| Carlos
Sandoval*
El Diario de Hoy
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elsalvador.com
Uno de los problemas más graves y complejos del idioma español
es la falta de uniformidad en su morfología, sintaxis, prosodia
y ortografía, a pesar de los esfuerzos permanentes de la Real Academia
Española. Pareciera que aún vivimos bajo la maldición
bíblica del babelismo, pues existe mucha confusión en la
semántica de las palabras, inclusive en las que empleamos a diario.
En el campo de la ciencia política la dificultad es mucho mayor
por la sencilla razón de que ni siquiera sus conceptos fundamentales
o categorías están definidos adecuadamente. Todavía
no hay uniformidad sobre el significado de democracia, aristocracia, ideología,
patriota, poder, república, Estado, nación, revolución,
para citar unos cuantos. En la presente nota me referiré concretamente
al concepto democracia, ya que tiene que ver mucho con la próxima
consulta electoral para elegir concejos y renovar diputados.
La Constitución Política dice taxativamente que la forma
de Gobi-erno es democrática, republicana y representativa. Sin
embargo, ni el partido en el Gobierno --que aboga por la democracia republicana--,
ni los de de izquierda --que prefieren una democracia socialista--, tienen
claro sus respectivos sistemas de Gobierno.
Dice Mariano Grondona que en la actualidad predominan dos tipos de regímenes
políticos. Uno es la autocracia en la cual la voluntad de una sola
persona es la suprema ley (Castro, Chávez). Se trata de un sistema
de Gobierno en retroceso en la actualidad. Y el otro es la democracia
republicana en donde el Gobierno no se identifica con el poder porque,
por una parte, sólo ejerce la parte del poder que le otorga el
pueblo en una consulta popular y legal (ingrediente democrático),
y por la otra, porque el Gobierno tampoco ejerce todo el poder sino que
lo comparte con el Legislativo y el Judicial (ingrediente republicano).
Es lo que se llama en Derecho Constitucional, división de poderes
o, mejor dicho, de funciones porque el poder es único e indivisible.
Esta separación de funciones ha sido sabia porque evita que una
sola persona centralice todo el poder. Con la separación, en cambio,
se establece un sistema de equilibrios y contrapesos. Debido a que en
El Salvador no existen poderes locales autónomos, como en México
y los Estados Unidos, la democracia republicana es también unitaria.
Me he entretenido en deslindar estos conceptos por dos razones: la primera,
porque es pavorosa la confusión, repito, que existe en el lenguaje
político.
Un diputado de ARENA dijo, por ejemplo, que su ideología era la
democracia, cuando esta es una forma de gobierno y otro diputado del FMLN
expresó que el verdadero patriota es el internacionalista, cuando
cualquier manual de cívica enseña que patriota es el que
se preocupa por su tierra y le desea todo el bien. Internacionalista,
en cambio, es la actitud que antepone la estima a un conjunto o a todos
los países sobre el nacional. Y la otra razón es saber si
la forma de Gobierno democrático republicana es la que realmente
existe en El Salvador o se ha degenerado.
Para comprender mejor el alcance de la democracia hay que dividirla en
dos aspectos: el formal y el sustancial. Desde el punto de vista formal
la democracia es el sistema por medio del cual los gobernantes son electos
por los gobernados mediante consultas libres, periódicas, secretas,
legales y pacíficas. Sin el requisito del sufragio no se puede
hablar de democracia, por lo menos en el sentido que le dieron Herodoto
(el creador de la palabra) y Aristóteles (el creador de las tipologías
de gobierno). A su vez, el aspecto sustancial hay que subdividirlo en
dos: el social y el económico. El aspecto social se refiere a la
salud, educación, vivienda, etc., y el económico, a la producción,
distribución y consumo de bienes. Dentro de estos tres aspectos
señalados el fundamental es el político por la sencilla
razón de que es condición necesaria para llegar a la democracia
social y la democracia económica.
La participación del mayor número de habitantes en las elecciones
es fundamental para la democracia. Desgraciadamente el sistema electoral
salvadoreño no es de los más afortunados, pues desestimula
la participación política de los ciudadanos, además
de afectar la representatividad que suele expresarse por medio del voto.
Las listas electorales para elegir a los representantes en la Asamblea
Legis-lativa, por ejemplo, sólo le da a los electores la opción
de votar por un partido, pero le niega el derecho de escoger a los representantes
que quisiera. Los candidatos son nombrados por los dirigentes a su conveniencia.
Por otra parte, las asambleas legislativas generalmente son sumisas al
Ejecutivo, lo que vuelve frágil la división de poderes.
Y si en las próximas elecciones el partido gobernante obtiene mayoría
de diputados, como lo anuncian las encuestas, entonces el sistema democrático
se volverá más anémico, débil, inconsistente.
Por las razones anteriores, no se puede hablar de democracia republicana
en El Salvador. Es cierto que los regímenes militares autocráticos
han quedado atrás, pero también lo es que falta mucho para
que vivamos una verdadera y real democracia republicana. Estamos todavía
bajo el sistema presidencialista.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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