera, se instauró el uniforme de negocios. Dicha línea fue retomada por otras firmas, entre ellas Dior, Armani, Ralph Lauren y St. John.

Constante

A pesar del paso del tiempo y de los cambios que han habido a lo largo de los años, el estilo ejecutivo no ha sufrido grandes variaciones. “Lo que a veces se hace es jugar con colores, texturas o detalles como el largo de la chaqueta”, explica el diseñador salvadoreño José Domínguez. “Pero en ese campo, no hay más nada qué hacer.

El molde ya está inventado, incluso ya forma parte de la mentalidad de cada persona. Es un código de etiqueta en la oficina”, expresa.

Negro. Combina con todo. Es una opción que no debe faltar en el guardarropa. Se puede jugar con él durante la semana.

Efectivamente. Con dificultad se verá a personas en jeans y camiseta en una reunión de negocios. Se tiene una idea clara de cómo vestir para ir a trabajar.

Lo formal se impone a lo casual. Contrario a lo que se pueda pensar, los patrones no los dictan los diseñadores de ropa, sino las personas que conforman la sociedad.

De acuerdo a Lilian Díaz Sol se parte de investigaciones científicas, en donde se valoran variantes cuantitativas y cualitativas que revelan la percepción de la gente en cuanto a la manera de vestir. Los estudios están a cargo de consultores de moda.

Uno de los más famosos es John T. Molloy, autor de Women´s Dress for Success.

En su libro, Molloy se enfoca en cuál es el vestuario ejecutivo ideal que les permitiría a las mujeres triunfar en los negocios.

Rayas. Siempre y cuando sean discretas son permitidas. Las gruesas pueden causar una mala impresión.

Lleva a cabo encuestas y experimentos. Uno de ellos refleja que cuando la gente se viste mejor, recibe un trato superior y tiene mayor credibilidad que cuando no.

Molloy también analiza los colores. Otra de sus investigaciones proyecta la cantidad de connotaciones que un traje gris puede generar.

Combinándolo con una blusa blanca puede agradar, pero con una negra, puede agredir.

Según Díaz Sol, estudios como éstos se realizan todos los años.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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