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Breve análisis
En el cruce de caminos L.A.
América Latina tiene la oportunidad de discutirse a sí
misma, en libertad y democracia, de identificar los problemas más
graves que la afectan, y procurar construir una sociedad más justa
Publicada 5 de enero 2006 , El Diario de Hoy
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| Raúl
Alfonsín*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
El año pasado se distinguió, aún con mayor claridad
e intensidad, un creciente número de países latinoamericanos
decididos a trabajar con la finalidad de ampliar los márgenes de
autonomía nacional y regional.
La elección de José Miguel Insulza, como Secretario General
de la Organización de Estados Americanos, y la consecuente derrota
del candidato sostenido por la administración Bush, marcan la tendencia
declinante del liderazgo continental de Estados Unidos.
No sólo perdió el control de la OEA, una organización
que por lo general había respondido a los intereses estadounidenses;
tampoco logró que la Cumbre de las Américas celebrada en
Mar del Plata emitiera una declaración por unanimidad en apoyo
de sus pretensiones comerciales y políticas. Este retroceso es
más visible si se considera que se trata de una instancia concebida
originariamente para promover la defensa de esos intereses.
Han fracasado también los intentos de la Casa Blanca de disciplinar
al gobierno de Venezuela; tampoco ha logrado que importantes gobiernos
de la región adhieran a la política de aislamiento que pretende
imponerle a Caracas. La misma frustración la sufre en su intención
de obtener apoyo regional a su política de involucramiento directo
en el conflicto que afecta a Colombia.
En lo que hace a los distintos proyectos de integración, tanto
a nivel continental como subregional, puede diferenciarse entre aquellos
países que procuran previamente una coordinación y cooperación
entre sí, con la intención de mejorar la capacidad negociadora,
y aquellos otros que procuran una relación directa con Washington.
En el primer grupo está el proyecto de construir la Comunidad de
Naciones Sudamericanas, impulsado por Brasil y respaldado sobre todo por
Argentina y Vene-zuela. Los países del Mercosur --los ya nombrados
Brasil y Argen-tina, más Paraguay y Uruguay-- no buscan la confrontación
con nadie, sino la defensa de sus respectivos intereses nacionales y de
un orden internacional más justo y democrático.
En el segundo grupo, el de aquellos países que procuran una relación
directa con Washington, se pueden distinguir dos matices: los que lo hacen
de modo individual, como Colombia, Ecuador y Perú, y aquellos que
lo buscan desde una perspectiva regional: los países de Centro
América y la República Dominicana. Todos ellos estarían
en línea con la política ya inaugurada por México
o, de un modo más tenue, con la de Chile.
La confrontación por razones ideológicas podría tener
consecuencias políticas, que afectarían toda la región,
si se agravare la tensión entre Venezuela y Estados Unidos, o si
se produjere un triunfo electoral del Frente Sandinista de Liberación
Nacional, en Nicaragua.
La eventual composición de un triángulo que uniere La Habana,
Caracas y Managua, sería considerado por Estados Unidos como una
amenaza para la estabilidad de la región, y tendría la peligrosa
consecuencia de incluir a América Latina en la agenda de seguridad
de la Casa Blanca. El triunfo de Evo Morales en Bolivia podría
aumentar la preocupación de Washington.
Sin embargo, América Latina no debe ser vista sólo en sus
relaciones con Estados Unidos. Existe una honda y permanente preocupación
por la situación interna de ciertos países que sufren crisis
políticas e institucionales casi permanentes. Otro problema que
afecta a muchas naciones latinoamericanas, e incluso a Estados Unidos,
en su frontera con México, es el que producen las migraciones masivas.
A veces son las condiciones económicas sociales las que actúan
como detonante para expulsar a miles y miles de nacionales, y otras veces,
en especial en el pasado, lo han sido situaciones de violencia.
Si la pobreza y la violencia no desaparecen, será imposible evitar
el fenómeno de desplazamientos de pueblos enteros, y la violación
de los derechos humanos de estas personas seguirá representando
una vergüenza para quienes creemos en la dignidad humana.
América Latina tiene la oportunidad de discutirse a sí misma,
en libertad y democracia, de identificar los problemas más graves
que la afectan, y procurar construir una sociedad más justa.
Copyright: Project Syndicate. *Ex Presidente de Argentina.
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