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En el poder. La población está pendiente de la formación del gabinete de Morales. Foto/AP |
The New York Times
Juan Forero
Internacionales
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BOLIVIA. Evo Morales, indígena aymará y ex director de la unión boliviana de cocaleros, ya es Presidente de este país de 19 millones de habitantes.
Si bien se ha mostrado vago en su mayor parte con respecto a los detalles, y moderó su tono en fechas recientes, Morales ha prometido una transformación de Bolivia. Ha dicho que “despenalizaría” el cultivo de la hoja de coca, el principal ingrediente de la cocaína, en la cual, tratando de erradicarla, Washington ha invertido cientos de millones de dólares y más de dos décadas.
Promete que inyectará el Estado a la industria del petróleo y el gas natural de Bolivia, y el espectro de la nacionalización está preocupando a las empresas multinacionales del ramo de energía, las cuales llegaron por primera vez aquí en grandes números a finales de los años 90, aun cuando Morales dijo en fechas más recientes que no expropiaría posesiones extranjeras.
Ha denigrado políticas de libre comercio que EE.UU. apoya, y da la impresión de que representará el puesto de avanzada más meridional de un nuevo nexo antiestadounidense con Cuba y Venezuela, cuyo Presidente, Hugo Chávez, es uno de los detractores más ardientes de la administración Bush.
Cualesquiera y todos esos pasos, en un país donde tramos de coca y ricas posesiones en el ramo de energía le dan una importancia estratégica que supera por mucho a su diminuta población, podrían intranquilizar a Washington y la región.
Las reservas de gas de Bolivia, que son las segundas mayores del continente, ayudan a impulsar a las mayores economías de Sudamérica. Brasil, para empezar, ha destinado $1,500 millones a inversiones en el sector de Energía de Bolivia y le preocupa que aumenten los problemas relacionados con la droga y la delincuencia en sus barrios urbanos, si la cosecha de coca en Bolivia no es controlada.
En semanas recientes, Morales ha bajado el tono de una parte de su lenguaje más estridente y marcó una nota más aceptable hacia funcionarios estadounidenses. Pero en el caso de Bolivia, afirman analistas políticos aquí, es mucho más difícil saber exactamente cómo gobernará.
Morales, ex integrante del Congreso y del cual fue expulsado hace cuatro años, no ha sido probado en el Ejecutivo y es menos conocido como pragmático y más como un feroz orador y jefe de protestas. Varios de sus allegados, incluido el Vicepresidente electo Älvaro García y Carlos Villegas, quien supervisará la planeación económica, son académicos de izquierda sin experiencia en el Gobierno.

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