| Ricardo
Chacón*
El Diario de Hoy
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Hurgando los periódicos españoles, me encontré un
interesante artículo sobre la situación política
de España, donde el abogado Juan José López Burniol,
utiliza, o toma como excusa las ideas de Alexis de Tocqueville, para plantear
la apatía ciudadana, la puesta en marcha de una reforma sustancial
del sistema autonómico español, realizada por el Gobierno
con respaldo de una mayoría democráticamente indiscutible
y legítima pero insuficiente.
Además del análisis político coyuntural, me llamó
la atención la utilización del pensamiento de Tocqueville;
de inmediato me surgieron las interrogantes, ¿por qué tomar
este autor? ; todavía más, ¿por qué no lo
hago yo?
Y realmente es un buen camino, se trata del pensamiento de un aristócrata
francés, quien no sólo hizo un profundo análisis
sobre la democracia de Estados Unidos a mediados del Siglo XVIII, sino
que se atrevió a ver más allá de los hechos.
Se trata de un ferviente partidario de la libertad, que considera este
principio como esencial para el progreso de los pueblos, aceptando, no
obstante su origen de la antigua nobleza, las conquistas más decididas
de la Revolución Francesa, a la que juzgaba como el anhelo imprescindible
en la historia del mundo, para posibilitar la formación de una
conciencia civil en los ámbitos de los estados.
Es un acérrimo defensor de las autonomías locales comunales.
Cuenta la historia que en 1839 fue diputado por La Manche, mostrando en
el Parlamento un notable espíritu de independencia de criterio,
basado siempre en los principios del liberalismo, especializado y orientado
constantemente hacia la solución de los problemas planteados por
el manejo de lo económico y del desarrollo de lo educativo.
Sus obras más importantes son La democracia en América,
que trata sobre el efecto de la democracia en las estructuras sociales,
y El antiguo régimen y la revolución, en el que analiza
el poder político desde la centralización y la burocracia.
Su idea es que en la sociedad moderna todo lo que separa a las personas
del antiguo régimen es el poder, ya que el poder de la democracia
es más eficaz que cualquier otro sistema político, y para
llegar a esta democracia deben desaparecer todas las instituciones del
antiguo régimen.
Tocqueville considera que las fuentes de poder democrático tienden
a igualar el status, así como a la liberación de los rangos.
Así mismo desaparecen las instituciones y poderes intermedios,
entendiendo al pueblo como una sola entidad.
Me parece que es un autor interesante, aún más, y por eso
me gusta, fue un intelectual visionario; proviene de una familia noble
posterior a la revolución, pero que no se queda en el pasado, en
la remembranza o fanatismo, trata de mirar la historia hacia delante.
Se trata de una visión positiva, y esto lo muestra en el análisis
sobre la democracia en Estados Unidos. Previene, por ejemplo, que existe
la tentación de que la posibilidad de la igualdad impulse a los
hombres y mujeres, en lugar de querer ascender todos al rango de los grandes
y a querer ser “todos fuertes y estimados”, a pretender “atraer
a los fuertes al nivel de los débiles”, para hacerlos iguales
en el envilecimiento y la servidumbre.
Pues bien, he querido especular sobre este autor este día, cuando
gentilmente me ha cedido El Diario de Hoy un espacio para expresar mis
ideas; pretendo hacer en este espacio domingo a domingo, un lugar de reflexión,
exponer lo que pienso y siento, como siempre lo he hecho, teniendo de
base la libertad, la responsabilidad de los hombres libres.
Pretendo ver hacia adelante, hacia el futuro, sin olvidar de dónde
venimos, pero no quejarme de lo que tenemos y llorar como niños
por no haber hecho lo que nos tocaba hacer en el pasado.
No sé sí lo lograré, no tengo la capacidad de Tocqueville,
sin embargo quiero emularlo y ser un permanente hombre que reflexiona
sobre la modernidad, que pueda ver más allá de las apariencias
y dar luz sobre temas de la vida nacional. Espero poder cumplirles.
*Editor jefe de El Diario de Hoy.
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