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Producción. Una escena muestra a Edison Flores, de 22 años, uno de los protagonistas, y a su novia, Jazmín, cargando a su hijo. Foto The New York Time |
The New York Times
Por JOHN OTIS
Internacionales
internacionales@elsalvador.com
BOGOTÁ, Colombia.- Guerrilleros detuvieron al fotoperiodista Scott Dalton como rehén durante 11 días en 2003, pero el secuestro no logró asustarlo para que se marchara de las zonas de guerra.
Luego de ser liberado, Dalton empacó una videocámara y se unió a un grupo de paramilitares armados, los cuales estaban combatiendo a los guerrilleros por el control de las barriadas junto a las colinas en la ciudad de Medellín.
El resultado, "La Sierra", a veces es de horror puro, a veces un tierno documental que muestra asesinatos al estilo de ojo por ojo, pobreza arraigada y un carácter fundamental de vivir solo por el día de hoy que alimentan lo que al parecer es el ciclo interminable de la violencia en Colombia.
"Era tan jóvenes y tan fatalistas", comentó Dalton, de 37 años de edad, con respecto a los combatientes que él siguió. "Estaban atrapados en esta situación que era mayor que ellos".
Dirigido y producido por Dalton y la periodista colombiana Margarita Martínez, "La Sierra" fue nombrada mejor documental en el Festival Internacional de Cine de Miami y en el IFP Market, concurso anual que se celebra en Nueva York para cineastas independientes, con un premio de $10,000.
Dalton, graduado de la Universidad de Texas y originario del área suburbana de Boston, había trabajado durante siete años como fotógrafo para Prensa Asociada en América Latina. Sin embargo, él nunca había hecho un documental. Tampoco Martínez, de 35 años, reportero de AP en Bogotá, la capital de Colombia.
Ellos decidieron centrarse en la batalla por los "barrios" de Medellín, que estaban poblados en su mayor parte por refugiados de guerra e inmigrantes en la indigencia provenientes de las áreas rurales de Colombia. El laberinto de barrios de Medellín, ignorado por funcionarios municipales, plagado por el desempleo y la pobreza, tiene una historia brutal.
En los 80, legiones de desempleados hallaron trabajo como asesinos a sueldo para el cártel de Medellín de Pablo Escobar. Otros formaron pandillas.
Para cuando Dalton y Martínez llegaron, la violencia a causa de las drogas iba en descenso.
Pero guerrilleros, quienes trataban de expandir su guerra desde el campo hacia las ciudades, habían entrado a los barrios de Medellín, donde encontraron una profusión de reclutas entre pandilleros y ex subordinados del cártel.
Los terroristas habían estado combatiendo al gobierno desde 1964 y codiciaban una presencia urbana. Deseaban establecer redes de inteligencia en las ciudades y procurarse armas, medicina y otras provisiones.
El documental de 84 minutos gira en torno a tres personajes principales en el "barrio" de La Sierra, en Medellín.
Uno de los jóvenes, Edison, de 22 años, es padre de seis hijos y está al mando de la pandilla paramilitar del barrio. Pasa su tiempo bailando "salsa" en fiestas impulsadas por drogas que se prolongan durante toda la noche, se desplaza entre las casas de sus muchas novias, y disparando ciegamente su rifle automático hacia barriadas cercanas que están bajo control de los rebeldes.
"La primera vez que disparé un arma, pensé: ¡Vaya!", comenta Edison, quien reconoce que ha cometido diversos asesinatos.
La cámara también sigue a Cielo, jovencita de 17 años que huyó a Medellín desde un pequeño poblado luego que guerrilleros mataran a su hermano. Ya como viuda, visita a su novio paramilitar en la cárcel y vende dulces en buses para mantener a su infante.
Finalmente, está Jesús, de 19 años, soldado de a pie, intoxicado por drogas, que pertenece a la milicia de Edison. Luego de haber perdido su mano izquierda en una explosión de granada, Jesús recurre a la cocaína y la marihuana para olvidar sus problemas.
"Nosotros podríamos sobrevivir a esta guerra", dice. "Pero habrá otra, y otra, y otra".
Y claro, los pistoleros de Edison persiguen a los guerrilleros hasta expulsarlos, sólo para abrir una nueva batalla contra una facción rival de paramilitares.
"Para cuando termina ‘La Sierra’, Jesús está más perdido que nunca; Cielo trabaja como prostituta en un burdel; y Edison yace muerto en un ataúd.
Si bien sus decisiones dan la impresión de ser erróneas y trágicas, el filme no contiene una lección moral. Más bien, sus personajes relatan sus historias con una dignidad reposada.
"Ellos tenían opciones, y esto es lo que eligieron", dijo Dalton.

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