El diario de hoy
negocios@elsalvador.com
- Señor Presidente de la República, Elías Antonio Saca;
- Señora Vicepresidenta de la República, Ana Vilma de Escobar;
- Señor Presidente de la Honorable Asamblea Legislativa, Ciro Cruz
Zepeda y Señores Diputados;
- Señor Presidente de la Honorable Corte Suprema de Justicia, Agustín
García Calderón y Señores Magistrados;
- Señor Alcalde Municipal de Santa Tecla, Oscar Ortíz;
- Señor Primer Designado a la Presidencia de la República,
Elías Jorge Bahaia;
- Su Excelencia Reverendísima, Nuncio Apostólico de Su Santidad,
Monseñor Luigi Pezzuto;
- Excelentísimos Señores Miembros del Cuerpo Diplomático
acreditado en el país;
- Señores Miembros del Gabinete de Gobierno y de Entidades Autónomas;
- Señores Ex Presidentes de la República y distinguidas esposas;
- Señores Rectores de prestigiosas universidades nacionales y extranjeras;
- Estimados Representantes de las Empresas Fundadoras y Patrocinadoras;
- Señores Miembros del Consejo Académico Asesor de la ESEN;
- Señores Miembros del Comité Ejecutivo, Directores, Profesores
y Personal Administrativo de nuestra Escuela;
- Estimados Invitados especiales;
- Señores de los Medios de Comunicación;
- Señoras y Señores.
Hay momentos en la vida de todo ser humano que se valoran y se atesoran.
Son vivencias que conforman el patrimonio personal que todos llevamos dentro.
Esta noche es una de esas ocasiones que dejará una huella indeleble
representa, para mí, la realización de un sueño.
Todo comenzó hace 14 años, cuando junto a un amigo, ascendíamos
hacia la cima de una montaña llena de pinos nevados. Allí,
a miles de metros sobre el nivel del mar, con el cielo arriba y la nieve
abajo, sostuvimos una de esas conversaciones que tienen consecuencias inimaginables.
Se acababa de cerrar para siempre el amargo capítulo de la guerra.
Una nueva etapa de oportunidades estaba comenzando en nuestra historia.
Era el justo momento para que una nueva generación de líderes
guiara al país en las grandes transformaciones que convertirían
nuestras esperanzas y anhelos en una hermosa realidad.
Subiendo hacia la cumbre de la montaña, reflexionaba sobre las primeras
ideas de lo que sería uno de los proyectos más ambiciosos
que jamás me he trazado: la Escuela Superior de Economía y
Negocios.
Ciertamente hay muchos deseos que no trascienden la frontera de los sueños.
Pero estoy seguro que toda obra valiosa ha tenido como origen un sueño,
una visión. Este es el caso del campus universitario que hoy estamos
inaugurando.
Después de aquella conversación en la montaña, junto
con un grupo de amigos, nos pusimos a trabajar en el proyecto. Teníamos
una visión de largo plazo, de crear una masa crítica de profesionales
del más alto nivel que se pudiera enfrentar a los grandes retos del
país con el fin de lanzarlo al primer mundo.
Nos propusimos formar profesionales con un profundo sentido de la ética
y del servicio, conocedores a fondo de la realidad económica y social
del país, para ayudar a consolidar una sociedad más humana
y solidaria.
Queríamos que nuestra escuela fuera el crisol, la fuente de conocimiento,
de entusiasmo, de proyección a futuro, impulsora del progreso permanente
de las comunidades que conforman nuestra nación.
Queríamos, pues, emprender un proyecto de profundo impacto y trascendencia,
creando una institución que pudiera convertirse en referente, cumpliendo
así su función demostrativa para contribuir a elevar el nivel
de la educación superior, con el consiguiente efecto multiplicador
en los ámbitos económico y social.
Para garantizar la excelencia académica, establecimos un riguroso
proceso de selección de alumnos, un plan de estudios exigente y balanceado,
una facultad de primer nivel, y la dedicación total de alumnos y
profesores.
Aceleramos nuestro proceso de aprendizaje aprovechando la experiencia de
instituciones de clase mundial, como la Universidad Católica de Chile,
la Universidad Adolfo Ibañez, el Instituto Tecnológico Autónomo
de México, y la Escuela de Negocios de Wharton. Formamos un consejo
académico con distinguidos maestros de estas y otras universidades
de excelencia.
Nos propusimos atraer a nuestra escuela jóvenes talentos que tuvieran
un arraigado deseo de superación y un enorme entusiasmo por ser activos
participantes en el desarrollo del país y por aspirar a la excelencia
y al liderazgo. En el proceso de búsqueda y admisión no tomamos
en cuenta las circunstancias económicas de los postulantes. Salimos
a buscarlos a todos los rincones de El Salvador, y es así, como más
del 60% de nuestros alumnos tienen beca o apoyo financiero de nuestra Fundación.
Estoy convencido que en nuestras comunidades más humildes y más
remotas, han nacido personas muy capaces, muy tenaces, con mucha pasión
por lograr su sueño personal, que merecen la oportunidad de una vida
mejor, y que merecen también, para beneficio nuestro, la oportunidad
de ser catalizadores de un El Salvador más próspero y pujante.
En la ESEN, cualquier joven con talento y dispuesto a superar el riguroso
camino, que va desde el proceso de admisión hasta la graduación,
encontrará aquí su Alma Mater.
Siempre he creído que las grandes obras son posibles gracias a
la unión de tres grandes fuerzas: visión, gente y pasión.
Con un sueño tan apasionante como el de la ESEN, no fue difícil
convencer a amigos empresarios, cuyo liderazgo ha dejado huella en nuestro
país, para impulsar esta obra. Fue así como, con el decidido
apoyo de Industrias Hilasal, TACA, el Banco Agrícola, La Prensa
Gráfica, Cemento Cessa y la Fundación Poma, nació
la Escuela Superior de Economía y Negocios. Agradezco mucho a estos
amigos, nuestros miembros fundadores, por haber visualizado el sueño
y haberse identificado plenamente con la misión, con los objetivos,
con los valores que motivaron el proyecto.
El campus temporal de la ESEN fue inaugurado el 21 de enero de 1994. Casi
simultáneamente comenzamos a reunir los fondos necesarios para
la construcción del campus definitivo - un campus digno de los
grandes objetivos de la institución.
Todas las empresas fundadoras acordaron duplicar su aporte inicial. Además
se unieron a este proyecto la Agencia Internacional para el Desarrollo
(AID), el Banco de Comercio, la Familia Salúme, COEX, Kimberly
Clark, Telecorporación Salvadoreña y SISA. A todos ellos
va nuestro especial agradecimiento y reconocimiento.
A los alumnos de la primera generación de ESEN, les habíamos
ofrecido que se graduarían en el nuevo campus. Sin embargo, el
inicio de la construcción sufrió, por razones ajenas a nuestra
voluntad, demoras que no habíamos previsto.
Por fin, después de 8 años, pudimos realizar el diseño
que fue donado por los prestigiosos arquitectos Ricardo y Víctor
Legorreta, y la obra fue construida en tan solo 8 meses. Con sus grandes
volúmenes, con sus espacios que invitan a recorrerla, con los colores
y texturas de nuestra tierra mesoamericana, contiene una belleza que alegra
los ojos y enaltece el alma. Como diría Ricardo Legorreta, esta
obra regala alegría y espiritualidad a nuestras vidas.
Este campus le da renovado valor a la idea que originó a la ESEN;
es la parte visible de una plataforma de excelencia donde se imparten
los conocimientos y se desarrollan las habilidades de los que tomarán
las decisiones en el futuro. Es un campus que contiene los elementos básicos
de la vida: luz, agua, tierra, aire, representados esencialmente por los
colores de la naturaleza.
Con más de 9,000 metros cuadrados de construcción, ubicadas
en un terreno de 10 manzanas y rodeadas de áreas verdes, estas
instalaciones son una exitosa combinación de lo estético
y lo práctico.
Constan de tres torres de aulas tipo auditorio. Esta plaza en la que estamos,
es un espacio diseñado para la contemplación y el esparcimiento,
pero también para eventos formales al aire libre como las graduaciones.
Debajo de ella se ubica el centro estudiantil, que incluye la cafetería
y las oficinas de las asociaciones de estudiantes. En el nivel inferior,
construimos un auditorio multiusos para 300 personas. A la entrada del
campus, se encuentra el edificio académico, que alberga a nuestros
catedráticos y a la biblioteca, con una bella plaza central y amplias
fuentes alrededor del octogenario árbol mano de león.
Contamos con la última tecnología, que permite que un estudiante
tenga acceso, en forma inalámbrica, a una red de alta velocidad
con capacidad para más de 1,600 conexiones simultáneas.
Esta noche nos acompañan una gran parte de los 634 graduados y
egresados de nuestra Escuela. Ellos encarnan nuestra fe en El Salvador
y en su gente. Estoy convencido que con personas tan emprendedoras, alcanzaremos
nuestra meta de construir un país de primer mundo.
Porque creemos en el país, creemos en este esfuerzo. En la ESEN
se han formado, se forman y se formarán hombres y mujeres líderes
que creerán que no hay cosas imposibles.
La riqueza de las naciones, como lo ha demostrado la historia, no la explican
ni la extensión territorial, ni los recursos naturales, ni el poderío
militar. La riqueza de las naciones se explica por la acción de
pueblos perseverantes y por grandes liderazgos. Este último es
el gran aporte de nuestra institución.
En esta época de cambios y transformaciones, le apostamos al conocimiento.
El conocimiento es la única riqueza que no puede ser destruida
por las catástrofes naturales, ni disminuida por las crisis económicas,
ni arrebatada por regimenes totalitarios.
Al completar esta obra, que ha requerido tanto sacrificio y esfuerzo,
damos en primer lugar, gracias a Dios, que es principio y fin de todas
las cosas, por guiarnos, darnos sabiduría y permitirnos usar nuestros
talentos. Gracias, Señor, por poner este gran proyecto en mi camino.
Es justo expresar nuestro agradecimiento y reconocimiento a todos los
involucrados en esta obra, destacando algunos aportes en particular:
- A nuestro Consejo Académico Asesor, a Harry Strachan, Ernesto
Fontaine, Carlos Cáceres, Arturo Fernández y Arnold Harberger,
por sus sabias enseñanzas y su invaluable compromiso con la ESEN;
- Al grupo académico inicial que gestó y administró
el proyecto en sus primeros años: Pedro Arriagada, Mirna Liévano
de Marques, Tere de López y Daniel Wisecarver;
- Al Comité Ejecutivo de ESEN, que tuvo a cargo esta etapa y continua
participando activamente en su exitoso desarrollo: Ricardo Sagrera, Carlos
Patricio Escobar, Carlos Boza y José Carlos Bonilla;
- A los directores de la institución, especialmente a nuestro Director
General, Rafael Barraza, por su destacada actuación en engrandecer
a la ESEN y apoyar decididamente la construcción de estas nuevas
instalaciones;v A todos los profesores de la ESEN, especialmente a los
de tiempo completo, quienes han mantenido altos estándares de excelencia
académica a lo largo de los años y una especial dedicación
y mística para impartir sus conocimientos y experiencias;
- A Ricardo y Víctor Legorreta, grandes amigos, que nos ofrecieron
el diseño arquitectónico y lograron hacer una obra maestra
en beneficio de esta y futuras generaciones;
- Al consorcio que tuvo a su cargo la construcción, Castaneda Ingenieros,
en especial a su presidente Raúl Castaneda y a Raúl Castaneda
hijo; mis efusivas felicitaciones por haber hecho lo que parecía
imposible lograr en tiempo, con eficiencia y con calidad;
- Al Grupo Roble, por todo el apoyo en el diseño, construcción
y supervisión de la obra; y, muy especialmente, a Rafael Menéndez
y al grupo de profesionales y técnicos, por la dedicación,
el entusiasmo, la capacidad y por haber tomado la firme decisión
de cumplir con lo prometido;
- Al Banco Salvadoreño, institución que ha financiado el
proyecto y que además provee el financiamiento a nuestros alumnos;
- Y a todos los técnicos, albañiles, artesanos y obreros
que, con su trabajo y entrega, hicieron posible la edificación
de esta obra.
Momentos como este en que se juntan los sueños y los logros son
momentos especiales y felices, momentos que dan vigor y fuerza para seguir
perseverando en la búsqueda de sueños cada vez más
ambiciosos, pero cada vez más cercanos.
Creemos de manera firme que, en estos tiempos, caracterizados por la globalización
y la competencia, cuando se están eliminando las barreras al comercio,
al tránsito de personas y capitales, y al intercambio de información
e ideas, debemos esforzarnos por derribar también las barreras
del odio y el resentimiento, que todavía separan a los seres humanos,
aún dentro de nuestras fronteras.
Corren tiempos que apuntan hacia el consumismo y el egoísmo. Por
eso, estoy convencido que debemos fomentar la espiritualidad y propiciar
una sociedad más humana y fraterna.
Tras esta obra está nuestro más profundo deseo, como grupo
y como familia, de contribuir de manera decisiva a construir un El Salvador
moderno, desarrollado y solidario; es nuestro anhelo legar a nuestros
hijos un país en armonía en el que trabajemos juntos para
lograr el progreso y el bienestar de los salvadoreños.
Construir ese país que soñamos es obra de apasionados protagonistas
y no de observadores fríos, ni de timoratos y menos de los
enemigos del sentido común, como decía Borges. Siempre
habrán optimistas y pesimistas; positivos y negativos; los que
hacen y los que esperan. Acá, se forman los que empujan hacia el
futuro.
Este campus que hoy inauguramos es un testimonio al poder de las ideas:
donde antes había conflicto, hoy tenemos paz; donde antes había
un terreno, hoy tenemos un campus de clase mundial; donde antes había
un puñado de jóvenes ilusionados, hoy tenemos a los futuros
líderes de nuestra Patria.
Tengamos la audacia de soñar; soñemos en un futuro mejor
para nuestro país. Tengamos la perseverancia de trabajar hasta
hacerlo realidad.
Muchas gracias.
Santa Tecla, 19 de enero de 2006
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