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Clínica sale a la calle

San Salvador . Las vendedoras del Mercado Central reciben atención médica a un costo simbólico. Esta labor la realizan paramédicos que no tienen salarios fijos ni ayuda del Estado.


Publicada 23 de enero de 2006 , El Diario de Hoy

Solidaridad. Un odontólogo que se unió a la causa realiza la limpieza de dientes en la Calle Isidro Menéndez, en esta capital. La Clínica Médica Comunal funciona desde hace un año. Foto: EDH

Rhina Ventura
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

Es una clínica poco común, los pacientes hacen fila en la vía pública para ser atendidos por tres médicos altruistas que han colocado la camilla y escritorios en la acera de la Calle Isidro Menéndez, cerca del Mercado Central.

Se trata de la jornada que realiza todos los sábados la Clínica Médica Comunal en esta capital, para brindar atención a los vendedores de los mercados y personas de escasos recursos.

Este centro de atención nació hace un año cuando doña Cándida Martínez, enfermera de profesión, no podía sostener la farmacia que había dirigido durante años.

Control. El doctor Carlos Henríquez toma la presión de una de sus pacientes. Otra vendedora baja su canasto para pasar consulta con el médico general. Foto: EDH

Los clientes que ella atendía le pidieron que no se fuera de la zona porque no tendrían quién curara sus enfermedades, ya que la Unidad de Salud más cercana se encuentra en San Jacinto.

Fue así como doña Cándida buscó la ayuda del doctor Carlos Henríquez Tenán, quien asumió la responsabilidad de brindar consulta general de lunes a viernes, a pesar de que sabía que recibiría un salario simbólico por sus servicios.

Además, esta enfermera se las ingenió para obtener muestras médicas y fármacos a bajo costo. El precio de la consulta oscila entre $1.50 y $2.00.

Pacientes peculiares

El sábado pasado se observó la demanda que tiene la clínica. Los pacientes empezaron a llegar desde las 12 del mediodía y la mayoría de ellos había dejado sus puestos para ir en busca de una respuesta profesional a sus enfermedades.

Voluntario. El Dr. Víctor Garay colabora en la iniciativa. Foto: EDH

La fila para llegar al médico de planta más dos galenos que ese día se habían unido a la noble causa, la conformaban personas de condición humilde, entre ellas mujeres con canastos que contenían las frutas y verduras que venden en los mercados. También llegaron niños y niñas llevados por sus madres para aprovechar la consulta odontológica gratuita que sólo se daría ese día.

Doña Gregoria del Carmen Moreno dejó su venta de lácteos en el mercado a cargo de su hijo para ir a la clínica. Ella llegó con la presión alta y de inmediato el médico le administró una pastilla para normalizar su flujo sanguíneo.

“Prefiero venir aquí porque me atienden como que si fueran mis familiares”, expresó.
Las recetas no tenían ninguna impresión de logos o distintivos como en los demás centros de salud.

Recetas. La enfermera entrega los medicamentos.Foto: EDH

Aquí eran pedazos de hojas de papel mal cortados en donde los médicos anotaban el nombre de los medicamentos para cada caso en particular.

Una vez que los pacientes recibían las recetas, entraban al pequeño local donde funciona normalmente la clínica.

Ahí estaba doña Cándida despachando los fármacos, quien les recordaba cómo debían tomarlos para mejores resultados.

Nadie sacaba dinero para pagar su consulta, porque los pacientes sabían que no deben pagar nada.

Reconocimiento. Los pacientes entregaron un diploma a El Diario de Hoy, por el apoyo que han recibido de este medio. Foto: EDH

“La gente siempre me trae algo en agradecimiento, por eso me tienen gordita”, comentó doña Cándida, al tiempo que señalaba un plato con camarones empanizados, una bolsa de chile verde y otra de tomates que ese día le habían regalado sus pacientes.

Toda apoyo es bienvenido
Debido a que el centro no recibe ayuda del Estado, éste tiene muchas necesidades.
- Los voluntarios pueden contribuir con medicamentos, ropa, juguetes y alimentos.
- Los donativos se reciben en la clínica, ubicada en la Calle Isidro Menéndez, por las botas El Charro. Teléfono 2271-5914.
- La consulta es de lunes a viernes, de 7:00 a.m. a 5:00 p.m.
- Las enfermedades más comunes entre los pacientes son de tipo respiratorias, gastrointestinales y dermatológicas.


A la consulta con la venta de las gallinas

El ardor en sus ojos motivó a doña María Alejandra Hernández, de 72 años, a visitar la Clínica Médica Comunal el pasado sábado.

En fila. Doña María Alejandra Hernández (centro) espera su turno para consultar sobre el ardor en sus ojos. Foto: EDH

Ella es vendedora ambulante del Mercado Central, donde ofrece los pollos y gallinas indias que compra en Cojutepeque.

Con dos aves en mano hace la fila como el resto de pacientes. Al llegar a la mesa del doctor Henríquez comenta que desde hace una semana siente molestias en los ojos y que no se ha curado, a pesar de haberse echado gotas.

Al consultar al galeno sobre el estado de la paciente, éste señala que el ardor se debe a una alergia producida por el contacto con las aves.

Doña María se ha dedicado a la venta de estos animales desde sus 14 años. Con este oficio alimentó a sus dos hijos durante algunos años.

Sus descendientes fueron sólo dos y ambos murieron en diferentes circunstancias.
Recuerda que la primera pérdida fue la muerte de su hija, quien pereció en 1969 al ser embestida por un vehículo mientras cruzaba la calle agarrada de su mano.

“Mi pequeña tendría más de treinta años”, comenta al tiempo que sus ojos se llenan de lágrimas.

La señora quedó lesionada del pie izquierdo que luego sanó, pero el incidente la marcó para toda su vida. Los momentos trágicos volvieron cuando perdió al otro hijo y a su esposo.

Ahora su familia la integran los cuatro nietos que le dejó su hijo y a quienes no puede cuidar porque debe vender en el mercado para obtener ingresos. Su cuñado ha asumido la responsabilidad de los pequeños.

Hace seis meses también visitó la clínica porque empezó a padecer de cansancio y le faltaba la respiración.

“Me curé con los medicamentos que me dio el doctor, por eso vengo aquí cada vez que me pongo mal”, añadió.

Su estadía en el centro de atención culmina cuando la enfermera, doña Cándida, entrega los antibióticos y las gotas que le recomendó el doctor.

Doña María Alejandra coloca las dos gallinas bajo el brazo y regresa al mercado para intentar venderlas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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