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Breve análisis
El consentimiento de perdedores

La Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (Fusades) planteó recientemente distintas reformas enfocadas en modernizar a las instituciones electorales salvadoreñas

Publicada 3 de enero 2006 , El Diario de Hoy

Rodrigo Chávez*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

La legitimidad de las democracias la dan los perdedores de los procesos electorales y no los ganadores. Los ganadores están siempre listos a reconocer las bondades de un proceso democrático y califican a dicha competencia como equitativa y justa.

Sin embargo, la respuesta de los perdedores no siempre es tan clara y se puede prestar a distintas acciones, desde violentas hasta no violentas. Por ello, la legitimidad del proceso descansa en las actitudes y acciones que los perdedores y sus votantes toman con respecto al proceso democrático en general. El éxito de las democracias modernas es que logran mantener un alto nivel de apoyo por parte de aquellos sectores que no logran ganar en el juego electoral.

El reconocimiento del triunfo del entonces gobernador de Texas, George W. Bush, en el año 2000, por el vicepresidente Al Gore, es un ejemplo de una actitud positiva por parte de los perdedores de un proceso democrático. Gore reconoció el triunfo de Bush a pesar que el 98% de sus votantes pensaban que él había ganado la elección. La actitud de Gore es lo que se espera de un político en una democracia moderna. Todo partido reconoce que “perder” es una condición necesaria para “ganar” en el futuro. Es decir, en una democracia los partidos están constantemente perdiendo y ganando elecciones.

El politólogo Michael McDo-nald, de la Universidad de Bing-hamton, realizó un estudio de 21 democracias en el mundo occidental. En su estudio concluyó que de los gobiernos electos entre 1950 a 1995, de estas 21 democracias, sólo el 47% habían sido electos con una mayoría de los votos emitidos. Adicionalmente, sólo un 20% de estos gobiernos obtuvieron el apoyo de más del 50% de la población en edad de votar.

Es decir, que, en la práctica, la democracia no es un sistema donde la mayoría manda, sino, como ha planteado el profesor de Syracuse, Christopher Ander-son “es un sistema donde distintas minorías intercambian el Gobierno en distintos momentos”.

En este contexto, el apoyo de los perdedores o minorías fuera del Gobierno, al proceso democrático, se vuelve particularmente importante. Andre Blais, de la Universidad de Montreal, y Shuan Bowler, de la Universidad de California, en Riverside, estudiaron las actitudes de ciertos procesos electorales en Europa, con importantes conclusiones.

En Inglaterra, por ejemplo, una coalición conservadora ganó las elecciones parlamentarias desde 1979 hasta 1997. Al inició del Gobierno conservador, un 52% de los votantes del derrotado Partido Laborista evaluaba positivamente a la democracia inglesa. Sin embargo, en 1996, después de haber perdido cuatro elecciones consecutivas, sólo un 40% de los votantes laboristas evaluaba positivamente a la democracia.

España, donde los socialistas gobernaron desde 1982 hasta 1996, nos muestra resultados similares. En 1985, un 58% de los votantes del opositor Partido Popular evaluaba de manera positiva a la democracia española. Sin embargo, en 1995, después de haber perdido cuatro elecciones consecutivas, sólo un 35% de los votantes del Partido Popular evaluaba positivamente a la democracia.

Claramente, el perder muchas elecciones de manera consecutiva reduce el apoyo al sistema, por parte de los perdedores o minorías fuera del poder. Típicamente, el apoyo a la democracia se mide de manera general en la población de un país. Sin embargo, es muy importante también medir el apoyo a la democracia por parte de los sectores de la población que pierden elecciones. Gran parte de la legitimidad del sistema descansa en ellos.

Un aspecto que incrementa el apoyo al sistema por parte de los perdedores es el grado de equidad en las reglas del juego electoral. La democracia está diseñada para producir resultados inequitativos; unos partidos pierden y otros ganan. Sin embargo, una mayor equidad en las reglas del juego puede hacer que los perdedores apoyen consistentemente el proceso democrático y no realicen prácticas anti-sistema.

El peligro de una democracia es cuando los perdedores se proponen a realizar prácticas anti-sistema, ya que esto da origen a grandes conflictos que eventualmente debilitan a la democracia. La labor de mantener a los perdedores lejos de prácticas anti-sistema le corresponde a las instituciones electorales, ya que son ellas las que controlan las reglas del juego electoral. Por ello, la modernización del sistema electoral y sus instituciones son fundamentales.

La Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (Fusades) planteó recientemente distintas reformas enfocadas en modernizar a las instituciones electorales salvadoreñas. Estas reformas tienen el objetivo de aumentar la legitimidad del sistema, tanto para los perdedores como para los ganadores.

*Columnista de El Diario de Hoy.


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