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| Aventura. Alcanzar la cima del volcán
significó cansancio y más de una escoriación.
Sin embargo, todos los que vivieron la aventura quieren repetir la
marcha. Foto EDH |
Marlon Beltrán
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Agotados, con las piernas temblando, escoriaciones en los brazos y sonrientes
de satisfacción, una veintena de personas llegó a la Catedral
de Sonsonate cerca de las nueve de la noche del domingo.
Era la culminación de una caminata que desarrollan desde hace 27
años en las fiestas dedicadas a la Virgen de Candelaria.
Es organizada por la Sociedad Amigos de las Montañas. Suben el
volcán de Izalco para encender una fogata de la que toman fuego
para antorchas que llevan en una carrera de relevos hasta el templo de
la cabecera departamental.
Aventura
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| Devotos. En el templo encendieron muchas velas.
Foto EDH |
La jornada inició a las seis de la mañana. Eran 23 personas
incluidos dos agentes de la Policía Nacional Civil.
A las ocho y 15 el grupo estaba en la falta del volcán. Los policías
dieron consejos e insistieron en que la actividad se desarrollaba bajo
el riesgo de los participantes.
Una hora había transcurrido cuando el guía gritó
“¡Piedra!” y todos se apartaron mientras una enorme
roca caía. Un garrafón de agua fue aplastado.
Faltaban 15 minutos para las 12 del mediodía cuando llegaron al
cráter. Ahí almorzaron para luego encender la hoguera de
la que tomaron fuego para una antorcha de gas licuado.
Bajaron y llegaron a terreno plano a las cuatro de la tarde y desde ahí
caminaron hasta la Catedral, donde el fuego de la antorcha sirvió
para encender las velas de quienes les esperaban casi a las nueve de la
noche. Cada quien volvió a su casa, cansado pero satisfecho.
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| Ritual. En el cráter encienden
la antorcha. |
Esfuerzo. El descenso fue agotador. |
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