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El
Diario de Hoy
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Las declaraciones del flamante presidente de Bolivia, Evo, el del suéter,
evidencian un racismo tan pernicioso como el que por desgracia ha maltratado
durante siglos a la poblaciones indígenas de América al
igual que a los aborígenes australianos y a otras etnias en el
mundo. Evo coge camino a la inversa: quiere desconocer los esplendorosos
aportes que europeos, mestizos e inmigrantes de diversos orígenes
han hecho a su país, comenzando por la introducción del
alfabeto, la supresión de sacrificios humanos y un ordenamiento
jurídico y social que sacó a Bolivia del primitivismo.
La paradoja es que el racista es Evo, no las personas, grupos y gobiernos
que censuran o rechazan sus truculencias, sus descabellados programas
“de gobierno”, sus lastimosas alianzas y su profunda, granítica
y enciclopédica ignorancia. Evo es una réplica de Mugabe,
el dictador de Zimbabwe, que en su locura ha emprendido una persecución
de los blancos, vale decir de las personas y el sector más productivo
de esa nación.
La pobreza conceptual, el aturdimiento y los complejos que Evo plasma
en su discurso al ser investido como primer mandatario no auguran nada
bueno para Bolivia. Evo no ha tenido tiempo de ponerse al tanto de lo
que se hace y sucede en Bolivia, pero no vacila en condenar “la
injusticia”, el “neoliberalismo” y “las políticas
económicas implementadas por instrucciones externas”.
En un pasaje de monumental tontería, afirma que “producto
de la aplicación del modelo neoliberal (es que) nuestros jóvenes
profesionales van a Argentina, a Estados Unidos y a Europa a trabajar
como meseros”. Más adelante habla del “saqueo de nuestros
productos naturales” a lo largo de quinientos años, pese
a que ya en la Década de los Sesenta se estatizaron las minas de
estaño. Más adelante pide condonar la deuda de Bolivia ignorando,
como ignora de todo, que la condonación de la deuda impondrá
serias obligaciones al país, lo que él, por otra parte,
denuncia.
Evo se declara un admirador y seguidor del “Che” Guevara,
cuya única visible virtud y legado es la foto que adorna escaparates,
autobuses y camisetas. No hay una “doctrina Guevara” y lo
único escrito que dejó es su lastimoso y pobre diario.
Evo reclama una “refundación” de Bolivia “como
piden los hermanos indígenas”. Ganar una elección
constituye, para su modesto intelecto, un cheque en blanco o, todavía
peor, una patente de corso para hacer lo que se le cruce por la cabeza.
En otra monumental exhibición de lo que lleva dentro del cráneo,
Evo dice que de haber tenido Bolivia gobernantes ilustrados, el país
sería mejor que Suiza. Total, si Evo hubiera nacido con el cerebro
de Einstein, sus descubrimientos en física deslumbrarían
al mundo.
Pobre servicio que se hace a una raza
Ni la locura ni el fanatismo, ni el odio de clases ni la ignorancia
son base para un programa de gobierno que se proponga potenciar a un pueblo.
En esto Evo se encuentra en lustrosa compañía: los talibanes,
el presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad , (que quiere fabricar
bombas atómicas), los terroristas de Hamas, Castro y Chávez.
Mesiánicos, destrabados mentales, criminales y dictadores de la
peor especie.
Evo quiere justificar su palurdidez, su comunismo de escuela secundaria
y sus complejos, envolviéndose en su condición de indígena,
con lo que muy pobre servicio hace a los pueblos indígenas de América,
cuya sangre casi todos llevamos en nuestras venas.

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