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Foto: EDH |
Iliana Colocho
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
En la infancia, como es lógico suponer, los factores de riesgo
suicida deben ser detectados principalmente en el medio familiar. Por
lo general, el clima emocional es caótico.
Los padres que se encuentran en constantes peleas llegan a la violencia física o se dirigen a los integrantes más vulnerables, en este caso los más jóvenes. Las depresiones y el estrés se ponen de manifiesto”, asegura el doctor Sergio Andrés Pérez, en un estudio sobre los Factores de Riesgo Suicida en la Niñez.
Hasta un 2.5 por ciento de los niños sufren, a menudo sin que se diagnostique, depresiones, que afectan incluso a pequeños entre uno y tres años. “Estas pueden llevar al suicidio en menores de diez”, explica el especialista.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta enfermedad, que puede afectar a entre un 0.4% y un 2.5% de la población mundial, se manifiesta en un talante negativo así como falta de ánimo, interés y alegría prolongados, cansancio, trastornos del sueño y “tristeza” constante.
Para la licenciada Edith Yanira Barrera, experta en psicología infantil y juvenil, en el país no se puede hablar de un porcentaje de niños suicidas. Sin embargo no implica que no existan. Los niños, en un estado depresivo grave, pueden tener ideas e intentar suicidarse desde su misma inocencia, desde su percepción sobre lo qué es la muerte. “Los pequeños no la visualizan como lo hace un adulto o un adolescente”, agrega.
Por lo general los niños conocen del suicidio por alguna experiencia sobre el tema, como es la visualización de este tipo de actos en la televisión. En otras ocasiones, el concepto se va adquiriendo mediante diálogos con compañeros de su misma edad que han tenido familiares suicidas o por conversaciones que escuchan a los adultos. Lo reconocen como una alternativa a su desánimo.
Por otra parte, también hay depresiones en los niños que tienen causas orgánicas o externas, como enfermedades, duelo familiar, separaciones, acoso en el colegio o abuso sexual; casos en los que se trata de identificar los motivos y poner remedios.
Otros factores
“Otra causa de riesgo suicida de importancia en la niñez es la presencia de esta conducta en alguno de los progenitores. Aunque no está demostrado que el suicidio esté determinado genéticamente, es un hecho que puede ser imitado, principalmente, por las generaciones más jóvenes”, describe el doctor Pérez.
En otras ocasiones lo que se transmite es la predisposición genética, no para el suicidio, sino más bien para alguna de las enfermedades en las que este síntoma es frecuente, como las depresiones y las esquizofrenias, en cualquiera de sus formas clínicas.
Un suicidio inocente
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Foto: EDH |
Según la psicóloga Dorys Linares, un menor también puede atentar contra su vida de una forma accidental, por imitar su entorno. “Ellos siempre recrean lo que ven en la televisión. No hacen diferencia entre lo real y lo que no lo es. La forma más fácil de lastimarse es a través de una soga o jugar al hombre volador. Es lo que comúnmente ven. El niño puede causarse daño a si mismo. Inclusive a otros”, sostiene.
Una vigilancia responsable es una medida a tomar, ya que no se puede dejar solo al pequeño frente a la niñera electrónica: la TV.
La actitud de la familia ante el intento de suicidio infantil constituye otro dato de suma importancia y, cuando sea posible, hay que evaluar la capacidad que tienen los padres para comprender y modificar los factores que han predispuesto el intento.
“Es necesario que la familia comprenda que la conducta suicida siempre indica una adaptación inadecuada y requiere tratamiento psicológico, psiquiátrico o ambos, según sea la gravedad del caso y nunca limitarlo a la resolución de la crisis suicida”, aconseja la licenciada Barrera.
Algunos desencadenantes
- Los motivos que pueden desencadenar una crisis suicida infantil son variados y no específicos, pues también se presentan en otros niños que nunca intentarán contra su vida.
1- Presenciar acontecimientos dolorosos.
2- Predomina un ambiente de maltrato físico, abuso emocional y sexual.
3- Problemas escolares, ya sea por dificultades de aprendizaje o disciplinarios.
4- Búsqueda de atención.
5- Deseo de reunirse con un ser querido recientemente fallecido y que constituía el principal soporte emocional del niño o la niña.

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