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Economía para todos
Elasticidad, fútbol..., y limonada
Lo de “elasticidad de la demanda” suena pomposo…,
y se pone más solemne aún en los libros de texto que lo
explican con ecuaciones, analizando si es igual, mayor, o menor que uno
(¡ohh!)
Publicada 3 de enero 2006 , El Diario de Hoy
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| Alejandro
Alle*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
El
concepto de elasticidad es relativamente nuevo en la ciencia económica,
ya que fue el inglés Alfred Marshall el primero en mencionarlo
en forma clara y explícita, con la publicación de su libro
“Prin-cipios de Economía” en 1890.
La elasticidad es una medida de la respuesta que presenta una variable,
ante cambios que ocurren en otra variable. ¿Un ejemplo futbolístico?
Supongamos que queremos medir el impacto que tiene la cantidad de “horas
diarias de entrenamiento” de los jugadores, en el total de “puntos
en la tabla de posiciones” del equipo.
El entrenador dice que si practican más obtendrán mayor
puntaje, por lo cual existiría cierta elasticidad entre ambas variables,
cosa que de todos modos deberá demostrarse en la cancha…
Claro que si los jugadores no pueden gambetear ni un árbol, no
habrá relación alguna entre las “horas diarias de
entrenamiento” y sus “puntos en la tabla de posiciones”.
Tendremos una total inelasticidad entre esas variables: no importa cuánto
entrenen, que siempre pierden (hablando de inelásticos…).
Teniendo presente que la economía es la ciencia que estudia la
forma más adecuada de asignar recursos para obtener el mejor resultado,
y considerando que estamos hablando de negocios…, usted ya imaginará
cuál es ese “mejor resultado”, ¿no?
¡Acertó!, ganar la mayor cantidad de dinero posible (¡voraz
materialista!). Pero atención, porque en los negocios hay variables
económicas que dependen entre sí, y que suelen presentar
mayor o menor elasticidad.
Por ejemplo, un aumento en el “precio de venta” probablemente
produzca una “reducción en la cantidad vendida” (¡qué
lástima!…). Asimismo, una reducción en el “precio
de venta” probablemente produzca un “aumento en la cantidad
vendida”.
Por ello, quien decida reducir sus precios de venta deberá tener
al menos una estimación acerca de cuántos nuevos clientes
obtendrá, o cuánto más le comprarán sus actuales
clientes. Y qué efecto tendrá ese cambio en el total de
dinero que gane. Porque no es cuestión de vender más…,
para ganar menos, ¿no?
El capítulo en el cual Marshall trata este tema se llama “La
elasticidad de los deseos” (¿what?), y en él hace
referencia a algo que Chepito, niño “bisnero” de Santa
Ana, conoce muy bien.
¿Qué hace Chepito? Vende limonada en la puerta de su casa
los días sábados, y sabe que si aumenta en una cora el precio
de venta del vaso, podría perder varios clientes.
También sabe que si redujese el precio posiblemente captaría
nuevos clientes, pues hay vecinos que sólo están esperando
que el niño baje sus precios para comprarle (¡voraces materialistas!).
¿Qué le conviene hacer?, ¿mantener, aumentar o bajar
el precio de venta del vaso de limonada?
La respuesta surgirá al analizar la “elasticidad de la demanda”
de limonada en el puesto de venta de Chepito, lo cual consiste simplemente
en observar y registrar cómo cambia el total de vasos vendidos,
ante una variación en sus precios de venta.
Lo de “elasticidad de la demanda” suena pomposo…, y
se pone más solemne aún en los libros de texto que lo explican
con ecuaciones, analizando si es igual, mayor, o menor que uno (¡ohh!).
Pero ahora que ya estamos en el año del mundial, es más
fácil pensar en el ejemplo futbolístico de los inelásticos…,
y cante “Don´t worry, be happy”.
Finalmente, cabe distinguir entre la elasticidad “macro” y
la “micro” (no confundir con microbús). Supongamos
que en un país determinado le aplican un nuevo impuesto a la cerveza,
pese a lo cual el consumo total no se reduce significativamente. Diremos
que “a nivel macro” la demanda de cerveza es inelástica
al precio…, porque estamos considerando el mercado total del país.
Pero si alguna de las cerveceras decide aumentar su precio en un monto
superior al nuevo impuesto, probablemente notará que su demanda
se reduce. Diremos que “a nivel micro” la demanda de cerveza
es elástica al precio…, porque estamos considerando sólo
el mercado de esa empresa.
¡Ah!, a eso de “La elasticidad de los deseos” de Marshall
no lo vaya a tomar tan literalmente, ¿eh?. Porque en tal caso terminará
deseándole más felicidades en el 2006 a quienes le compraron
a usted, y menos felicidades a quienes le compraron a su competencia.
¿Cómo? Ah, que usted hizo exactamente eso.
Hasta la próxima.
*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires) Columnista
de El Diario de Hoy

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