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La Nota del Día
Evo y su suéter, para ponerse a llorar

El suéter es un rechazo a normas elementales de cortesía, a lo que cohesiona el trato civilizado y da cuerpo a las ceremonias en todo el mundo: la elegancia, gracia y vistosidad

Publicada 17 de enero 2006 , El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Un número de señales saldrán de la venidera toma de posesión de Evo Morales, el cocalero, partiendo por la clase de asistencia a la ceremonia y la indumentaria del flamante futuro presidente de Bolivia.

Si se presentará con suéter al acto, como lo ha llevado en su recorrido por las casas de gobierno de media Europa, o si va a vestir el tradicional atuendo boliviano, está por verse, aunque nadie puede descartar que se ponga saco y corbata para el evento, ya que no se podría disfrazar de militar como sus homólogos, los camaradas presidentes de Cuba y Venezuela.

Todo es posible en el altiplano, como lo contempla estupefacto el mundo civilizado: el principal punto del programa de “gobierno” de Morales es legalizar el cultivo de coca en todo el país. La interrogante, desde luego, es: ¿Qué fin se dará a esa coca? La que consumen los propios bolivianos se cultiva de sobra en la única región autorizada para ello, de donde sale una sustancial porción para convertirse en cocaína, la misma que embrutece a un triste y aflictivo número de pobladores de la propia Bolivia y de sus vecinos. ¿Y qué harán al respecto los Estados Unidos, el principal mercado de cocaína del mundo?

Volvamos a la toma de posesión de don Evo. Al magno acontecimiento asistirán, y así lo declaran a los cuatro vientos, los fraternos partidos de extrema izquierda de numerosos países y en primera fila los narcoterroristas de Colombia, también vinculados medularmente a la coca. Si llegarán con suéter, se pondrán saco o inclusive si van a lucir corbata, también está por verse. Los europeos, por su parte, enfrentan problemas de reciprocidad: devolver a Evo la afrenta del suéter o disimular la salvajada. Porque el suéter es un rechazo a normas elementales de cortesía, a lo que cohesiona el trato civilizado y da cuerpo a las ceremonias en todo el mundo: la elegancia, gracia y vistosidad con que se marcan los grandes actos de los pueblos.

Política radical y crimen organizado

De acuerdo con la prestigiada revista U.S. News & World Report, hay un trasfondo en esto de grave importancia: el creciente involucramiento de grupos terroristas y movimientos políticos radicales con el crimen organizado. En más y más países la separación entre delincuencia y los fanáticos políticos prácticamente ha desaparecido, comenzando por la relación entre Al Qaeda y el vil comercio de la heroína y el hachís. En los años ochenta el Departamento de Estado estadounidense publicó fotos de cabecillas sandinistas trasegando cocaína a un avión.

Si Evo sigue adelante con su “programa de gobierno” le será inevitable llegar al choque con sus vecinos, aun cuando en esos países “fraternos presidentes revolucionarios” estén en el poder. Pues muy revolucionario puede ser un presidente, e inclusive alguien que se haya asociado con delincuentes, pero la cosa cambia de color si sus ciudades y poblados se inundan de cocaína y “crack”.

Además un cocalero pronto cae en el resto de linduras: contrabando, prostitución, casas de juego. Lo peor, desde luego, es la droga, por los profundos e irreversibles perjuicios que causa. Y de esto están conscientes los militares bolivianos, que no pueden permanecer impávidos contemplando a su patria hundirse en un estercolero. La democracia no entrega cheques en blanco a nadie y menos a cocaleros.


 

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