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María A. de López Andreu*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
De
nuevo, como un soplo, se pasó el año. Y en los medios de
comunicación se analiza cómo ha sido 2005, qué nos
ha dejado, cuántas dificultades y problemas hemos enfrentado. Todo
esto haciendo énfasis en nuestras carencias y necesidades.
En efecto, hemos tenido un año sumamente complicado. Pero, quizá
precisamente por eso y sacando fuerzas de flaqueza, también ha
sido fuente de oportunidades y mejoras. El resultado final: avance, desarrollo,
positivismo y una indomable decisión de que 2006, con la ayuda
de Dios será, definitivamente, mucho mejor.
Siendo nuestra empresa certificada ISO 9001-2000, debemos llevar registros
de todas nuestras actividades, aunque la auditoría oficial por
la firma certificadora se realiza sólo una vez al año, internamente
se llevan a cabo otras dos auditorías, mucho más “yucas”
(según comentan los auditados), ya que son realizadas por personal
que conoce muy bien la empresa y han sido debidamente capacitados para
ello. Y en cada una de estas auditorías, se encuentran muchas oportunidades
de mejora (este año fueron 339, debidamente documentadas), que
son aprovechadas para corregir y perfeccionar toda la gestión.
Dicho de otro modo, ¡hoy somos 339 veces mejores de lo que éramos
el 1 de enero!
Y así como la empresa lleva estos registros de sus mejoras institucionales,
también se llevan registrados los avances de cada miembro de nuestro
personal, no sólo en lo relativo a capacitaciones, promociones,
aumentos salariales, alcance de metas y objetivos, etc., sino también
el de aquellos logros (académicos, familiares) que son en especial
apreciados por cada uno de ellos: para alguien, haber triunfado sobre
algún vicio o mal hábito; para otro, haber formalizado su
situación conyugal, o sucesos como el feliz nacimiento o graduación
de un hijo, viajar por primera vez, adquirir casa propia, etcétera.
El logro más valioso y ejemplar fue el de un apreciado colaborador
que reportó --muy emocionado-- que jamás en su vida había
recibido ningún sacramento, pero, durante este año, se preparó
para ser bautizado, recibió su primera comunión, la confirmación
y, además, contrajo matrimonio por la iglesia. Su vida, integralmente,
mejoró; obviamente, en lo espiritual y familiar, pero también
en lo intelectual, ya que la preparación religiosa conllevó
estudios y nuevos conocimientos generales que, a su vez, le han servido
para desempeñarse mucho mejor.
Se preguntarán por qué la empresa tiene que “meterse”en
esos aspectos personales y privados de cada quien. En realidad no es que
“tenga” que hacerlo (además, cada uno aporta voluntariamente
la información que desea), el hecho es que, haciéndolo,
tomamos conciencia todos y cada uno, de que hemos realizado avances concretos
que redundan en una vida mejor y mayor bienestar, dejándonos un
claro mensaje de que, en nuestro país, si nos esforzamos, sí
podemos progresar y mejorar.
Desafortunadamente, son muchos los mensajes negativos y de menosprecio
que nos bombardean a diario. Por supuesto que tenemos serios problemas
que corregir, pero no vamos a salir de ellos estando sumidos en negros
pensamientos. De allí, lo útil y valioso de llevar registros
como los que he mencionado: porque aprendemos a apreciar nuestros propios
avances, no sólo nuestras carencias; porque palpamos nuestros logros,
reales y concretos, y eso nos sirve para seguir esforzándonos en
el camino del desarrollo.
Si en nuestra empresa --que es sólo una de muchas-- somos hoy 339
veces mejores, si los 110 miembros de nuestro personal han contabilizado
cada uno, como mínimo, tres grandes logros, ¿cuánto
habremos progresado todos los salvadoreños, en conjunto? ¿Qué
avances, junto al Gobierno, hemos realizado? ¿Cuánto, nos
hemos desarrollado y crecido?
La lógica respuesta es que nuestro querido El Salvador es hoy,
sin duda alguna, infinitamente mejor que al inicio del año. Por
favor, registremos nuestros logros, pongamos oídos sordos a los
apocalípticos y sintámonos orgullosos de nuestra patria,
dedicando cada día de 2006 a trabajar con entusiasmo por hacer
de ella un gran país.
¡Hagámoslo! ¡El Divino Salvador estará con
nosotros!
*Columnista de El Diario de Hoy.
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