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| Solidaridad. Un odontólogo
que se unió a la causa realiza la limpieza de dientes en
la Calle Isidro Menéndez, en esta capital. La Clínica
Médica Comunal funciona desde hace un año. Foto:
EDH
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Rhina Ventura
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
Es una clínica poco común, los pacientes hacen fila en la
vía pública para ser atendidos por tres médicos altruistas
que han colocado la camilla y escritorios en la acera de la Calle Isidro
Menéndez, cerca del Mercado Central.
Se trata de la jornada que realiza todos los sábados la Clínica
Médica Comunal en esta capital, para brindar atención a
los vendedores de los mercados y personas de escasos recursos.
Este centro de atención nació hace un año cuando
doña Cándida Martínez, enfermera de profesión,
no podía sostener la farmacia que había dirigido durante
años.
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| Control. El doctor Carlos Henríquez
toma la presión de una de sus pacientes. Otra vendedora baja
su canasto para pasar consulta con el médico general. Foto:
EDH |
Los clientes que ella atendía le pidieron que no se fuera de la
zona porque no tendrían quién curara sus enfermedades, ya
que la Unidad de Salud más cercana se encuentra en San Jacinto.
Fue así como doña Cándida buscó la ayuda del
doctor Carlos Henríquez Tenán, quien asumió la responsabilidad
de brindar consulta general de lunes a viernes, a pesar de que sabía
que recibiría un salario simbólico por sus servicios.
Además, esta enfermera se las ingenió para obtener muestras
médicas y fármacos a bajo costo. El precio de la consulta
oscila entre $1.50 y $2.00.
Pacientes peculiares
El sábado pasado se observó la demanda que tiene la clínica.
Los pacientes empezaron a llegar desde las 12 del mediodía y la
mayoría de ellos había dejado sus puestos para ir en busca
de una respuesta profesional a sus enfermedades.
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| Voluntario. El Dr. Víctor
Garay colabora en la iniciativa. Foto: EDH |
La fila para llegar al médico de planta más dos galenos
que ese día se habían unido a la noble causa, la conformaban
personas de condición humilde, entre ellas mujeres con canastos
que contenían las frutas y verduras que venden en los mercados.
También llegaron niños y niñas llevados por sus madres
para aprovechar la consulta odontológica gratuita que sólo
se daría ese día.
Doña Gregoria del Carmen Moreno dejó su venta de lácteos
en el mercado a cargo de su hijo para ir a la clínica. Ella llegó
con la presión alta y de inmediato el médico le administró
una pastilla para normalizar su flujo sanguíneo.
“Prefiero venir aquí porque me atienden como que si fueran
mis familiares”, expresó.
Las recetas no tenían ninguna impresión de logos o distintivos
como en los demás centros de salud.
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| Recetas. La enfermera entrega
los medicamentos.Foto: EDH |
Aquí eran pedazos de hojas de papel mal cortados en donde los
médicos anotaban el nombre de los medicamentos para cada caso en
particular.
Una vez que los pacientes recibían las recetas, entraban al pequeño
local donde funciona normalmente la clínica.
Ahí estaba doña Cándida despachando los fármacos,
quien les recordaba cómo debían tomarlos para mejores resultados.
Nadie sacaba dinero para pagar su consulta, porque los pacientes sabían
que no deben pagar nada.
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| Reconocimiento. Los pacientes
entregaron un diploma a El Diario de Hoy, por el apoyo que han recibido
de este medio. Foto: EDH |
“La gente siempre me trae algo en agradecimiento, por eso me tienen
gordita”, comentó doña Cándida, al tiempo que
señalaba un plato con camarones empanizados, una bolsa de chile
verde y otra de tomates que ese día le habían regalado sus
pacientes.
Toda apoyo es bienvenido
Debido a que el centro no recibe ayuda del Estado, éste tiene muchas
necesidades.
- Los voluntarios pueden contribuir con medicamentos, ropa, juguetes y
alimentos.
- Los donativos se reciben en la clínica, ubicada en la Calle Isidro
Menéndez, por las botas El Charro. Teléfono 2271-5914.
- La consulta es de lunes a viernes, de 7:00 a.m. a 5:00 p.m.
- Las enfermedades más comunes entre los pacientes son de tipo
respiratorias, gastrointestinales y dermatológicas.
A la consulta con la venta de las gallinas
El ardor en sus ojos motivó a doña María Alejandra
Hernández, de 72 años, a visitar la Clínica Médica
Comunal el pasado sábado.
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| En fila. Doña María
Alejandra Hernández (centro) espera su turno para consultar
sobre el ardor en sus ojos. Foto: EDH |
Ella es vendedora ambulante del Mercado Central, donde ofrece los pollos
y gallinas indias que compra en Cojutepeque.
Con dos aves en mano hace la fila como el resto de pacientes. Al llegar
a la mesa del doctor Henríquez comenta que desde hace una semana
siente molestias en los ojos y que no se ha curado, a pesar de haberse
echado gotas.
Al consultar al galeno sobre el estado de la paciente, éste señala
que el ardor se debe a una alergia producida por el contacto con las aves.
Doña María se ha dedicado a la venta de estos animales desde
sus 14 años. Con este oficio alimentó a sus dos hijos durante
algunos años.
Sus descendientes fueron sólo dos y ambos murieron en diferentes
circunstancias.
Recuerda que la primera pérdida fue la muerte de su hija, quien
pereció en 1969 al ser embestida por un vehículo mientras
cruzaba la calle agarrada de su mano.
“Mi pequeña tendría más de treinta años”,
comenta al tiempo que sus ojos se llenan de lágrimas.
La señora quedó lesionada del pie izquierdo que luego sanó,
pero el incidente la marcó para toda su vida. Los momentos trágicos
volvieron cuando perdió al otro hijo y a su esposo.
Ahora su familia la integran los cuatro nietos que le dejó su hijo
y a quienes no puede cuidar porque debe vender en el mercado para obtener
ingresos. Su cuñado ha asumido la responsabilidad de los pequeños.
Hace seis meses también visitó la clínica porque
empezó a padecer de cansancio y le faltaba la respiración.
“Me curé con los medicamentos que me dio el doctor, por eso
vengo aquí cada vez que me pongo mal”, añadió.
Su estadía en el centro de atención culmina cuando la enfermera,
doña Cándida, entrega los antibióticos y las gotas
que le recomendó el doctor.
Doña María Alejandra coloca las dos gallinas bajo el brazo
y regresa al mercado para intentar venderlas.

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