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Gremiales del sector privado
Evo Morales y Hood Robin
Evo Morales tiene sus premisas totalmente equivocadas. El éxito económico no se da automáticamente. Los empresarios son los que lo crean. Un ejemplo de esto es la reforma agraria en El Salvador
Publicada 30 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy
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Manuel Hinds*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
El mundo está lleno de contradicciones y a veces parece estar al revés. Un ejemplo de contradicciones es la que existe entre diferentes indicadores de la tasa de crecimiento de la economía. Por todo el año varias organizaciones (incluyendo al FMLN, el Banco Central y las gremiales del sector privado) han insistido que dicha tasa está por debajo de 1.5%, mientras que hay muchas contradicciones e inconsistencias estadísticas que indican muy claramente que el crecimiento no puede ser tan bajo.
La semana pasada discutí una de estas inconsistencias: las importaciones de insumos. Actua-lizando las cifras con los datos más recientes encontramos que las conclusiones de dicho ar- tículo se confirman con creces. Las importaciones de bienes intermedios de la industria manufacturera habían crecido al 6.7% a octubre, mientras que las de la economía entera lo habían hecho al 5.9%, ambas cifras en términos reales. Con estas tasas de crecimiento de los insumos, el PIB debe haber crecido entre el 4 y el 6%.
Un ejemplo del mundo al revés es observable notando que cuando las gremiales del sector privado insisten en que la tasa de crecimiento es baja lo hacen en un tono de protesta contra el Gobierno. Esto es muy sorprendente. Si fuera cierto lo que ellas dicen, (1) los que protestan deberían de ser del Gobierno y la sociedad en general, y (2) deberían de hacerlo en contra de las empresas privadas y sus organizaciones gremiales, ya que en el régimen de libertad económica que prevalece en el país el crecimiento económico es responsabilidad del sector privado.
Si dicho sector no es responsable por esto, ¿cuál es entonces la razón de su existencia? Las protestas contra el Gobierno en este tema cabrían en los países socialistas, ya que allí el Gobierno controla todos los factores que determinan la producción y el crecimiento --el capital, las utilidades, la inversión, etc.--. Este es el régimen que Evo Morales quiere establecer en Bolivia.
Las gremiales parecen compartir con Evo Morales la premisa de que la economía es un pastel cuyo tamaño y crecimiento están determinados por el Esta-do. Las gremiales sacan una conclusión de esta premisa: El Gobierno tiene que ayudar a sus asociados a tener más utilidades. La lógica de Morales es más profunda y rigurosa. Él concluye que si el Estado es responsable del crecimiento, los empresarios no son más que unos parásitos que sin aportar nada se llevan las utilidades.
En este contexto, dice Mora-les, lejos de subsidiar a los empresarios lo que hay que hacer es eliminarlos nacionalizando las empresas. El razonamiento de Evo Morales es imbatible. Si el Gobierno determina el éxito y el fracaso económico, ¿por qué no debería la población entera (a través del Estado) ser la dueña de todas las empresas y recibir todas las utilidades?
Por supuesto, Evo Morales tiene sus premisas totalmente equivocadas. El éxito económico no se da automáticamente. Los empresarios son los que lo crean. Un ejemplo de esto es la reforma agraria en El Salvador.
Los reformistas pensaron que las propiedades que expropiaron iban a seguir tan rentables como siempre al eliminar a los empresarios agrícolas. El resultado lo sabemos todos: la depresión total de la producción agrícola. Las propiedades que hacían ganancias ahora hacen pérdidas. Eso ha pasado no sólo en El Salvador sino en todos los países en los que los empresarios se han eliminado.
Las gremiales están tan equivocadas como Evo Morales al compartir con él la premisa básica del socialismo. Peor aún, ellas no pueden pretender poner al mundo tan al revés. Lo que proponen es la privatización de las ganancias (que les quedarían a ellos) y la socialización de los costos (que la sociedad pagaría a través de subsidios o privilegios que el Gobierno les daría a ellos).
Es extraordinario que las gremiales escuden estas pretensiones con preocupaciones por la pobreza. Pedir que el Gobierno use los impuestos que los pobres pagan para darles subsidios a ellos en vez de invertir en salud y educación es la lógica de Hood Robin --es decir, la de Robin Hood pero al revés--. Robin Hood quitaba a los ricos para darles a los pobres. Hood Robin pretende quitarles a los pobres para darles a los ricos.
Esto puede imponerse sólo en países que son tan primitivos que la gente no se da cuenta de que la están tomando por tonta. Esto ya no pasa en El Salvador. Si la gente decide adoptar las atravesadas conclusiones de Evo Morales, después de oír sus premisas afirmadas tantas veces por las gremiales del sector privado estas organizaciones podrán culparse sólo a ellas mismas.
No se puede establecer una premisa equivocada, para luego no sacar las perversas conclusiones que emanan de ella.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.
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