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Conversando
sobre política
¿Socialismo en Chile?
Por supuesto que su distanciamiento de la “otra izquierda”,
la populista, la de Chávez, le valió el respeto de los ciudadanos
y el compromiso firme de sus adversarios de no cuestionar el resultado.
Publicada 18 de enero 2006 , El Diario de Hoy
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| Luis
Mario Rodríguez R.*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
El triunfo de Michelle Bachelet en Chile significa muchas cosas para
las democracias en Latinoamérica: la capacidad de las mujeres para
involucrarse en la administración de la cosa pública; la
lealtad de los electores que siempre reconocen cuándo un buen Gobierno
debe continuar como retribución a las promesas cumplidas (caso
del Presidente Lagos con un setenta y cinco por ciento de aprobación
al final de su gestión); la muestra que sí es posible gobernar
desde la izquierda o la derecha, sin cambiar el rumbo del país
y el sistema económico impulsado, y, finalmente, que sin lugar
a dudas, los clivajes (fracturas sociales que marcan a una sociedad) siguen
siendo determinantes a la hora de elegir a los gobernantes.
Efectivamente es la primera mujer Presidenta en América del Sur,
por lo menos en las últimas décadas donde sólo Evita
Perón había logrado la primera magistratura y por poco tiempo,
dado el golpe de Estado que terminó con su mandato. Los antecedentes
de la Presidenta electa como Ministra de Salud y Ministra de Defensa,
durante la administración Lagos, fueron excelentes cartas de presentación
para una mujer, que si bien utilizó como trampolín la división
entre los adeptos y los adversarios de Pinochet, posee méritos
propios que le permitieron demostrar a los chilenos sus virtudes como
buena gestora de los recursos en las áreas en las que se le asignaron
delicadas funciones de Estado.
Asimismo nos encontramos ante un triunfo resultado en gran medida de la
excelente gestión del Presidente Ricardo Lagos. Estadista y hombre
democrático de pie a cabeza, Lagos demostró que es posible
gobernar desde la diversidad y con la diversidad. Diversidad de género,
de aceptación y del rechazo de la dictadura del general, de la
libertad económica y del apoyo estatal.
Con un crecimiento económico de más del seis por ciento,
la economía más libre de América Latina, las exportaciones
en franco crecimiento, y con una reducción en la tasa de desempleo,
el hasta ahora Presidente fue el gobernante de todos los chilenos: de
los empresarios, de los trabajadores, de los jóvenes, de mujeres
y hombres que depositaron su confianza en un socialdemócrata que
logró mayoría en el Congreso y que la supo administrar en
beneficio de los chilenos.
Y qué decir del sentimiento que produjo la candidata Bachelet,
ahora futura Presidenta de Chile, con un pasado donde se mezclaron las
torturas y muerte de su padre con las golpizas que ella misma y su madre
recibieron, lo que las obligó ir al exilio en la década
de los setenta. Por supuesto que semejante valor, junto al sacrificio
de su padre, le valieron el apoyo incondicional de aquellos que reprochan
y con razón, las locuras de la dictadura y del autoritarismo ejercido
por el gobierno militar. La dentro de pocos meses mandataria chilena,
si bien no centró su campaña en el pasado, sí supo,
oportunamente, hacer llegar el mensaje de lo que podría representar
para los chilenos su llegada a la Casa de La Moneda: la reconciliación
con todos aquellos que fueron víctimas de la represión pinochetista.
Por supuesto que su distanciamiento de la “otra izquierda”,
la populista, la de Chávez, le valió el respeto de los ciudadanos
y el compromiso firme de sus adversarios de no cuestionar el resultado
de los comicios electorales. Convivirá con la globalización,
con la apertura comercial --ya ha anunciado su apoyo al ALCA-- y privilegiará
su relación con los Estados Unidos, país con el que hace
poco más de un año suscribieron un Tratado de Libre Comercio,
el cual fue considerado como una victoria por el Presidente Lagos. No
hemos escuchado ni anuncios de nacionalización de empresas ni guerra
contra los americanos ni mucho menos conflicto con sus vecinos Bolivia
y Argentina, con quienes por cierto, su país mantiene diferencias
limítrofes aún pendientes de resolver.
Seguimos acudiendo a fenómenos políticos que aún
se encuentran lejos de nuestra realidad. Bachelet entrará a La
Moneda gracias a un pacto de la Concertación integrada por el Partido
Demócrata Cristiano, el Partido Socialista, el Partido por la Democracia
y el Partido Radical Social Demócrata. Todas fuerzas de izquierda
que durante la presidencia de Lagos han encontrado acuerdos y consensos
para llevar a este país de América del Sur hacia mejores
estadios de desarrollo económico y social. Por el contrario, en
nuestra querida patria hemos presenciado un escenario diferente: el desmembramiento
cada vez mayor en el FMLN y una radicalización de sus miembros
en contraposición de aquellos que están experimentando la
creación de lo que podría llegar a ser esa nueva izquierda
en El Salvador; la responsable, la concertadora.
Bachelet no es la nueva abanderada de los que creen en el intervencionismo
ni de aquellos que consideran que deben cerrase las fronteras al comercio
y a la globalización. No es una nueva enemiga de los Estados Unidos
ni un nuevo eslabón de la tríada Chávez-Castro-Evo
o un nuevo guerrero en contra de los Tratados de Libre Comercio. Bachelet
es el símbolo de la esperanza, de la cordura política, del
consenso y de la responsabilidad de todo aquel que obtiene el favor de
los electores. Bien por Chile y bien por la democracia.
*Secretario de Asuntos Legislativos y Jurídicos
de la Presidencia de la República.
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