| Roberto
López- Geissmann*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
La
delincuencia que asuela nuestra nación es implacable, numerosa
y pareciera incontenible. Todos los avances sociales que pudieran lograrse
serán entorpecidos, cuando no evitados, por esta plaga, que en
todo caso vuelve demasiado difíciles y costosos los resultados
de esfuerzos concertados por un buen Gobierno y una población a
la que se le escamotea el disfrute de cualquier obra por la amenaza misma
sobre sus vidas y propiedades que provoca esta violencia delincuencial.
Subrayando el apoyo que la población toda debe brindar a las autoridades
en esta guerra, aporto algunas ideas en torno a elementos que son de considerable
reflexión para su buen éxito:
1. La trampa del tiempo. Uno de los factores que más fácilmente
deteriora una buena gestión administrativa es copar a la dirección
(y a todos los niveles) de toda suerte de actividades que dejen escasísimo
el tiempo efectivo para el desempeño del combate sustantivo de
su actividad principal. Invitaciones, inauguraciones, premiaciones, discursos,
firmas de documentos, cursos y actividades en el exterior, acompañamientos
con funcionarios y muchos más... maniatan la fuerza efectiva de
los dirigentes.
Para el caso en particular lo importante y lo urgente son de tal envergadura
que la dirección tendría que encargar a un segundo bajo
supervisión para lo importante, coordinando estratégicamente
y dirigiendo personalmente lo urgente. Debe suponerse además todo
el apoyo institucional.
2. No hay ahora solución, sólo profesional. Una serie de
situaciones y decisiones ha llevado al combate antidelincuencia a un punto
en que remontar y vencer dicho tsunami hace estrictamente necesario rebasar
las medidas puramente profesionales, que podrían haber bastado.
La colaboración institucional como la de la Fuerza Armada; el saneamiento
y potenciación de fiscales y jueces, con su debida coordinación;
la reforma legislativa que sea necesaria y la orgánica implicación
de la población mediante una preparada y FORMAL declaración
de guerra, son ejemplos, entre otros a las medidas políticas y
macro políticas que se necesitan ahora.
3. Atención a contracultura negra. Ya lo hemos expresado e insistimos
a riesgo de provocar críticas, burlas o cualquier tipo de ataques,
pero no es festinado y existen elementos objetivos suficientes para ameritar
una investigación seria del fenómeno: la influencia de satanismo
organizado en las maras, como elemento a combatir especialmente.
4. ¿A quiénes aprovecha? Independiente del resultado propiamente
delictivo... Como ya dijimos, la prosperidad, el desarrollo y la esperanza
misma de todo el país están detenidos en parte por los delincuentes,
lo que lleva a minimizar logros de cualquier partido que se encuentre
en el Gobierno. Así, la oposición se favorece políticamente,
brindándole armas para atacar a los gobernantes, pero habrá
que distinguir, pues no se trata de toda la oposición, sino de
aquella que propugna las políticas, leyes y actuaciones que vuelven
más dificultoso poner en cintura a los enemigos de la sociedad.
Seguro es que si ellos estuvieran en el poder no obrarían como
ahora dicen que hay que hacerlo. Una de las pocas cosas buenas que los
sandinistas lograron fue limpiar la sociedad de delincuencia y lograr
una eficiente policía..., pero con métodos que son radicalmente
opuestos a los que propugna el partido de la extrema izquierda de acá,
e incluso más allá de lo aceptable.
5. Rechazo de las teorizaciones ultragarantistas. Haciéndoles el
juego, sin querer o queriendo, a los anteriores, pululan universidades,
organismos, ONG y personajes de un intelectualismo garantista pletórico
de teorizaciones que llevan al trato suave y a la solución a largo
plazo.
Aunque algo de lo que afirman es cierto no lo es el resto y menos aún
al negligir tomar en cuenta el agobio histórico y humano que sufre
nuestra sociedad, por lo que retirarse conciente, activa y decididamente
de estas influencias es imperativo YA.
*Lic. en Ciencias Políticas.

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