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La Nota del Día
Liberan secuestradores, persiguen periodistas

Es evidente que partiendo de apreciaciones puramente subjetivas, o juicios de valor, se quiere perseguir a periodistas y medios de difusión con un único propósito: silenciar a los ciudadanos y a los informadores

Publicada 28 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Amordazar a los órganos de opinión del país y con ello a toda la gente, fue el objetivo de las viles acusaciones contra el director y un editor de EL DIARIO DE HOY, proceso que finalizó con una resolución de la Corte Suprema de Justicia. De apreciaciones totalmente subjetivas ---haber sido difamado y calumnia-do--- se pasa a un largo juicio donde las conclusiones son también subjetivas para perpetrar un real atropello por informar y criticar.

¿De dónde delito de difamación, calumnia e injuria? Coincidiendo casi al día con la orden de captura contra el ingeniero Enrique Altamirano y el licenciado Lafitte Fernández, dos jueces liberan, “por falta de pruebas”, a seis acusados de secuestro y a un grupo de sujetos que cavaba un túnel en dirección de un banco. La pregunta de rigor, de qué otra cosa podían estar haciendo al cavar el túnel, o por qué una persona iba a acusar sin fundamento a esos seis caballeros, tuvo respuestas surrealistas de parte de los jueces: soltar a los acusados. Los sueltan pese a las evidencias materiales, a que el país entero vio a los que cavaban el túnel y al encontrarse billetes marcados por la policía en posesión de los acusados del secuestro.

Pero basta la personalísima opinión de un camarada o compañero o “partner” en negocios, para que se monten procesos pegados con saliva y sostenidos por alfileres, “por difamación, calumnia e injuria”. El historial de esta clase de juicios lo dice todo: secuestradores, narcotraficantes y mafiosos procesan periodistas por “calumnia y difamación”. Cualquier pájaro de cuenta se siente lastimado en “su honor” por la menor mención que se haga de él y sus negocios en los medios informativos. No sería posible de hoy en adelante hablar del pasado de criminales y terroristas, o mencionar casos de escándalo público, sin exponerse a demandas.

Es evidente que partiendo de apreciaciones puramente subjetivas, o juicios de valor, se quiere perseguir a periodistas y medios de difusión con un único propósito: silenciar a los ciudadanos y a los informadores. Para una emisora o semanario del interior de la República, una demanda puede llevarlos a la bancarrota aunque terminen sobreseídos. Como además el enjuiciamiento se basa en lo que alguien piensa (haber sido difamado), los medios estarían expuestos a ser acosados por varios demandantes al mismo tiempo.

El arte de enviar tarjetas de Navidad

Hay otra consecuencia terriblemente perjudicial para la inversión en el país: los demandantes de oficio que se lucran armando pleitos. Hace un tiempo las víctimas fueron los médicos, a los que se perseguía con acusaciones de mala praxis. Según se nos dice, los sujetos que montaron una industria de demandar médicos ha vuelto a sus andadas: ya conocen los procedimientos, tienen listos a los abogados inescrupulosos y saben a qué jueces se les ablanda el corazón al recibir tarjetas de Navidad. No sólo tarjetas de Navidad, sino para el cumpleaños, los aniversarios de boda, el onomástico, a la llegada de la primavera y hasta el natalicio de sus respetabilísimas madres. En nuestro país, navegar en esas sucias aguas es un arte.

La nefasta consecuencia de demandas judiciales de esta naturaleza, como de las agresiones en un desfile de sediciosos, es el silencio. Y cuando hay silencio, un país puede esperar lo peor.


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