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El
Diario de Hoy
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Un enorme atasco se produjo el sábado cuando buseros cerraron
la ruta al aeropuerto en protesta por el asesinato de un cobrador que
se negó a pagar extorsiones de mareros. El asesinato, el sexto
en lo que va del mes, se suma a los atracos, vejámenes, exigencias
y barbaridades que perpetran mareros contra el transporte público,
haciendo del oficio una ocupación de altísimo riesgo.
Los buseros tienen toda la razón del mundo en protestar, pero no
deben hacerlo afectando al resto de la gente. Cerrar la vía al
aeropuerto perjudica a los viajeros, afecta al país presentándolo
como uno donde muchos toman la ley en sus manos y, encima de ello, es
innecesario. Los salvadoreños están muy sabedores de lo
que pasa, comenzando porque también son víctimas de mareros
y criminales de toda laya.
La población no acaba de comprender cuál es la causa de
este desborde de la delincuencia, aunque muchos comienzan a ver claro:
hay delincuencia porque hay impunidad y hay impunidad porque un grupo
de jueces vinculados a la extrema izquierda están liberando a los
criminales a las puertas de los tribunales. La campaña contra “Zacatraz”,
la cárcel de máxima seguridad, es dirigida por los comunistas,
que ya han marchado en beneficio de los reclusos; el objetivo es declarar
“inconstitucional” el que haya prisiones donde se custodie
a los peores delincuentes. Estas, debe agregarse, existen en todos los
países del mundo; en Estados Unidos el sistema carcelario va desde
los que tienen su casa por cárcel, hasta la de Guantánamo,
donde están detenidos algunos de los más peligrosos terroristas
del globo.
A estas alturas, los buseros deben estar claros sobre quienes son los
jueces que sacan libres a mareros, creando el clima de impunidad que ha
venido agravando la criminalidad en El Salvador. El país entero
mira cómo de la Procuraduría de “Derechos Humanos”
corren con lupa a asegurarse de que las garantías a los delincuentes
se cumplan milimétricamente, pero ninguno de ellos acude a ver
los cadáveres de motoristas y cobradores asesinados, o se afligen
cuando los autores de las atrocidades entran por una puerta y salen por
la otra en ciertos tribunales. Proteger al delincuente y burlarse de las
víctimas parece ser la regla que guía a un número
de juzgadores; como en el caso de dos periodistas enjuiciados a puras
patrañas, se ordena la captura de ellos coincidiendo con la liberación
de un grupo de secuestradores.
Cuando el asesinato es “infracción”
Motoristas y cobradores, asesinados a quemarropa, son una parte de las
víctimas de la impunidad imperante, la impunidad que por las señas
que hay, es patrocinada por los rojos. Hay personas secuestradas, comunidades
enteras que viven en un estado de terror, muchachas violadas, mareros
rehabilitados a los que descuartizan, negocios que pagan impuesto de guerra,
automovilistas asaltados. La letanía del espanto es interminable,
como parece ser interminable la puesta en libertad de los “bebés
asustados” causantes del baño de sangre y dolor. La impunidad
inició al entrar en vigencia las “leyes para suizos”
y en particular la “ley del menor infractor”, pues asesinatos,
violaciones, asaltos, robos a mano armada y similares atrocidades cometidas
por menores de edad, no pasan de ser “infracciones”. Habrá
que preguntar a las víctimas si están de acuerdo con la
semántica empleada y el “espíritu” del monstruo
legal.

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