| Pedro
Roque*
El Diario de Hoy
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El título me lo inspiró un cartelito que leí en
la catedral de San Vicente, donde pasé el 31 de diciembre junto
con mis hermanos, unos de aquí y otros, después de tantos
años de vivir en Estados Unidos, casi de allá, aunque lo
que más desean, como muchísimos salvadoreños en otros
países, es volver y vivir aquí.
Enamorarse quizás sea una buena solución para mejorar nuestra
calidad de vida en el 2006. Por ejemplo, buscar y encontrar lo bueno y
único del cónyuge y reforzando los lazos invisibles del
amor, enamorarse de nuevo.
Enamórese de su trabajo y hágalo bien, priorizando su calidad
de vida y sincronizando y acompasando lo profesional con lo personal y
lo familiar.
Enamórese de hacer lo correcto y justo. Si el año pasado
cometió agravios y se le pasó la mano, aunque su entorno
no lo haya notado o si lo notaron no dijeron nada, no lo haga de nuevo.
Al final y a largo plazo es mejor ser correcto y justo, que pasar por
listo o desagradecido.
Me explicó hace años en España un amigo estudioso,
que según los principios de la Metafísica (la conjunción
del ser, lo sobrenatural y la filosofía), todo lo que hacemos bueno
revierte en bueno y todo lo incorrecto y las injusticias que cometemos,
se revierten con el tiempo en situaciones desagradables, enfermedades
y disgustos a los que no se les encuentra explicación y pueden
ser tan graves, que incluso afecten a las siguientes generaciones. En
esto, como en otras cosas no hay evidencia, pero siendo precavidos, es
mejor enamorarse de lo justo y alejarse de lo injusto.
Enamórese de El Salvador y cuídelo. Aquí nacimos,
nos criamos y sobrevivimos circunstancias naturales adversas, como los
terremotos y el cambio climático y otras sociales, como la guerra
fratricida y, actualmente, el crecimiento galopante de la inseguridad
ciudadana, que ojalá las nuevas autoridades puedan frenar pronto.
Enamórese de su futuro y no lo deje en manos ajenas, no abuse de
nada ni de nadie para que nada ni nadie abuse de su buena voluntad.
Enamórese de la limpieza. Imagínese su casa, su calle, su
empresa, su ciudad y su país limpio, como España, Alemania,
Japón o Estados Unidos. Si consigue imaginarse muy limpio lo que
ve a su alrededor, le aseguro que ensuciará menos hasta lograr
que este país sea limpio.
Enamórese del respeto al conciudadano que utiliza las calles y
carreteras, maneje durante 2006 con menos agresividad y más prudencia.
Ordénese a la derecha, deje el carril de la izquierda para adelantar,
no aparque su vehículo donde hace estorbo; que no se le vayan los
frenos, haga el mantenimiento adecuado, frene en amarillo, ceda el paso
al peatón y sea cuidadoso y prudente con su vida.
Enamórese de su salud y protéjala como lo más preciado;
no abuse del tabaco, del alcohol o de las drogas. Los que hoy son jóvenes
creen que no pasa nada, pero los que ya pasamos los sesenta, hemos llevado
una vida un tanto ordenada y estamos más o menos bien, sentimos
nuestra ventaja al ver a otros, que pensando que se divertían,
cometieron abusos cuando jóvenes y hoy, con menos de sesenta, tienen
serios problemas de salud.
Enamórese de su lugar de nacimiento, redescubra en este año
su cantón, su pueblo o su ciudad natal. La mejor forma de hacer
turismo, es visitando las bellezas que tenemos aquí. Yo disfruté
de la esplendorosa vista y respiré el aire puro del Valle de Jiboa
en la mañana del primero de enero, y al tratar de recordar otro
lugar en el mundo que se parezca, concluí que es único,
es nuestro y lo tenemos aquí. Nuestras playas, con menos basura
y un mejor sistema de manejo de los residuos urbanos e industriales, son
más lindas que las del Mar Mediterráneo, California o la
Florida.
Enamórese de Jesucristo, decía el cartel en la catedral
de San Vicente. Al margen de su grado y compromiso religioso o espiritual,
sí es mejor enamorarse de los entes buenos y, Jesucristo es un
Ente Bueno.
En términos metafísicos, nadie se va de este mundo sin haber
saldado sus incomprensiones, desagradecimientos e injusticias y si se
logra escapar, según me explicó mi amigo filósofo-teólogo,
les quedarán las deudas a sus descendientes.
Enamórese de usted mismo y del año 2006, para que siendo
una mejor persona, le traiga mucha más prosperidad y felicidad.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.
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