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Comentando
Sobre el descanso y otras cosas

Antes de salir del país dejé listas para su publicación mis cuatro cartas a los jóvenes. Gracias a Dios no cayeron en el vacío. Muchos de esos e-mails son de agradecimiento de gente joven.

Publicada 23 de enero 2006 , El Diario de Hoy

Luis Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Vuelvo a San Salvador y a mi mundo habitual después de unas vacaciones de veintiún días. Vacaciones sin teléfono, sin la Internet, sin televisión, gozando de la compañía y el diálogo sincero y profundo con los seres queridos y de los encantos de la naturaleza, sus “silencios sonoros”, sus soledades llenas de armonía y de sentido. Todo tiene un precio y a mi vuelta una larga serie de e-mails por contestar.

Antes de salir del país dejé listas para su publicación mis cuatro cartas a los jóvenes. Gracias a Dios no cayeron en el vacío. Muchos de esos e-mails son de agradecimiento de gente joven que está de acuerdo con mi elogio de la castidad. Alguno me agradece “el coraje de hablar de lo que nadie habla”. Eso duele. Tienen razón. ¿por qué no se habla del valor fecundo de la castidad, a pesar de que es una de las cosas más necesarias de nuestra sociedad? ¿Por qué se callan los que están de acuerdo con su inmenso valor? Hay mucho pecado de omisión. Sobre esta virtud y sobre otros valores de nuestra cultura.

Mucho silencio, perezoso o cobarde, un silencio que no es el de la naturaleza --¡que dice tantas cosas!--, sino de gente prisionera por los respetos humanos, intoxicada por el servilismo ante el “pensamiento políticamente correcto”, ese escepticismo y relativismo, verdadero totalitarismo tóxico de las mentes, que sutilmente siguen tratando de imponernos. No he terminado de revisar todos los emails. No era mi intención seguir con el tema de la castidad pero tal vez tenga que volver sobre él para aclarar algunos aspectos que mis corresponsales me demandan.

Hoy, acuciado porque me acerco a la hora de cierre de esta columna, sólo quiero apuntar otros temas. Revisando publicaciones extranjeras veo que el ex presidente de la Academia Sueca que concede los premios Nobel de Literatura me daba la razón en lo que sobre eso escribí tiempo atrás. Knut Ahnlund, uno de los 18 académicos vitalicios y prestigioso crítico literario, anunció que abandonaba la Academia, porque consideraba que la concesión del premio Nobel de Literatura del 2004 a la austriaca Elfriede Jelinek desprestigiaba a la Academia y estaba en contra del pensamiento de Alfred Nobel.

Efectivamente, Alfred Nobel pedía que las obras literarias que aspiraran al premio Nobel deberían dar prioridad “al equilibrio, la armonía y las ideas puras y nobles en el arte narrativo”. En cambio la obra de Jelinek, según el extenso artículo que Ahnlund publicó en el “Svenska Dagbladet”, en donde revisa todas las obras de Jelinek, las califica de “desoladora falta de ideas y de visiones” que se traduce en una “verborrea donde ocurrencias casuales se extienden a lo largo de diez o cien páginas sin que se diga nada”.

Remacha la crítica añadiendo que “la pornografía se ha infiltrado en ofertas culturales respetables y aceptadas, un porno avanzado puede actuar disfrazado como indignación y se convierte en una salida fácil desde el punto de vista comercial. A esta sección pertenece a grandes rasgos todo lo que ella ha escrito”. Además dice que la mayoría de los miembros del jurado votaron ese año por Jelinek sin ni siquiera haberse leído su obra (¡!). Ahnlund es el tercero que se retira de la Academia sueca. En 1989 Kerstin Ekman y Lars Gyllensten se retiraron por la dictada por los musulmanes. Gyllensten declara ahora que también él está de acuerdo con Ahnlund.

La otra crítica contra la decadencia actual de la novela viene del famoso escritor checo --famoso en Europa, aquí no creo que se le conozca-- Milan Kundera. Con pequeñas diferencias, dos críticos literarios famosos y muy influyentes, George Steiner y Harold Bloom, están de acuerdo con Kundera y vuelven en sus libros una y otra vez a los clásicos para reencontrarse con lo sublime, despreciando la actualidad literaria de moda.

Kundera, en la onda de la celebración de Cervantes y del Quijote, diagnostica en su ensayo “El telón” (Edit. Tusquets, Barcelona, 2005) el ocaso de la herencia cervantina. Para Kundera, la novela es un modo de conocimiento propio --independiente de la filosofía, la ciencia y la historia-- para conocer el alma humana pero, dice, esa alta manera, tan genuina, de conocer ese mundo que dentro de las personas humanas se encierra, está perdiéndose en el relativismo postmoderno.

En eso estamos. Nuestra cultura cristiano-occidental está enferma. Hay gente poderosa empeñada en asesinarla.

*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy. lfcuervo@telemovil.net

 

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