|
El
Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Mañana tras mañana en programas televisivos, entrevistas y publicaciones, los pesimistas de profesión plantean "sustituir el fracasado sistema económico", al que atribuyen la pobreza y las lacras que sufre el país. "Analistas" de la izquierda, politicastros, curas de sotana roja e "idiotas sin fronteras" repiten incansablemente que "los pobres son cada vez más pobres", atacando el TLC, el capitalismo, las maquilas, las transnacionales y los banqueros. El mensaje directo o subliminal es que el único camino a la felicidad pasa por Cuba, por la revolución bolivariana y por lo que promete el cocalero boliviano.
Se parte con frecuencia preguntando por qué el desarrollo "no llega a los pobres", dando por sentado que si hay un crecimiento de inmediato se debería beneficiar hasta el último poblador del país.
Históricamente eso nunca sucedió; cuando el noreste de Estados Unidos era muy rico y contaba con algunas de las más prósperas ciudades del mundo, en las regiones sureñas mucha gente iba descalza, mientras en el oeste los colonizadores abrían brecha en las praderas y las selvas a costa de enormes sacrificios e inclusive de su propia vida. La tierra se regalaba, pero volverla productiva fue el desafío para esos granjeros.
¿Por qué hay pobres en El Salvador? Las cifras de las organizaciones mundiales comprueban que la pobreza va en retroceso: cada vez más familias tienen acceso al agua, a servicios de salud, a carreteras y a la educación. Empleo hay y mucho, pero sobra gente que prefiere vivir de las remesas y holgazanear, que tomarlo. Pese a ello los que pasan la mayor parte de su tiempo en la hamaca esperan recibir más ayuda, incluida casa, comida y divierta.
Hacer de cada ciudadano un productor
La pobreza que con muchas dificultades hemos ido superando aquí es resultado de dos graves hechos: la agresión comunista de la Década de los Ochenta, que nos hizo retroceder más de una generación, y las reformas estructurales del duartismo, que aniquilaron la agricultura. Las tierras más productivas del país, generadoras de excelente empleo a todos los niveles, están casi en el abandono. Donde había extensas siembras, sólidas instalaciones y personal calificado, se pasó a yermos potreros y galpones en ruinas. De la agricultura de uso intensivo de capital caímos en una agricultura de subsistencia.
A esto deben agregarse los desastres naturales (tres terremotos en veinte años y dos huracanes), las crisis financieras y las guerras internacionales, alzas exorbitantes en los precios del petróleo y toda clase de conmociones políticas. El milagro es que pese a tanta adversidad el país haya reconstruido gran parte de la devastación de la guerra y además ordenado su economía.
Existen fórmulas para sacar a un pueblo del subdesarrollo, pero todas pasan por un sistema de libre mercado, apertura comercial, seguridad jurídica y el deseo de los pobladores de superarse como personas, familias, sectores, vecindarios y ciudades. La educación juega un papel muy importante cuando es enfocada a formar, responsabilizar, hacer que la gente piense, investigue y adquiera el deseo y afán de saber y poder más. En esto pueden contribuir universidades y centros de enseñanza abocados a educar con calidad a ciudadanos honestos, constructivos y con actitudes positivas en la vida. El mejor ejemplo al respecto son los programas puestos en marcha por Irlanda, el nuevo milagro económico.

|