| Manuel
F. Ayau*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Ciudad de Guatemala. (AIPE).- Con frecuencia se escucha decir que el
interés general prevalece sobre el interés particular. Y,
ciertamente, es un principio rector tratándose de intereses, aunque
no está claro quién define el interés general.
Por más que se cite ese precepto, mal nos sirve cuando se usa para
legalizar cualquier arbitrariedad. Por eso, y para que no quede cojo el
precepto, debe complementarse así: El interés general prevalece
sobre el interés particular, pero no sobre los derechos individuales,
porque es de interés general que prive el derecho individual.
Si el derecho individual puede ser abrogado por un supuesto interés
general, los derechos dejarían de tener significado. Se estaría
implicando, además, que los derechos individuales no son de interés
general, planteamiento que creo nadie aceptaría, pues los derechos
individuales se han declarado en todas las constituciones modernas precisamente
para proteger a minorías, estableciendo límites a lo que
las mayorías democráticas pueden hacer. Este tema es importante
porque se ha generalizado la práctica de legislar considerando
los intereses de las mayorías como norma absoluta, destruyendo
así el De-recho mismo.
Es de esperar que cuando se legisla se considere la justicia de lo que
se está disponiendo. Pero nadie, ni una mayoría, puede ser
buen juez cuando se trata de sus propios intereses, porque inevitablemente
estará influenciada por ellos y, en consecuencia, tenderá
a que en beneficio de sus propios intereses caerá en la tentación
de explotar a una minoría, despojándola de sus derechos.
Por ello, el precepto de igualdad ante la ley, llamado por los antiguos
griegos “isonomía”, es lo que hizo aceptable la democracia,
ya que supone que quien legisla también estará afectado
por las mismas normas. Aban-donado ese precepto, cualquier discriminación
puede ocurrir, pues el principal resguardo a los derechos individuales
se habrá descartado.
La norma, “isonomía”, se viola universalmente. Se dice
que en todas partes se hace, como si ello lo justificara. No se repara
que ello equivale a decir que como en otras partes se violan los derechos,
aquí también se vale. No creo que visto así tal criterio
sería aceptable.
Las sociedades que no han respetado los derechos individuales y la igualdad
ante la ley lo han pagado caro, con endémica pobreza. Si bien los
países que hoy son ricos, poco a poco van abandonando el precepto
isonómico, se hicieron ricos cuando éste predominó
y así es que lograron su infraestructura y cultura productiva.
No sabemos qué les espera en el futuro. El hecho es que la democracia
no da fruto de cualquier manera que se practique: si no se basa en el
respeto a los derechos individuales, nunca funcionará. Por ello,
respetar los derechos individuales es de prioritario interés general.
Cuando el mundo ya cuenta con suficientes elementos para abolir la pobreza
es inexcusable su existencia. Es un vergonzoso ejemplo del fracaso de
los líderes intelectuales y formadores de las políticas
que han prevalecido. Los países pobres llevan cincuenta años
de recibir asistencia económica y consejos por parte de gobiernos
amigos y de instituciones internacionales, pero lamentablemente estos
han propagado la creencia de que los gobiernos son idóneos para
resolver problemas particulares de la gente, y en ese intento, han contribuido
a impedir la “isonomía”, el único régimen
jurídico que hace exitosa la democracia.
Los antiguos griegos y la república romana, así como en
nuestros tiempos el ejemplo del mundo anglo-sajón, demostraron
que sólo del respeto al precepto isonómico resulta el próspero
y anhelado régimen económico.
*Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de
la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad
Mont Pelerin. © www.aipenet.com
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