elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Presidencialismo
Democracia anémica

La participación del mayor número de habitantes en las elecciones es fundamental para la democracia. Desgraciadamente el sistema electoral salvadoreño no es de los más afortunados.

Publicada 23 de enero 2006 , El Diario de Hoy

Carlos Sandoval*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Uno de los problemas más graves y complejos del idioma español es la falta de uniformidad en su morfología, sintaxis, prosodia y ortografía, a pesar de los esfuerzos permanentes de la Real Academia Española. Pareciera que aún vivimos bajo la maldición bíblica del babelismo, pues existe mucha confusión en la semántica de las palabras, inclusive en las que empleamos a diario.

En el campo de la ciencia política la dificultad es mucho mayor por la sencilla razón de que ni siquiera sus conceptos fundamentales o categorías están definidos adecuadamente. Todavía no hay uniformidad sobre el significado de democracia, aristocracia, ideología, patriota, poder, república, Estado, nación, revolución, para citar unos cuantos. En la presente nota me referiré concretamente al concepto democracia, ya que tiene que ver mucho con la próxima consulta electoral para elegir concejos y renovar diputados.

La Constitución Política dice taxativamente que la forma de Gobi-erno es democrática, republicana y representativa. Sin embargo, ni el partido en el Gobierno --que aboga por la democracia republicana--, ni los de de izquierda --que prefieren una democracia socialista--, tienen claro sus respectivos sistemas de Gobierno.

Dice Mariano Grondona que en la actualidad predominan dos tipos de regímenes políticos. Uno es la autocracia en la cual la voluntad de una sola persona es la suprema ley (Castro, Chávez). Se trata de un sistema de Gobierno en retroceso en la actualidad. Y el otro es la democracia republicana en donde el Gobierno no se identifica con el poder porque, por una parte, sólo ejerce la parte del poder que le otorga el pueblo en una consulta popular y legal (ingrediente democrático), y por la otra, porque el Gobierno tampoco ejerce todo el poder sino que lo comparte con el Legislativo y el Judicial (ingrediente republicano). Es lo que se llama en Derecho Constitucional, división de poderes o, mejor dicho, de funciones porque el poder es único e indivisible.

Esta separación de funciones ha sido sabia porque evita que una sola persona centralice todo el poder. Con la separación, en cambio, se establece un sistema de equilibrios y contrapesos. Debido a que en El Salvador no existen poderes locales autónomos, como en México y los Estados Unidos, la democracia republicana es también unitaria.

Me he entretenido en deslindar estos conceptos por dos razones: la primera, porque es pavorosa la confusión, repito, que existe en el lenguaje político.

Un diputado de ARENA dijo, por ejemplo, que su ideología era la democracia, cuando esta es una forma de gobierno y otro diputado del FMLN expresó que el verdadero patriota es el internacionalista, cuando cualquier manual de cívica enseña que patriota es el que se preocupa por su tierra y le desea todo el bien. Internacionalista, en cambio, es la actitud que antepone la estima a un conjunto o a todos los países sobre el nacional. Y la otra razón es saber si la forma de Gobierno democrático republicana es la que realmente existe en El Salvador o se ha degenerado.

Para comprender mejor el alcance de la democracia hay que dividirla en dos aspectos: el formal y el sustancial. Desde el punto de vista formal la democracia es el sistema por medio del cual los gobernantes son electos por los gobernados mediante consultas libres, periódicas, secretas, legales y pacíficas. Sin el requisito del sufragio no se puede hablar de democracia, por lo menos en el sentido que le dieron Herodoto (el creador de la palabra) y Aristóteles (el creador de las tipologías de gobierno). A su vez, el aspecto sustancial hay que subdividirlo en dos: el social y el económico. El aspecto social se refiere a la salud, educación, vivienda, etc., y el económico, a la producción, distribución y consumo de bienes. Dentro de estos tres aspectos señalados el fundamental es el político por la sencilla razón de que es condición necesaria para llegar a la democracia social y la democracia económica.

La participación del mayor número de habitantes en las elecciones es fundamental para la democracia. Desgraciadamente el sistema electoral salvadoreño no es de los más afortunados, pues desestimula la participación política de los ciudadanos, además de afectar la representatividad que suele expresarse por medio del voto. Las listas electorales para elegir a los representantes en la Asamblea Legis-lativa, por ejemplo, sólo le da a los electores la opción de votar por un partido, pero le niega el derecho de escoger a los representantes que quisiera. Los candidatos son nombrados por los dirigentes a su conveniencia. Por otra parte, las asambleas legislativas generalmente son sumisas al Ejecutivo, lo que vuelve frágil la división de poderes. Y si en las próximas elecciones el partido gobernante obtiene mayoría de diputados, como lo anuncian las encuestas, entonces el sistema democrático se volverá más anémico, débil, inconsistente.

Por las razones anteriores, no se puede hablar de democracia republicana en El Salvador. Es cierto que los regímenes militares autocráticos han quedado atrás, pero también lo es que falta mucho para que vivamos una verdadera y real democracia republicana. Estamos todavía bajo el sistema presidencialista.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

elsalvador.com WWW