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Breve Análisis
México imita a Colombia

No hay ninguna institución mexicana fuera del alcance de los jefes del narcotráfico. Se dice que hasta la Iglesia Católica ha recibido contribuciones de conocidos narcotraficantes

Publicada 28 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Ted Galen Carpenter*
E
l Diario de Ho
y
editorial@ elsalvador.com

Washington. (AIPE).- México es un suplidor importante de heroína, marihuana y metanfetaminas al mercado de Estados Unidos, lo mismo que el principal lugar de tránsito y distribución de la cocaína proveniente de Sur América. Hay crecientes indicaciones de que la colombianización de México se está volviendo realidad.

Esa trágica situación es el resultado directo de la política de Washington de prohibición de las drogas. Una estrategia prohibicionista inevitablemente crea inmensos márgenes de utilidad en el mercado negro de drogas ilegales. Ese inmenso potencial de ganancias también atrae a los delincuentes y criminales más violentos. Es una realidad que cuando se prohíben las drogas, sólo los delincuentes comercian con ellas.

Si México sigue los pasos de Colombia, las consecuencias para EE.UU. serán mucho más severas. Colombia está relativamente alejada, pero con México compartimos una larga frontera y estamos cercanamente ligados a través de Nafta. El caos en ese vecino país ya se está desbordando sobre la frontera e impactará negativamente a los estados del suroeste.

En 1999, Thomas Constatine, entonces director de la DEA (agencia anti-drogas) declaró al Congre-so que el poder de los narcotraficantes mexicanos había crecido geométricamente durante los cinco años anteriores y que la corrupción en ese país no tenía paralelos. Desde entonces, la situación ha empeorado.

Hay evidencia de que los narcotraficantes mexicanos administran las rutas de exportación de las drogas colombianas y que están inclusive desplazando a los colombianos en Amé-rica del Sur.

Es cierto que México no confronta poderosos grupos guerrilleros ni sectores políticos mexicanos buscan el negocio de las drogas para financiar sus causas. Pero las similitudes son mayores que las diferencias y Washington ha sido lento en reaccionar.

Hay casi una docena de organizaciones de narcotraficantes en México, de las cuales cuatro son especialmente poderosas: El Cartel del Golfo, bajo Osiel Cárdenas; el Cartel de Sinaloa, bajo Joaquín “el Chapo” Guzmán; el Cartel de Tijuana, bajo la familia Arellano Félix y el Cartel de Juárez, bajo Vicente Carrillo. Ultimanente hay indicaciones de una alianza entre los carteles del Golfo y Tijuana para combatir al de Sinaloa.

Los matones contratados por los carteles provienen cada vez más de un grupo élite del ejército mexicano, Grupo Especial de la Fuerza Móvil Aérea, conocidos como Zetas.

La mayor violencia ocurre en la ciudad fronteriza de Nuevo Laredo, donde el gobierno central suspendió en junio a toda la policía de la ciudad, reemplazándolos con policías federales. A pesar de ello, la criminalidad siguió aumentando. La corrupción policial no es nada nuevo en México: hace más de diez años, el comandante de la policía nacional fue detenido con 2,4 millones de dólares en su automóvil y luego fue condenado por pagar 20 millones de dólares para proteger a uno de los jefes del narcotráfico.

No hay ninguna institución mexicana fuera del alcance de los jefes del narcotráfico. Se dice que hasta la Iglesia Católica ha recibido contribuciones de conocidos narcotraficantes. El obispo Ramón Godínez de Aguascalientes declaró en octubre que “sólo porque el origen de las donaciones es malo no significa que tienes que quemarlas… el dinero se purifica al entrar por las puertas de la parroquia”.

Más temprano que tarde, Washington tendrá que cambiar sus desacreditadas y fracasadas políticas. De continuar con su estrategia prohibicionista, la corrupción y violencia sufrida por Co-lombia se apoderará de México. Los políticos y funcionarios norteamericanos tienen que preguntarse si quieren el riesgo de otra Colombia en nuestra frontera sur.

*Vicepresidente de Estudios de Defensa y Política Exterior, Cato Institute.

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