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Licencia para un ciego

Un coyote y $25. Una persona no vidente obtuvo una boleta con el sello del viceministerio de transporte, donde consta que es apto para manejar. El VMT le obligó a hacer el examen de nuevo; para superar el trámite, dos personas hicieron la prueba en su lugar

Publicada 24 de enero 2006, El Diario de Hoy

De paso en paso
Una periodista acompañó en todo momento a José O. para realizar los trámites para obtener la licencia en la Escuela de Manejo La Oriental

El perfil
José O., persona no vidente, de 31 años, se ofreció a colaborar con El Diario de Hoy tan pronto se le comentó que el interés del trabajo era mostrar la facilidad con que se comenten este tipo de fraudes en el país. José es docente en escuelas públicas de educación especial. Además de ser maestro, se desempeña como un experto masajista y naturópata.

El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Obtener una licencia de conducir sin tocar un volante es una práctica más común de lo que parece. Ahora bien, con el único objetivo de poner de relieve este tipo de fraudes, El Diario de Hoy dio un paso más y durante varios meses trató de que un ciego obtuviera la licencia de conducir.

Esta historia que empezó en agosto de 2005 cuando se hizo el contacto con un coyote en San Miguel, terminó el pasado viernes, tan pronto el Viceministerio de Transporte extendió el aval a José O., de 31 años y quien perdió la vista hace diez, como una persona apta para el manejo de vehículos.

En el centro de este trabajo aparece un coyote, experto en estas lides, quien con el fin de ganarse unos “dolaritos” hizo el contacto con un responsable de la escuela de manejo La Oriental, en San Miguel, frente a la delegación de Sertracen. La entidad tiene también la autorización del Viceministerio de Transporte (VMT) para realizar los exámenes de conducir.

“No habrá ningún problema, porque todo es seguro”, afirmó desde el primer momento este joven, al que se le conoció como Herbert. Y así fue en esta ciudad del oriente donde se desarrolló el primer acto de esta, hasta cierto punto, “tragicomedia”.

Una vez mapeada la zona, todo es cuestión de llegar y hablar. Nadie desconoce que las personas que merodean en las afueras se aprestan para estos trabajos, algunos fuera de la ley como éste, con tal de pagar un poco más.

Pendientes los coyotes permanecen en la puerta mientras el de la oficina lleva la documentación.

Una vez dada la pauta, la confianza se encarga del resto. ¿Cómo puedo hacer para obtener un examen de manejo sin realizar el trámite ya que no puedo manejar...”?- “Ah... eso es fácil, aquí enfrente se lo hacemos”- “¿Cuánto me costaría”? - “$125”.

Un número de teléfono celular y un nombre fueron la llave que abrió el inicio del trabajo y, porque no, de la puerta a la firma La Oriental. El día pactado y con el dinero en mano, el sujeto llevó a la periodista y a la persona no vidente hacia la casa examinadora.

Unos lentes oscuros y dentro de su mochila el bastón portátil, ocultaban su estado. En el interior de la oficina, otro individuo, al parecer encargado de la sucursal, accedió a realizar el trámite tan pronto escuchó la palabra “veinte” del coyote.

Un dólar por las fotocopias de los documentos y esperar unos 15 minutos fueron los trámites siguientes antes de pasar al otro extremo de la casa, donde una cámara web de computadora le hizo varias fotos.

Una señorita se encargó de llenar con números de un simple fechador los espacios de la boleta donde hace constar el examen visual, la evaluación de la prueba y el número de placa a mano de un vehículo que nunca existió, al menos, en la práctica.

El momento más delicado llegó cuando José O. tuvo que estampar su firma. Con descaro, la periodista que lo acompañó le llevó la mano hasta el papel e hizo la rúbrica. Ninguna sospecha, o si la hubo no hubo comentarios. Al poco tiempo, el contacto de la empresa explica que la persona “había salido sorteado”, es decir, debía reevaluarse en las oficinas del VMT.

A otro lugar. El responsable de la escuela va hacia la oficina para la fotografía.

Raúl Peña, el encargado de escuela La Oriental, acerca de este tipo de procesos fraudulentos. “Fíjese que no, como vamos a extender una boleta a alguien que es ciego, es bien difícil. A menos que vea sólo de un ojo y tiene que estar autorizado por el VMT (constancia médica)” comentó Peña.

Para “desbloquear” el aval para la licencia había dos caminos: pagar $100 más al coyote y esperar 15 días, pues su contacto tenía bastante trabajo, o hacer el examen en el VMT.

Se optó por la segunda opción para de paso poner a prueba la seguridad en VMT. Después de tres intentos, donde dos personas distintas se hicieron pasar por José O. en diferentes fechas, al final, se aprobó el examen. Con sólo dejar el NIT en la entrada, el acceso a las instalaciones estaba servido. Ahí sólo había que hacer el examen por José. Hasta que tuviera el aval para conducir, lo que obtuvo el pasado viernes.

“Le guié la mano con disimulo a la hora de poner la firma”

“Grada... grada...”, en tono bajo para que no alcanzara a escuchar el “coyote” cuando se dirigía junto al ciego, la periodista le dirigía hacia la casa examinadora. Abrazados como esposos, pero realmente sirviendo de apoyo en cada paso que daba.

Los minutos dentro de la oficina se hicieron eternos. Los lentes oscuros sujetaban muy fuerte el rostro de José O., quien obligadamente se los quitaba de vez en cuando. La plática, la común de una pareja, dándose aliento en la misión que se tenía.

Final el responsable de la escuela de manejo la oriental de san miguel se despide de la pareja

De pronto, la sospecha comenzó a surgir entre los buscadores de clientes, quienes entraban y salían de la oficina hablando entre sí de la fotoperiodista del Diario de Hoy, a quien sus ojos azorados miraban con recelo. “Vas a creer vós... que dice que anda tomando fotos porque le van a cambiar el nombre a la calle... noombre si yo ya la conozco es del Diario de Hoy”, decían entre sí.

Se creyó que el trabajo se podría frustrar. Lo mejor aún faltaba. La foto fue uno de los momentos cruciales, pero la corta distancia entre la cámara web de la computadora y la pared blanca favoreció. Se pensó que lo peor ya había pasado. No fue así.

“Venga”, dijo la suave voz de la señorita que atendía. José O. caminó hacia el escritorio. Ella le puso un lapicero justo frente a sus ojos para que firmara la boleta.

Él se mantuvo estático, esperando una orden que no llegaba. El silencio que hubo entre esa delgada franja sirvió para hacer de ese episodio una broma y guiarle disimuladamente la mano para que pudiera firmar.

Lea además
  Sin control de los trámites en el VMT

Meses de trabajo

16 de agosto de 2005
Se hizo una visita a San Miguel para observar el terreno cerca de la examinadora. Además, en esa ocasión se contactó con el coyote, la persona que realizaría el trámite con un encargado de la empresa.

10 de septiembre 2005
Se llegó con la persona ciega y los $125 que solicitó el coyote para efectuar la diligencia. El joven admitió que, por $100 más, podría desbloquear del sistema a un usuario que no pase el examen en el VMT.

28 de octubre 2005
El acompañante tiene que hacer un examen adicional en el VMT. Para ello se elige a otra persona, algo parecida, para hacerlo por él. Se trata de test teórico de 30 preguntas. El sustituto no aprobó el examen.

5 de enero de 2006
En esta ocasión, otra persona distinta a la que había llegado la vez anterior, realizó de nuevo la evaluación. Tampoco la pasó. Como la vez anterior, realizó el examen sin levantar la menor sospecha en VMT.

20 de enero de 2006
Como en otras ocasiones, el ingreso a las instalaciones, es fácil. Basta dejar un documento y decir que se va a otro lado. Esta vez, el sustituto aprobó con un ocho y algo. José O. había pasado la prueba.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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