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Aggiornamento
Cristiani, el viraje histórico

Los resultados positivos de la nueva política económica no se hicieron esperar, pues la economía creció entre el 5 y el 7%. La inflación, que había llegado al 32%, bajó sustancialmente

Publicada 9 de enero 2006 , El Diario de Hoy


Carlos Sandoval*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Los dos grandes desafíos que encontró Alfredo Cristiani al asumir la presidencia de la República, en 1989, fueron la crisis económica y la crisis bélica. El reto era mucho más grave y complejo si se toma en cuenta que no se podía resolver el malestar económico, si se desatendía el político y viceversa. Ambos estaban ensamblados.

Las medidas que adoptó Cristiani, para tratar de sacar al país de la barranca en que se encontraba, fueron tres: eliminar la regulación económica, liberar el comercio exterior y privatizar el sistema bancario. Con ellas no sólo cumplía con su promesa electoral de “empequeñecer el Estado”, sino que también tomaba las más adecuadas y convenientes para revertir la política populista y demagógica de José Napoleón Duarte. Durante el gobierno demócrata cristiano, el país había retrocedido 10 años.

En lo que respecta al problema político, Cristiani adoptó el método del diálogo, como lo había hecho Duarte. Su esfuerzo fue tenaz y constante, pues como me dijo en cierta ocasión, en un lenguaje deportivo, “el máximo trofeo al que puede aspirar un mandatario es al de la paz”. Consecuente con este anhelo nombró una Comisión Nacional de Diálogo integrada, entre otros, por Alfredo Santamaría y David Escobar Galindo.

Cristiani le dio al país un viraje histórico, copernicano. ¡A grandes males, grandes remedios! Además de formar un equipo de tecnócratas jóvenes --entre los que se encontraban Arturo Zablah en Economía, Mirna Liévano de Marques, en Planificación, y Rafael Alvarado Cano en Hacienda-- sabía que el buen manejo de la hacienda pública no era cosa del deus ex machina sino de una planificación realista, adecuada y fundamentada.

Al poco tiempo las medidas se convirtieron en los factores clave para superar la década perdida. Indudablemente que su gestión se vio afectada por la destrucción de la guerrilla a la infraestructura económica, los fenómenos naturales y la crisis mundial.

Alfredo Cristiani no era un político profesional, sino un empresario con sentido político. Decía que esta clase de profesionales sólo buscaba vivir de las canonjías y prebendas del presupuesto. A su ponderación y paciencia se unía la virtud de saber escuchar. Después de analizar y ponderar la política económica del llamado Consenso de Washington, decidió aplicarla en forma racional y discriminada. Es decir, él no inventó esa política económica, sino que la implantó en el momento oportuno y necesario.

Entre las principales medidas que tomó están: unificación de los aranceles al 20%; eliminación del monopolio de las divisas y de los distintos tipos de cambio; erradicación del mercado negro de dólares; supresión de los controles de precios; liberalización de las exportaciones del café y del azúcar; privatización del sistema bancario y fortalecimiento de la superintendencia financiera; liberalización del destino de los créditos que estaban bajo el control del Banco Central de Reserva; adopción del IVA y supresión de una cantidad engorrosa de impuestos hasta quedar sólo el de la renta, los aranceles y los impuestos especiales al alcohol, los cigarros y la cerveza.

Los resultados positivos de la nueva política económica no se hicieron esperar, pues la economía creció entre el 5 y el 7%. La inflación, que había llegado al 32%, bajó sustancialmente; las divisas, drásticamente negativas al final del gobierno de Duarte, comenzaron a crecer y se recuperó la confianza del inversionista.

Aunado al éxito económico, Cristiani logró la pacificación del país. Es claro que este mérito se lo regatea la izquierda y lo minimiza la derecha ultramontana. No sé de dónde salió el grotesco infundio de que él no quería ir a Nueva York a firmar los Acuerdos de Paz, cuando esto significaba alcanzar el máximo trofeo político, capitalizable en muchos aspectos; de continuar el conflicto armado, su gestión económica habría colapsado.

Además, también era previsible que al concertarse la paz, tras un largo y difícil proceso de negociación, el FMLN perdería la aureola del cambio. Tenía que reintegrarse al sistema. El simbólico apretón de manos que le dio Cristiani, urbi et orbi, al FMLN, fue la de un caballero, aunque también significó el amansamiento de los comandantes. La guerrilla se vanagloriaba de no haber sido derrotada, pero le sucedió algo peor: fue domesticada. Ahora son burócratas de saco y corbata y segundo Frente.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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