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Iliana Colocho /Morena Azucena
El Diario de Hoy
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El 19 de enero de 1986 los ordenadores personales que usaban sistema operativo DOS de IBM y MS-DOS de Microsoft detectaron un mensaje extraño en las pantallas: “Bienvenido al calabozo”.
Así se presentaba ante los usuarios Brain, un virus informático que fue el punto de partida de muchos programas que utilizaron, durante años, el mismo método de infección: daños en sector de arranque del disco duro. Según la compañía de seguridad F-Secure, puede considerarse el primer virus de la historia para ordenadores personales.
Brain se distribuía a través de los disquetes y fue creado por los paquistaníes: Basit y Amjad Farooq Alvi que pretendían proteger mediante este programa el software médico que creaban para su empresa, según contaron a la revista Time hace unos años. De hecho, el virus contenía un mensaje que incluía el nombre de los autores, su dirección y números de teléfono.
Cuando los hermanos Farooq Alvi empezaron a recibir llamadas desde Estados Unidos y Reino Unido se disculparon con los afectados a los que pudieron atender. Ellos reiteraron que Brain.A no era un software creado con malas intenciones, sino que era para proteger sus creaciones. Al final tuvieron que cortar sus líneas de teléfono y admitieron que fue un error dar sus datos de contacto, según declararon a Time.
El pionero fue Apple
Los sistema operativos DOS y MS-DOS constituyeron la plataforma dominante en ordenadores personales. Esto significa que Brain fue el primer virus para la plataforma comercial, pero no el primer virus existente. Tampoco fue el primer virus informático, pues existieron otros antes que afectaban a plataformas distintas, como Apple.
Se considera el primer virus informático a Elk Cloner y según la Wikipedia fue creado en algún momento de 1982, por un estudiante de 15 años. Este código infectaba el sistema operativo del Apple II, que se almacenaba en discos. Como se distribuía de disco a disco se esparció muy lentamente, y no alteraba el normal trabajo del ordenador.
Eso sí: cada cincuenta reinicios mostraba un poema. Dos décadas después, los virus siguen existiendo y su efecto es mayor que nunca, pues quienes los crean, buscan la notoriedad, y, en ocasiones un beneficio económico.

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