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Un jugador todoterreno

Gabriel Benjumea, ex futbolista de Alianza, sigue en el país y trabaja para Ricardo Padilla. Se dedica a estampar marcas en las camisetas deportivas

Publicada 5 de enero 2006, El Diario de Hoy

César Najarro
El Diario de Hoy
Lo que hace. Gabriel explica su labor en la empresa Jaguar Sportic. Foto EDH
deportes@elsalvador.com

Brusco. Así califica el cambio de 180 grados que ha experimentado en lo laboral Gabriel Benjumea.

El polifacético colombiano, que jugó para el Alianza en el Clausura 2005 como volante y defensa, desde agosto de 2005 dejó a un lado el fútbol y se pasó al planchado para estampar las marcas de camisas.

Ahora tiene horario de oficina y fines de semana libres, se dejó crecer un poco el pelo y sueña con volver al fútbol. Por eso, los sábados y domingos se va con un compañero del departamento de serigrafía a jugar a las colonias. “Para no perder la forma”, aclara.

Con lenguaje técnico explica que hay dos pasos en el trabajo que ahora desempeña. “El primero es el estampado, y el otro, el sublimado. A mí me toca planchar lo que se estampa”. ¿Ya sos todo un experto?, se le pregunta. “Jajaja, no, para nada”.

El cambio

Todo comenzó cuando el Alianza de Padilla dejó de existir. Benjumea tenía contrato por un año con el equipo y, en agosto, al ver lo que pasaba, le dijo a don Ricardo Padilla que no quería regresar a Rioacha, su pueblo natal en Colombia.

“Allá hay poca oportunidad de entrar al fútbol en primera porque hoy los equipos sólo quieren gente de sus canteras, o se necesita un padrino bien firme para poder entrar”, explica.

Ante ello, optó por quedarse en el país a esperar que algún equipo se interese en él. “Tengo un boleto que el señor Padilla me dio de ida, pero y ¿quién va pagar por el de vuelta?, porque yo quiero regresar a jugar acá. Entonces, preferí quedarme”, cuenta.

Faceta pasada. Benjumea disputa la bola, cuando jugaba. Foto EDH

Eso, sumado a que anda de novio con una salvadoreña, le hizo tomar la decisión de quedarse. Fue entonces cuando Padilla le ofreció un trabajo en su empresa Jaguar Sportic.
“Lo de Rebeca (la novia) fue como amor a primera vista, pero también fue algo estúpido, porque estaba tan asustado que no le pregunté ni el nombre”.

Era un viernes, antes de un partido contra el Limeño. Al día siguiente, Benjumea, que conoció a la joven en una tienda cerca de la casa club, le rogó a Dios volverla a ver. “Ahí sí le pregunté el nombre y dónde vivía. Quedamos en algo, primero como amigos, y después de novios”, cuenta con una amplia sonrisa.

Desde entonces, su familia -su madre y 10 hermanos-, le llaman a ella desde Colombia para pedirle que cuide del ex aliancista.

En cuanto al fútbol, el colombiano dijo que el Telecom, de Segunda, estuvo interesado en él, pero no pudieron llegar a un acuerdo económico.

Para Benjumea, “el señor Padilla es como mi padre”, que ya falleció. “Él me dio trabajo, hospedaje, y hasta se preocupa de buscarme equipo, porque no quiere que vaya a terminar en uno donde no me paguen”, afirma.

Si no fuera por él, “estuviera en mi pueblo, o de vago acá. Por ahora, seguiré esperando, es que al fútbol es imposible dejarlo y olvidarlo”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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