Jorge Beltrán
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| Atacado. Microbús en el que ayer fueron acribillados tres empleados del transporte. Dos de ellos murieron y uno más, el conductor de esta unidad, está grave en un hospital nacional. Foto: EDH |
El Diario de Hoy
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Cualquiera en su lugar se hubiese puesto a llorar o a maldecir a los asesinos. Isabel Barrera, en cambio, cuando supo que a Pedro Antonio lo habían matado, dobló sus rodillas y preguntó a Dios por qué le había quitado a su hijo.
Luego cambió las preguntas por ruegos. Le pidió fortaleza para sí y abogó por el perdón de quienes mataron a su hijo.
Aunque parezca raro, de los ojos claros de Isabel, una mujer de 53 años, no brotó ni una lágrima mientras contaba que ayer en la mañana el teléfono de su casa comenzó a sonar con insistencia.
Eran compañeros de su hijo que no se atrevían a darle la funesta noticia. Ella lo intuyó. La última llamada le confirmó su premonición.
No se lo esperaba porque su hijo le comentaba que era puntual en el pago de la renta a los mareros.
Hacía pocos días, Isabel le había sugerido que dejara de cobrar en los microbuses porque lo podían matar. Le pidió que montara una panadería, pues sabía perfectamente ese oficio.
“No pido nada contra ellos; sólo que se arrepientan de lo que andan haciendo. Han dejado huérfanos a dos niños”
Isabel Barrera /madre |
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Pedro Antonio Burgos Barrera
EDAD: 29 años
Cargo: Desde hacía más de 15 años, era cobrador de microbuses de la Ruta 41-A
Hijos: Deja en la orfandad a un bebé de 42 días y a una niña de ocho años. |
En respuesta, él le dijo que no se ganaba tan mal de cobrador; que lo único que le preocupaba era que de repente salían los mareros a pedirles dinero.
No tenía problemas
Le contó incluso que hace pocos días, el patrón se había disgustado con él porque para no tener problemas había entregado una buena cantidad de dinero a los pandilleros. Ella no podía hacer nada para cambiar las decisiones de su hijo, ahora de 29 años.
Ya no era aquel muchacho que hace poco más de quince años comenzó a trabajar como cobrador en los microbuses de la Ruta 41-B. “Desde muy bichito empezó a trabajar como cobrador”, asegura, Isabel.
Mientras Isabel consuela a una de sus parientes, comenta lo alegre que estaba Pedro Antonio, el nacimiento, hace 42 días, de su segundo hijo, un bebé de mejillas rellenas y sonrosadas.
A la mayor de sus hijas, de ocho años, le había prometido que de lo que ganara estos días, se guardaría un poco para comprarle los útiles escolares.
Pese a todos esos recuerdos, Isabel asegura que no siente rencor por los asesinos de su hijo. Siente pena.
“Lo que siento es lástima por ellos. Es gente que anda en la oscuridad porque no tiene principios cristianos”, sostiene la doliente.
La esposa de Pedro Antonio, que recién ha cumplido la dieta posparto, dijo sentirse temerosa. No quiso comentar nada de su marido y menos del asesinato.
Por hacer favor
Pedro Antonio llegó ayer muy de mañana al punto de microbuses.Pero llegó sin ganas de trabajar.
Tanto era el desgano que cuando “La Perla” (nombre de la unidad en que cobraba) salió con viaje, le pidió a otro compañero (a quien en el punto sólo lo conocen con el apodo de Radio Viejo, que le hiciera ese viaje.
Llegó el turno del mocrobús “Gran Pana” y el cobrador (conocido sólo por el apodo de Mounstro) de esa unidad no había llegado.
Entonces, José Paz, le pidió que le ayudara como cobrador. Pedro aceptó, sólo para que a menos de 500 metros lo mataran cuatro mareros, presuntamente de la mara Dieciocho.
Se inicia el camino a la impunidad
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Bala. Proyectil hallado en el microbús atacado ayer. Foto: EDH |
El microbús de la Ruta 41-A, placas MB-3-705, donde ocurrió el acribillamiento de tres empleados del transporte colectivo no fue inspeccionado por las autoridades encargadas de la investigación del delito.
Fue guardado minutos después del ataque en el parqueo de la cooperativa a la que pertenece.
Ya en el predio, un vigilante comenzó a hurgar y no le llevó mucho tiempo hallar incrustado en el tablero, un proyectil de los que les fueron disparados a las víctimas.
Según investigadores consultados, la policía debió haber inspeccionado la unidad pues era una continuidad de la escena del crimen que podría contener valiosas evidencias, como la bala hallada.
Se intentó consultar sobre ese descuido a la Fiscalía de Soyapango, pero al filo del mediodía, el fiscal de turno, quien debía dirigir la investigación, dijo que no sabía del ataque y que estaba muy ocupado como para dar detalles de algo que él ignoraba.
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