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Eduardo Torres*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Al
mirar hacia atrás, retrospectivamente, en este último día
de 2005, mi corazón y mi mente --devoción, admiración
y agradecimiento incluidos-- van de manera directa hacia el Papa Juan
Pablo II. Gran legado de vida el que nos dejó este Santo hombre.
Enorme el vacío, como de orfandad, que cientos de millones de personas
sentimos --y continuamos sintiendo alrededor del mundo-- tras su partida
hacia el cielo.
Pero como hablar del Santo Padre es hablar de Dios, luego de todas las
especulaciones mediáticas que en su momento se dieron sobre su
sucesor, nos dejó a Su Santidad Benedicto XVI --mano derecha suya
durante su pontificado--, en el trono de San Pedro. Siguen las peregrinaciones
al Vaticano para visitar el lugar donde yacen los restos de Karol Wojtyla,
Juan Pablo II “El Grande”, “Lolek”, como cariñosamente
le llamaba su madre.
Al haberse recientemente conmemorado el primer aniversario del tsunami
en el Asia, hay que elevar una nueva plegaria --o al menos tener sentimientos
de empatía-- a favor de las víctimas, familiares y amigos
de esa pavorosa tragedia humana, provocada por las fuerzas de la naturaleza
durante la última semana de 2004.
En el contexto de la guerra global contra el terrorismo, con pequeños
pero significativos avances, terminamos este día 2005. Cada quien
tendrá sus propósitos y también sus propios desafíos
para 2006. Lo importante es tener siempre en la mente que es el esfuerzo
individual lo que al final remunera, y que el verdadero cambio está
dentro de uno mismo.
Ya en el contexto local, lamenta quien esto escribe que no sea mañana
la fecha de entrada en vigencia del TLC con los Estados Unidos, pues luego
de un esfuerzo continuo a través de varios años el país
estuvo listo para iniciar con CAFTA el 2006. Nos lo impidió el
sentimiento anti-estadounidense del principal partido de la oposición.
En todo caso, algo estaría ya revirtiendo el estancamiento económico
que por años ha mantenido a nuestra economía con crecimiento
mínimo. Ello y la entrada en vigencia del TLC Centro América/República
Dominicana-Estados Unidos, porque el asunto no es si vendrá o no
el TLC pero cuándo iniciará, da lugar para el optimismo.
Optimismo de que a pesar de las dificultades inherentes a la pobreza crónica
que por siempre hemos tenido, alcanzaremos con nuestro propio esfuerzo
y por el camino que vamos, mejores condiciones de vida para la mayoría
de salvadoreños vía la sociedad para el progreso con la
primer economía en el mundo.
El gran desafío que como país --y como región--
tenemos es en el tema seguridad, tanto física como jurídica.
Porque vaya que es un detente para la inversión, tanto nacional
como extranjera, y que tanto requerimos para la generación de empleos,
el que haya seguridad, en su concepción más amplia. En un
momento tan propicio para el despegue como en el que en la actualidad
nos encontramos, pueden perderse esfuerzos sostenidos en el tiempo, de
no entrársele de lleno a este tema. Afortunadamente, parecería
que el Ejecutivo está claro en este tópico.
Llegamos así al final del año calendario. Siempre es un
buen momento para decirle a los suyos lo que se quiere a cada quien. Pero
hoy toma todavía una mayor relevancia. Es siempre aconsejable la
realización de balances, sacar propósitos y tener claridad
de los desafíos. Pero por filosofía humana, la llegada del
nuevo año da una oportunidad mayor para la autorrealización.
En mi caso personal, le agradezco a Dios permitirme pasar esta fecha con
la familia completa y tener la oportunidad de volver a mi vocación
profesional. Permitirme poder abrazar y besar a mi esposa Silvia y a mis
hijos Eduardo, Johanna, Gerardo y Juan Pablo.
Por ellos, y por tanto buen salvadoreño, que somos la mayoría,
pido tu ayuda para poder ser un mejor ciudadano, y que me des serenidad
y sabiduría para las labores a iniciar pasada la festividad.
¡Feliz 2006 para todos!
*Lic. en Ciencias Jurídicas y columnista de El Diario de Hoy.
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