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Reconocimiento
Cien años de una gran dama

Doña Mercedes es un ejemplo para todas nosotras mujeres salvadoreñas, que nos enseña que la vida puede ser un mar de oportunidades en el que sólo navegan los triunfadores.

Publicada 30 de enero 2006 , El Diario de Hoy

Evangelina del Pilar de Sol*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Uno de los personajes femeninos más ejemplares del país, destacándose en todas las áreas necesarias en que toda mujer debe sobresalir para alcanzar las metas que se traza en su vida, ha cumplido cien años: Doña Mercedes de Altamirano.

Podría decir orgullosamente que conozco a doña Mercedes desde siempre, por haber existido amistad con mis padres, pero eso no es lo importante.

Podría también decir que los lazos de amistad entre familias, se fortificaron aún más al casarme con mi esposo, Mario Sol Bang, porque con la familia de él asimismo existían relaciones cercanas con la familia Altamirano. Mi suegro, Mario Sol y don Napoleón fueron, entre otros notables, fundadores de la “Aso-ciación de Amigos de la Tierra”.

Igualmente mi suegra doña Tere, no ocultaba su especial cariño por doña Mercedes. Pero aunque todo esto tampoco es tan importante, darlo a conocer refuerza las anécdotas que se entrecruzaron en nuestras vidas y me proporcionan suficiente crédito para expresar en este escrito, los merecidos elogios que desde pequeñita escuché y comprobé, de tan admirable y gran señora.

Mis recuerdos se remontan en especial a un día, en que ya comprometida para contraer matrimonio, mi suegra, al encontrarse con doña Mercedes hizo la presentación pertinente conmigo y a pesar de tener muchos años de no verme, ella, inmediatamente me reconoció como la hija de Roberto y Carmencita.

Esto me causó un agradable impacto porque ya en aquel entonces, doña Mercedes era una reconocida personalidad de nuestra sociedad, a sus posibles “cuarentitantos” de entonces. Que una persona tan importante recordara a una joven, que apenas iba “saliendo del cascarón”, hizo que este incidente quedara grabado en mi “disco duro” para siempre. Esa humildad de doña Mercedes ha sido una de las múltiples cualidades que le han distinguido.

Siendo niña, había conocido a doña Mercedes en la “Librería Caminos”, propiedad de mi padre, lugar donde se daba cita la crema y nata de la intelectualidad salvadoreña. Doña Mercedes, siendo una ávida lectora y gran apasionada por los libros, por supuesto era parte de esa elite intelectual.

Cuando murió mi padre, hace unos once años, doña Mercedes, que tendría entonces casi noventa años, me llamó haciéndome saber que le gustaría escribir un artículo acerca de él y de la “Librería Caminos”, de la cual ella, admirablemente, con esa memoria que a sus cien años aún conserva tan clara, recordaba hasta el local donde dicho negocio había abierto sus puertas.

Aunque el artículo no llegó a publicarse, me sentí profundamente agradecida y conmovida de nuevo por sus admirables sentimientos hacia las personas que en alguna forma sintiera merecedoras de su bondadosa deferencia y reconocimiento, inusual gesto en mucha gente.

Ahora esa admirable y gran dama, ha cumplido cien años y en su tránsito por la vida, estoy segura de que al ver su logro realizado en el sendero andado, puede quedarle el dulce sabor de haber cumplido con creces la misión que Dios le destinó. Misión en la que valientemente, luchando a brazo partido al lado de su amado don Napoleón, sin renunciar jamás a aquello en lo que creyó firmemente y sin más patrimonio que sus nobles ideales, supo ir sorteando hábilmente los escollos que se presentaron incontablemente en su camino, sabiendo igualmente ir soslayando los profundos abismos del dolor, que la golpearon de manera inclemente en su viaje por la vida, al morir su hijita; al quedar sola durante el exilio de su esposo; al morir éste quedando de nuevo sin su compañero de peregrinación.

Doña Mercedes es un ejemplo para todas nosotras mujeres salvadoreñas, que nos enseña que la vida puede ser un mar de oportunidades en el que sólo navegan los triunfadores que aprendieron como ella, a superar los vientos de la adversidad.

¡Arriba doña Mercedes!. Estamos seguros que en estos días Dios la está viendo con su tierna mirada de amor y orgullo por esta hija suya, que se ha ganado un puesto de honor en la historia salvadoreña y que tal como su Padre Celestial que es, la siga llenando de bendiciones como hasta ahora, con su descendencia, que lleva en sus venas la sangre de tan ilustre ciudadana.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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