Karina García
El
Diario de Hoy
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“No, hoy, sí. Van a ver. Ahora sí voy a bajar de
peso”, comentaba una jovencita a sus amigas mientras degustaba un
pedazo de pastel en un centro comercial capitalino. “Siempre decís
eso y nunca lo haces”, le replicaba otra, que sostenía un
cigarro. “Ve quién habla, la que siempre dice que va dejar
de fumar”, censuraba otra.
Por lo general, cada inicio de año, las personas acostumbran a
trazarse metas. Hacer ejercicio, iniciar una dieta y cambiar un hábito
son algunas de los proyectos más comunes. Sin embargo, no todos
lo logran. A veces no sólo influye la voluntad de las personas,
sino qué tan posibles son los objetivos.
De acuerdo a la psicóloga Reina Idalia Velado de Reyes, para poder
cumplir los propósitos se requiere partir de cuatro preguntas fundamentales:
¿qué quiere conseguir?, ¿por qué lo desea
obtener?, ¿qué beneficios se adquirirán? y si se
disponen de recursos para ello.
En ciertas ocasiones, lo que la gente persigue se le escapa de sus manos.
Esto los les lleva a la frustración. Acceder a un mejor empleo,
por ejemplo, en ocasiones, no depende de uno. La persona puede estar muy
capacitada, reunir las cualidades necesarias, pero tal vez la oportunidad
simplemente no se da.
Por otro lado, se debe tener en cuenta que la ejecución de dicho
propósito implicará sacrificios. Perder peso, por ejemplo,
no sólo precisa perseverancia, sino dinero y disciplina.
Dos de los factores que afectan la realización de los planes son
la depresión y la inseguridad. El hecho de no ver resultados rápidamente
suele causar desesperación, por consiguiente se abandona lo acordado.
Unas actividades requieren más esfuerzo que otras, es por eso que
se debe estar convencido que lo anhelado vale la pena, de lo contrario
claudicar será más fácil. Además los proyectos
se deben cumplir porque se desean y no por agradar a nadie.
Complemento
Aparte de lo anterior, la psicóloga recomienda que para comenzar
bien un año, deben superarse las situaciones que no lo dejan vivir
tranquilo. Vencer los temores, perdonar y renunciar a las relaciones tormentosas
son algunas situaciones a enmendar.
Para la primera, es necesaria la ayuda de un especialista. Según
De Reyes, sólo un profesional puede ayudarle a descubrir sus miedos
y a trabajar para controlarlos.
Perdonar se vuelve un requisito para estar en paz. El resentimiento ocasiona
amargura.
No sólo a quien lo profesa, sino también a los que están
expuestos a él. Puede que resulte difícil, pero hay que
tener en cuenta que no se puede hacer nada para cambiar lo ocurrido.
En el caso de que haya lastimado a alguien, pida disculpas. “No
hay que permitir que las cosas se enfríen”, recomienda de
Reyes. “Si no lo perdonan a la primera, inténtelo con una
carta”, agrega.
La vida es demasiado corta, los hubiera no existen y a veces duelen mucho.
Recuerde que ni usted ni sus seres amados estarán para siempre.

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