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Rodolfo Chang Peña*
El
Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Un
parámetro que habitualmente no falla para medir el nivel de calidad
de los servicios de un nosocomio, es observar qué tan bien funciona
el área encargada de atender las urgencias médicas. En efecto,
la velocidad con que se resuelven los problemas de salud que plantean
los enfermos, es un buen termómetro para tener una idea del funcionamiento
global de la organización.
En países como Dinamarca, Inglaterra, Corea del Sur y Suecia, estas
dependencias son relativamente pequeñas, altamente funcionales
y dotadas de una particular dinámica, me refiero a la inmediata
movilización de los enfermos hacia donde corresponde. De manera
curiosa el número de camas de observación es muy reducido,
menos del 5% del total de camas del nosocomio. Nunca se observan carros
camillas en los pasillos, excepto los que van en tránsito, y los
médicos de guardia son verdaderos especialistas, con años
de experiencia en la atención de situaciones de emergencia.
En El Salvador ocurre todo lo contrario, siempre se encuentran abarrotados
y rebalsando de gente. Las camas de observación y rehidratación
son relativamente numerosas, por arriba del 5% del total y eso sin contar
los carros camillas estacionados en los pasillos de circulación,
convirtiendo el área en un “hospitalito” dentro del
hospital.
Y como cabría esperar, la movilización de los pacientes
es lenta y complicada, la formación de los recursos humanos es
un tanto desigual y exteriormente son infaltables las aglomeraciones de
parientes y acompañantes, algunos taxis que esperan y unos cuantos
mirones.
Si se le pregunta al jefe médico o enfermera jefe de estas dependencias
a qué se debe la calidad un tanto irregular de los servicios (en
centros asistenciales del Ministerio como del ISSS), un porcentaje apreciable
de las respuestas caen invariablemente en cualquiera de las argumentaciones,
que a continuación se detallan: “Se hace lo que se puede
con los escasos recursos con que contamos”, “Las operaciones
se retardan porque no siempre tenemos disponibilidad de quirófanos”,
“La mayoría de los atrasos se deben al laboratorio clínico
y radiodiagnóstico, aunque ellos también hacen lo que pueden”,
“Los enfermos permanecen más tiempo del que deberían
en observación porque frecuentemente no hay camas a donde trasladarlos”,
“Viene mucha gente que bien puede resolver sus problemas en otra
parte y para colmo traen dos o más acompañantes y aquí
no cabemos”.
Se agregan la fatiga del personal por la sobrecarga de trabajo, el irregular
y “espasmódico” sistema de suministros, la no aplicación
de normativas (tiempos máximos de espera, tiempos máximos
de estancia en cada paso del proceso, etc.), la interpretación
muy propia de los usuarios sobre la celeridad con que son atendidos y
las oleadas de diferentes tipos de enfermos que ya se esperan, según
sea la hora y el día de la semana.
Algunos centros hospitalarios del IMSS (México) han logrado importantes
avances en la atención de las urgencias, mediante el uso de la
tecnología y medidas administrativas. Por ejemplo, la estancia
máxima en observación la han bajado a 6 horas (en El Salvador
son raros los establecimientos que definen la situación de un enfermo
antes de las 48 horas).
Para lograrlo los recursos humanos (médicos, enfermeras, técnicos
y administrativos) están cuidadosamente adiestrados para desempeñar
su tarea, los nosocomios están invariablemente en manos de profesionales
de la administración de servicios de salud y siempre cuentan con
disponibilidad de quirófanos y camas cuando se necesitan.
Vale aclarar que disponibilidad de camas no significa abundancia de las
mismas, sino eficiencia en su utilización. En efecto, los grandes
hospitales de 400 o más camas tienden a desaparecer, lo mismo los
nosocomios indiferenciados (revoltijos donde se mezclan enfermos agudos,
subagudos y crónicos, drogadictos en recuperación con operados,
etc.) para dar paso a diferentes modalidades de establecimientos, según
sea la morbilidad de la zona de influencia, geografía, distancias,
etc. Lo que incluye centros compactos de 50 a 60 camas y microhospitales
con 25 o menos camas.
La planeación de las emergencias debe considerar como imagen objetivo
el estar preparados para el abordaje inmediato de los casos obvios y frecuentes;
contar con los recursos para aclarar y definir un diagnóstico y
un plan de tratamiento para los casos dudosos que necesitan estudio en
un tiempo máximo de 24 horas, para no ser muy ambiciosos.
Finalmente, tener capacidad de resolución para las urgencias comprendidas
en los objetivos del hospital y no ir más allá de la franja
determinada por el nivel de atención correspondiente.
*Dr. en Medicina y colaborador de El Diario de Hoy.
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