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Economía para todos
Competencia, monarquía y Sting

Ocurre que en el marco del tratado de libre comercio con los Estados Unidos, desde hace tiempo ya se habían negociado “cuotas de importación” para ciertos productos, tales como el maíz, la carne de cerdo

Publicada 10 de enero 2006 , El Diario de Hoy


Alejandro Alle*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

¿Leyó usted las noticias económicas durante la semana pasada? ¡Ah!, todavía andaba celebrando el año nuevo. Pero no se preocupe, porque aquí analizaremos los tres principales temas publicados, que coincidentemente están unidos por un hilo común llamado… competencia.

¿Cuáles fueron las noticias? La entrada en vigencia de la Ley de Competencia, el “consenso” por las cuotas agrícolas (¿what?), y la publicación del Indice 2006 de libertad económica por duodécimo año consecutivo por parte de la fundación estadounidense Heritage, en conjunto con el diario Wall Street Journal.

Tal como estaba previsto, en El Salvador entró en vigencia la Ley de Competencia, que en su artículo primero indica tener por objeto la “…eliminación de prácticas anticompetitivas que, manifestadas bajo cualquier forma limiten o restrinjan la competencia o impidan el acceso al mercado a cualquier agente económico…”

Es una buena noticia, ya que como puede concluirse del citado texto, cuyo espíritu se mantiene a lo largo de los cincuenta y ocho artículos que componen la ley, se trata de un instrumento que tiene la mejor de las intenciones.

¡Ah!, pero al dar vuelta a la página del diario aparecía, vestida de seda, la noticia sobre la “gradualidad en la cuota agrícola”, y sobre el “consenso” alcanzado en consecuencia. Pero aunque a la mona la vistan de seda, mona queda…, porque esa no es una buena noticia.

¿De qué se trata?


Ocurre que en el marco del tratado de libre comercio con los Estados Unidos, desde hace tiempo ya se habían negociado “cuotas de importación” para ciertos productos, tales como el maíz, la carne de cerdo, el arroz y los lácteos.

Por dicha razón, sólo estará libre del pago de aranceles, que son impuestos de importación, un máximo tonelaje anual de cada uno de tales productos. De allí en más, todas las toneladas adicionales que se importen pagarán impuestos.

El argumento usualmente utilizado para justificar este tipo de medidas es proteger a la industria y al empleo local (pregunta: ¿quién protege a los consumidores, también locales…, que son los que finalmente pagan?).

Asimismo, suele argumentarse que las cuotas existen para “evitar que el mercado se inunde” de determinadas mercaderías (¿y si se inunda, qué?, mal negocio para el importador que trajo demasiadas cosas…, tal como podría ocurrir en cualquier otro mercado).

Mmh…, ¿o será que esas industrias quieren limitar en lo posible la oferta importada, para así evitar que bajen demasiado sus precios de venta? (¡oops!). Bueno, sin dudas el TLC constituye un paso muy importante en la dirección correcta, que es el comercio verdaderamente libre. Pero en la letra chica a veces viene con esas mañas, que más temprano que tarde deberían ser corregidas.

Lo que definitivamente no es bueno es que se convalide el concepto ¿monárquico? de “importador histórico”, en virtud del cual podrán acceder a importar un enorme porcentaje de las mencionadas “cuotas”, sólo aquéllos que acrediten haberlo hecho en el pasado. Eso no es para proteger empleos, sino empleadores… (¡doble oops!). La discusión de la semana pasada era si dicho porcentaje sería 80% o 95%.

¿Cuánto debería ser el porcentaje “garantizado” a los importadores históricos? Cero, tal como ocurre en todas las industrias donde hay competencia verdadera, y tal como le conviene a los consumidores. Además, sería la única forma de no contradecir el sano espíritu del artículo primero de la Ley de Competencia (vuelva unos párrafos, y léalo de nuevo…).

Y ¿sabe qué?, fueron justamente estas cuotas las que afectaron de manera negativa la calificación de El Salvador en el Indice 2006 de libertad económica, reporte que llega a manos de todos los inversionistas del mundo. ¿Será así?

Exactamente, porque dicha publicación, consistente en un análisis detallado del comportamiento económico de 157 países a través de la medición de diez variables claves, la primera de las cuales es la política comercial, menciona en la página 173 a “la existencia en El Salvador de un sistema de cuotas de importación” en el sector agrícola, como la causante directa de la reducción en su calificación comercial. ¡Triple oops!

¡Ah!, como usted imaginará, a Wall Street no le interesa demasiado la cocina cuscatleca, ¿eh?..., simplemente se mueve con mensajes. Y a través del Indice 2006 mandaron un “Mensaje en una botella”, como canta Sting.
Hasta la próxima.

*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy.

 

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