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| Carencia. Ángel Santos, de 10 años,
residente en la comunidad Pequeña Inglaterra, en Ciudad Arce,
manipula un pozo artesanal para abastecerse.
Foto EDH |
Carlos Torres
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Las penurias y las necesidades persisten. El surgimiento y destino de
tres comunidades en Santa Tecla, tras los sismos de 2001, aún dejan
huellas en sus pobladores.
Un caso es la comunidad Pequeña Inglaterra en Ciudad Arce, donde
sus habitantes buscan desde hace cuatro años legalizar sus viviendas
con las escrituras que les permitan sentir seguridad de ser propietarios
de sus casas.
La comunidad Tarragona, en el municipio de Colón, está formadas
por familias que aún sufren problemas y necesidades.
Las casas todavía conservan paredes de toldos entregados en la
emergencia de 2001 y techos de láminas.
Ahí son muchos los que reclaman las escrituras de propiedad de
sus lotes.
Villa Esperanza es quizás el lugar más afortunado de los
tres. Sus habitantes tienen casas y otras facilidades. Las respuestas
de las instituciones a sus urgencias no se hicieron esperar.
Silencio
Nelson Guerra, jefe de la Unidad Jurídica del Fondo Nacional de
la Vivienda Popular, Fonavipo, explicó que no tienen fecha definida,
en los procesos de legalización de las escrituras que están
pendientes.
Fausto Valladares, jefe de comunicaciones del Viceministerio de Vivienda,
se refirió “como una historia”, al supuesto proyecto
de viviendas en Tarragona. No hay esperanzas para sus moradores.
Julio Villagrán, empleado de comunicaciones de la alcaldía
de Santa Tecla, negó en dos oportunidades una entrevista con el
síndico Noé Torres. Además alegó que el alcalde
Oscar Ortiz no podía atender porque “las declaraciones afectarían
su trabajo proselitista”.
El Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local, FISDL, aclaró
que no se construirá en el asentamiento de Tarragona, porque no
cuentan con agua, energía, muros y otros servicios indispensables
para vivir. Otro organismo tendría que proporcionarlo antes.
Villa Esperanza disfruta de mejores condiciones
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| Beneficiados. Los jardines de las casas en Villa
Esperanza son un reflejo del progreso y las mejoras alcanzados.
Foto EDH |
Satisfechos. Así se expresan los habitantes de Villa Esperanza,
después de cinco años de vivir en el lugar.
El terreno de aproximadamente 50 manzanas, está ubicado en el cantón
Chanmico de San Juan Opico.
Es un área localizada contiguo a la reserva volcánica. Antiguamente
era propiedad del entonces Ministerio del Interior, y ahí se espera
la construcción de un centro penitenciario.
Desde las 8.00 de la mañana del 1 de mayo de 2001, y con ayuda
de camiones de la Fuerza Armada, comenzaron a trasladar a las familias
damnificadas, quienes se encontraban albergadas en el Centro Deportivo
El Cafetalón.
El ambiente con elevadas e insoportables temperaturas, acompañadas
con vientos fuertes en horas de la noche, se convirtió en un martirio
para los residentes del lugar.
En 2004, la Fundación Budista Tzu Chi, con apoyo del Fondo Nacional
de la Vivienda Popular, Fonavipo, construyó las casas.
Doña Gladys Ortiz García, es ahora una de las beneficiadas.
Su nueva casa tiene 10 metros de largo por 20 de ancho y cuenta con servicio
de agua potable gratuita, sólo por las mañanas, además
de sanitarios.
En 2003, el VMV inició la entrega de las escrituras, que concluyó
en el 2004.
Desde entonces han logrado mucho desarrollo y, aunque necesidades siempre
hay, la mayoría de vecinos muestran su satisfaccción por
las mejoras en su vida.
Cinco años de espera por las escrituras
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| Olvidada. El invierno dañó calles
en Nueva Inglaterra. Foto EDH |
Los habitantes de Pequeña Inglaterra, ubicada en el cantón
Santa Lucía de Ciudad Arce, no se explican por qué se ha
demorado cuatro años la entrega de las escrituras que les acrediten
como propietarios de sus viviendas.
Roberto Miranda, miembro de la directiva de la comunidad, recuerda que
la fortuna y la donación de un filántropo inglés,
les permitió tener una casa propia.
El nuevo asentamiento comenzó a organizarse el 9 de mayo de 2001,
cuando muchas familias que perdieron sus casas, fueron llevadas allí.
Después de la desgracia de ese año, permanecieron en el
albergue en la finca Santa Gertrudis, Santa Tecla, y posteriormente fueron
llevados a los predios de la cooperativa Agua Fría, en Colón.
Roberto Miranda alegó que “el amor hacia el más desposeído”,
hizo que el ciudadano inglés, Grahan Bell, quien vivió junto
a los damnificados dos meses en forma incógnita y pasó las
necesidades que atravesaban, brindara ayuda para mejorar sus vidas. Fue
un millón de dólares los que el donante aportó para
las casas, en un terreno de 50 manzanas que fue comprado por Fonavipo.
Plan Internacional fue el escogido por el filántropo para administrar
la construcción.
Desde entonces sus habitantes esperan sus escrituras, para sentirse seguros
de la propiedad de sus casas. Samuel López, dijo que Fonavipo sólo
les ha entregado un certificado de contribución para la compra
de lotes y que venció el año pasado.
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