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La Nota del Día
El 250 aniversario del nacimiento de Mozart

En este su año debemos volver a él muchísimas veces con alegría, reverencia y admiración, esforzándonos por captar algo de su inconmensurable grandeza

Publicada 31 de enero 2006 , El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
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Con festivales, espectáculos y una diversidad de actos se celebra, en muchos lugares del mundo, el doscientos cincuenta aniversario del nacimiento de Mozart, el esplendoroso músico cuyo legado cobra más y más fuerza con el paso del tiempo. Mozart bien puede ser el más grande compositor de todos los tiempos, el más escuchado, el más querido, el más polifacético.

A los tres años Mozart compuso música y durante su niñez recorrió las cortes de Europa como un niño prodigio, capaz de improvisar, de cantar con una voz angelical y ser el centro de la atención de todos por su ingenio y gracia. Sentado sobre las rodillas de María Antonieta, entonces futura reina de Francia, le propuso matrimonio; sentado sobre el clavecín abría las puertas del paraíso.

Pero al llegar a la adolescencia Mozart dejó de ser el “niño prodigio” aunque fuera el músico prodigioso. De las rodillas de la princesa y de ser el ídolo de la nobleza, pasó al servicio del arzobispo de Salzburgo, que lo tomaba como un sirviente más en su fastuosa corte. Hasta que llegó el día en que abandonó Salzburgo y al arzobispo, iniciando una vida de triunfos, penurias, una medida de incomprensión y tristezas.

Mozart se describió, en una ocasión, como un hombre ordinario capaz de componer la más bella música. Su altivez, aunada a una cierta rudeza (Mozart tenía una risa desagradable) pronto le acarreó rivalidades y especialmente celos; de esos celos, según algunos, se originó su trágica muerte por envenenamiento, aunque otros la atribuyen al hecho de que reveló secretos de la masonería. Su ópera “La Flauta Mágica” se centra en ceremoniales y significados muy cercanos a los masones.

Cada músico, aficionado y admirador de Mozart descubre las composiciones que le llegan más cerca del corazón. Una querida persona juzga que el Concierto de Piano 21 es “la obra más erótica jamás escrita”; algunos prefieren sus sinfonías y otros las óperas. Nuestra favorita es “Don Giovanni”, una exquisita burla al seductor que fracasa en todos sus esfuerzos de conquista para finalmente ser arrastrado a los infiernos por el convidado de piedra. Se cuenta que para componer la ópera, Mozart, el libretista Daponte y el viejo y ya inútil Casanova se juntaron en Praga, donde cada noche se oían sus risotadas al volver de una taberna.

De su espíritu nacían obras perfectas

En “Don Giovanni” como en la “Sinfonía Júpiter” hay pasajes donde el compositor hace de cuatro melodías simultáneas una quinta, como cuando un grupo de enmascarados (doña Elvira y su prometido, que han jurado vengarse por la muerte del comendador (el de piedra): toca una orquesta, bailan los enfiestados, canta Leporello y habla el Don en un contrapunto de belleza suprema.

Mozart murió, o fue asesinado, relativamente joven, cuando comenzaba a componer sus más excelsas obras. Para amargura de Austria, su cuerpo fue arrojado a una fosa común; en el cementerio de Viena hay un monumento a Mozart pero nadie sabe, hasta la fecha, en qué preciso lugar descansan sus restos.

Mozart escribía su música sin jamás tachar, corregir o agregar; sus creaciones eran perfectas desde el inicio y así han llegado hasta nosotros. En este su año debemos volver a él muchísimas veces con alegría, reverencia y admiración, esforzándonos por captar algo de su inconmensurable grandeza.


 

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