elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

La Nota del Día
Pretenden que los medios censuren contenidos

La autocensura es por ello la más perversa de las imposiciones sobre el periodismo, pues obliga a los medios a descafeinar sus contenidos al extremo

Publicada 29 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

En un país donde tener en la propia casa las pertenencias del secuestrado o esconder un alijo de cocaína “no constituye prueba”, es verdaderamente grotesco enjuiciar a un periodista por indicios indirectos, presunciones y alegatos de acusadores. En el caso del director de EL DIARIO DE HOY contra quien se dictó orden de captura, un hecho infame en la historia del periodismo de El Salvador, no hay un documento firmado o una mención del acusador, que se pueda presentar como “prueba” del delito de calumnia o difamación. No lo hay porque en las notas editoriales de este Diario no se calumnia, insulta o difama a nadie.

Pero juicios se montan y se sostienen por años basados únicamente en lo que alguien “piensa” o “asevera”; basta que un pájaro de cuenta diga haber sido difamado, calumniado o insultado, para imponer sobre periodistas y empresas, el costo, el cargo moral y la amenaza que representan esa clase de perversos juicios.

¿Cuál es uno de los objetivos que persiguen los grupos que están detrás de esta clase de procesos? El principal es destruir voces independientes, aniquilar con patrañas de lo más puercas, a quienes piensan por su cuenta y señalan o critican conductas y actos perniciosos para una colectividad o la misma República. Lo que se busca es esconder ante la opinión pública toda clase de barbaridades. Es esa la razón por la cual no existen periódicos ni emisoras independientes bajo las dictaduras.

Cada mañana espulgando

Pero hay más y muy grave. Al perseguir al director o al responsable de un medio por lo que publican o firman otros, se le convierte en censor, en el encargado de amordazar a sus periodistas y silenciar a los ciudadanos que quieran expresar algo. De haberse consumado el vil atropello, en el juicio que nunca tuvo razón de ser, todo director de noticiero o empresa informativa se vería forzado de allí en adelante, a examinar cada línea escrita, a revisar todos los noticieros, a montar un aparato interno de censura para no terminar en la cárcel y allí, muerto.

La autocensura es por tal causa la más perversa de las imposiciones sobre el periodismo, pues obliga a los medios a descafeinar sus contenidos al extremo, a leer letra por letra, a andar advirtiendo a cada redactor y editor de que no escriban una línea que pueda ofender o suscitar reacciones malignas. Se dice que hace muchos años un director de diario iba de escritorio en escritorio en su Redacción, preguntando si no había en las notas, “algo que fuera a molestar a otros o que contrariara al gobierno”.

En ninguna de las noticias o editoriales presentados en el juicio como “pruebas”, hay algo que no sea parte normal del cotidiano ejercicio del periodismo: dar cuenta de hechos, reflejar críticas, contar experiencias. Si se escribe sobre el estado ruinoso de buses en una ruta, o de las fechorías que perpetran “menores infractores” en una colonia, no se calumnia, sino que se informa. Y se informa de lo que afecta la seguridad de la gente, de lo mal que anda un servicio, de las porquerías que se venden como comida, de las sinvergüenzadas de un grupo de alcaldes. Los temas no se tocan por dañar a nadie, sino porque en eso consiste el periodismo que sirve a los ciudadanos.


elsalvador.com WWW