| Evangelina
del Pilar de Sol*
El Diario de Hoy
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elsalvador.com
Uno de los personajes femeninos más ejemplares del país,
destacándose en todas las áreas necesarias en que toda mujer
debe sobresalir para alcanzar las metas que se traza en su vida, ha cumplido
cien años: Doña Mercedes de Altamirano.
Podría decir orgullosamente que conozco a doña Mercedes
desde siempre, por haber existido amistad con mis padres, pero eso no
es lo importante.
Podría también decir que los lazos de amistad entre familias,
se fortificaron aún más al casarme con mi esposo, Mario
Sol Bang, porque con la familia de él asimismo existían
relaciones cercanas con la familia Altamirano. Mi suegro, Mario Sol y
don Napoleón fueron, entre otros notables, fundadores de la “Aso-ciación
de Amigos de la Tierra”.
Igualmente mi suegra doña Tere, no ocultaba su especial cariño
por doña Mercedes. Pero aunque todo esto tampoco es tan importante,
darlo a conocer refuerza las anécdotas que se entrecruzaron en
nuestras vidas y me proporcionan suficiente crédito para expresar
en este escrito, los merecidos elogios que desde pequeñita escuché
y comprobé, de tan admirable y gran señora.
Mis recuerdos se remontan en especial a un día, en que ya comprometida
para contraer matrimonio, mi suegra, al encontrarse con doña Mercedes
hizo la presentación pertinente conmigo y a pesar de tener muchos
años de no verme, ella, inmediatamente me reconoció como
la hija de Roberto y Carmencita.
Esto me causó un agradable impacto porque ya en aquel entonces,
doña Mercedes era una reconocida personalidad de nuestra sociedad,
a sus posibles “cuarentitantos” de entonces. Que una persona
tan importante recordara a una joven, que apenas iba “saliendo del
cascarón”, hizo que este incidente quedara grabado en mi
“disco duro” para siempre. Esa humildad de doña Mercedes
ha sido una de las múltiples cualidades que le han distinguido.
Siendo niña, había conocido a doña Mercedes en la
“Librería Caminos”, propiedad de mi padre, lugar donde
se daba cita la crema y nata de la intelectualidad salvadoreña.
Doña Mercedes, siendo una ávida lectora y gran apasionada
por los libros, por supuesto era parte de esa elite intelectual.
Cuando murió mi padre, hace unos once años, doña
Mercedes, que tendría entonces casi noventa años, me llamó
haciéndome saber que le gustaría escribir un artículo
acerca de él y de la “Librería Caminos”, de
la cual ella, admirablemente, con esa memoria que a sus cien años
aún conserva tan clara, recordaba hasta el local donde dicho negocio
había abierto sus puertas.
Aunque el artículo no llegó a publicarse, me sentí
profundamente agradecida y conmovida de nuevo por sus admirables sentimientos
hacia las personas que en alguna forma sintiera merecedoras de su bondadosa
deferencia y reconocimiento, inusual gesto en mucha gente.
Ahora esa admirable y gran dama, ha cumplido cien años y en su
tránsito por la vida, estoy segura de que al ver su logro realizado
en el sendero andado, puede quedarle el dulce sabor de haber cumplido
con creces la misión que Dios le destinó. Misión
en la que valientemente, luchando a brazo partido al lado de su amado
don Napoleón, sin renunciar jamás a aquello en lo que creyó
firmemente y sin más patrimonio que sus nobles ideales, supo ir
sorteando hábilmente los escollos que se presentaron incontablemente
en su camino, sabiendo igualmente ir soslayando los profundos abismos
del dolor, que la golpearon de manera inclemente en su viaje por la vida,
al morir su hijita; al quedar sola durante el exilio de su esposo; al
morir éste quedando de nuevo sin su compañero de peregrinación.
Doña Mercedes es un ejemplo para todas nosotras mujeres salvadoreñas,
que nos enseña que la vida puede ser un mar de oportunidades en
el que sólo navegan los triunfadores que aprendieron como ella,
a superar los vientos de la adversidad.
¡Arriba doña Mercedes!. Estamos seguros que en estos días
Dios la está viendo con su tierna mirada de amor y orgullo por
esta hija suya, que se ha ganado un puesto de honor en la historia salvadoreña
y que tal como su Padre Celestial que es, la siga llenando de bendiciones
como hasta ahora, con su descendencia, que lleva en sus venas la sangre
de tan ilustre ciudadana.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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