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La Nota del Día
El racismo al revés de don Evo Morales

Ni la locura ni el fanatismo, ni el odio de clases ni la ignorancia son base para un programa de gobierno que se proponga potenciar a un pueblo.

Publicada 30 de enero 2006 , El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Las declaraciones del flamante presidente de Bolivia, Evo, el del suéter, evidencian un racismo tan pernicioso como el que por desgracia ha maltratado durante siglos a la poblaciones indígenas de América al igual que a los aborígenes australianos y a otras etnias en el mundo. Evo coge camino a la inversa: quiere desconocer los esplendorosos aportes que europeos, mestizos e inmigrantes de diversos orígenes han hecho a su país, comenzando por la introducción del alfabeto, la supresión de sacrificios humanos y un ordenamiento jurídico y social que sacó a Bolivia del primitivismo.

La paradoja es que el racista es Evo, no las personas, grupos y gobiernos que censuran o rechazan sus truculencias, sus descabellados programas “de gobierno”, sus lastimosas alianzas y su profunda, granítica y enciclopédica ignorancia. Evo es una réplica de Mugabe, el dictador de Zimbabwe, que en su locura ha emprendido una persecución de los blancos, vale decir de las personas y el sector más productivo de esa nación.

La pobreza conceptual, el aturdimiento y los complejos que Evo plasma en su discurso al ser investido como primer mandatario no auguran nada bueno para Bolivia. Evo no ha tenido tiempo de ponerse al tanto de lo que se hace y sucede en Bolivia, pero no vacila en condenar “la injusticia”, el “neoliberalismo” y “las políticas económicas implementadas por instrucciones externas”.

En un pasaje de monumental tontería, afirma que “producto de la aplicación del modelo neoliberal (es que) nuestros jóvenes profesionales van a Argentina, a Estados Unidos y a Europa a trabajar como meseros”. Más adelante habla del “saqueo de nuestros productos naturales” a lo largo de quinientos años, pese a que ya en la Década de los Sesenta se estatizaron las minas de estaño. Más adelante pide condonar la deuda de Bolivia ignorando, como ignora de todo, que la condonación de la deuda impondrá serias obligaciones al país, lo que él, por otra parte, denuncia.

Evo se declara un admirador y seguidor del “Che” Guevara, cuya única visible virtud y legado es la foto que adorna escaparates, autobuses y camisetas. No hay una “doctrina Guevara” y lo único escrito que dejó es su lastimoso y pobre diario.

Evo reclama una “refundación” de Bolivia “como piden los hermanos indígenas”. Ganar una elección constituye, para su modesto intelecto, un cheque en blanco o, todavía peor, una patente de corso para hacer lo que se le cruce por la cabeza. En otra monumental exhibición de lo que lleva dentro del cráneo, Evo dice que de haber tenido Bolivia gobernantes ilustrados, el país sería mejor que Suiza. Total, si Evo hubiera nacido con el cerebro de Einstein, sus descubrimientos en física deslumbrarían al mundo.

Pobre servicio que se hace a una raza

Ni la locura ni el fanatismo, ni el odio de clases ni la ignorancia son base para un programa de gobierno que se proponga potenciar a un pueblo. En esto Evo se encuentra en lustrosa compañía: los talibanes, el presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad , (que quiere fabricar bombas atómicas), los terroristas de Hamas, Castro y Chávez. Mesiánicos, destrabados mentales, criminales y dictadores de la peor especie.

Evo quiere justificar su palurdidez, su comunismo de escuela secundaria y sus complejos, envolviéndose en su condición de indígena, con lo que muy pobre servicio hace a los pueblos indígenas de América, cuya sangre casi todos llevamos en nuestras venas.


 

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