William
Alfaro
El Diario
de Hoy
deportes@elsalvador.com
El 2005 ha sido un año de esos locos en el fútbol salvadoreño,
aunque sin llegar al famoso caso Zimbabue de 2004, no escapó de
hechos dignos de tratamiento clínico.
Dos elecciones que dejaron boquiabiertos a todos, despidos y contrataciones
sorprendentes, dirigentes con pistolas, venta de categoría un mes
después de haber ascendido, una fuga a Estados Unidos y huelgas
de jugadores, son sólo algunos de los casos que es difícil
encontrarle una explicación a primera vista. Saque sus conclusiones...
Del amor al odio...
El despido de un técnico no es nada sorprendente, y más
en el fútbol nacional. En lo que dura un torneo, por un club pueden
pasar hasta tres, según sea el humor del presidente. Pero que lo
hagan de la forma en que fue cesado Agustín Castillo de FAS, eso
es harina de otro costal.
El peruano fue despedido del campeón nacional, en junio, por recriminar
algunos comentarios de Reynaldo Valle sobre la llegada del delantero Álex
Obregón. El pope afirmó que estaba cansado de que Castillo
le pisoteara la dignidad y por eso lo botó. La historia no termina
ahí, según Castillo, Valle le envió su contrato cortado
en pedazos.
Días después, el presidente tigrillo le exigió a
Castillo, pistola en mano, un carro que le había dado en prima.
El técnico afirmó que lo denunciaría, pero después
no lo hizo. El peruano regresó a dirigir a Chalate y meses más
tarde visitó Santa Ana, Valle afirmó que estaría
dispuesto a saludar a la Chochera, e incluso que lo abrazaría...
Un mal trago
Santa Rosa de Lima también aportó a los absurdos de 2005.
El 9 de mayo, Limeño, amenazado por el descenso, igualó
0-0 contra el San Salvador, con lo que complicaba las posibilidades de
salvar la categoría. Los cucheros estaban cerca de las semis, pero
se alejaban de la acumulada.
Los aficionados, frustrados, la tomaron contra el técnico Nelson
Brizuela, a pesar de que este había realizado una buena campaña.
El presidente del equipo, Mario Zúniga, optó por seguir
los mandatos de la afición, echó a Brizuela y ofreció
su renuncia.
Se le vino la tormenta. Al día siguiente, Pablo Caballero, líder
del equipo, anunció una huelga en el plantel. Tras las presiones
y algunas críticas, el pope tuvo que restablecer a Brizuela. Días
después, Lorenzo Rosales, ex presidente cuchero, afirmó
que Zúniga había tomado la decisión en estado de
ebriedad. Zúniga lo negó, pero tuvo que disculparse públicamente
con Brizuela.
La llamada fatal
Angel Orellana y Juan Ramón Paredes pueden dar fe de que una llamada
telefónica puede cambiar la vida, y esto no es precisamente un
spot publicitario. El 5 de junio, el técnico nacional renunció
a dirigir a Alianza, a pesar de tener al equipo en semifinales.
El ex seleccionador se fue porque el presidente del equipo, Ricardo Padilla,
despidió al auxiliar Orellana por no atender una llamada telefónica
en pleno partido contra FAS, que perdieron 2-1. Orellana guardó
silencio respecto al tema, mas Paredes expuso que su asistente no contestó
por orden de él.
Luego, Ricardo Padilla (h) dijo que Paredes condicionó su estadía
siempre y cuando Orellana fuera restituido, fue tajante: “Aquí
no negociamos con terroristas. Somos igual que los Estados Unidos”,
y cerró el capítulo de una relación que siempre osciló
entre el amor y el odio.
Como visita de médico
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La llegada del técnico uruguayo Claudio Techera como principal
de FAS apenas duró 24 horas. El charrúa llegó con
un buen cartel. Afirmaba haber trabajado como asistente del técnico
de Paraguay, su compatriota y ex seleccionador de El Salvador, Aníbal
“Maño” Ruiz, entre otros.
Tras varios meses de negociar con el suda-mericano -y tras el auxilio
solicitado por el entonces técnico Nelson Ancheta-, este se hizo
cargo del campeón nacional. El 6 de octubre, Valle presentó
al técnico a los jugadores. Pero, sorpresa, el 7 de octubre, un
día después, la dirigencia tigrilla anunció que el
charrúa ya no sería el entrenador del equipo, y que jamás
lo presentaron oficialmente.
Supuestas “mentiras” en la hoja de vida del sudamericano obligaron
la decisión. Por la tarde de ese mismo día, Techera tomó
un avión de regreso a Uruguay. Antes comentó que no había
mentido. “Jamás dije que había sido auxiliar de Maño
en la Selección de Paraguay. Yo fui su asistente personal”,
dijo. Quien sí se quedó fue el delantero José César
Colmán, quien no anotó un solo gol con el plantel, pese
a que, según su representante, la ficha del jugador vale más
de un millón de dólares.
El baile de Bailey
Amediados de enero, los directivos del Atlético Balboa presentaron
con mucha pompa al delantero hondureño Roberto Bailey, quien, según
la dirigencia atunera, formaría el “triángulo del
mal” con Nildeson de Mello, el “Zurdito” Nelson Reyes
y Franklin Webster. El catracho llegó con contrato firmado a La
Unión, y con una sorpresa. Venía lesionado y ya no se repuso.
Lo enviaron de vuelta a Honduras y se terminó el año y nunca
regresó. Eso sí, antes se aseguró de dejarlos bien
bailados.
De la gloria al infierno
La última campaña de Municipal Limeño en Primera
fue una de sus mejores. Los cucheros llegaron a las semifinales, pero
no evitaron el repechaje para no descender, ya que no le alcanzaron los
puntos para salvarse automáticamente.
En la serie contra Coca Cola, un aficionado les echó a perder el
trabajo al lanzar una lata a uno de los jueces, por lo que perdió
el juego. Una semana más tarde empató a cero en el estadio
Cuscatlán bajo un diluvio y eso lo envió directo a la Segunda.
Eso sí, de la mano del mismo técnico que los promovió
a Primera, y del que los mismos aficionados habían pedido su cabeza,
el paraguayo Nelson Brizuela.
Un negocio de segunda
Municipal Limeño fue uno de los grandes protagonistas del Clausura
2005. Después de estar hasta el cuello en la Segunda, logró
salvarse del descenso directo y meterse en las semifinales.
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Hasta ahí todo bien, jamás nadie pensó que el equipo
revelación del campeonato pudiera descender teniendo en sus filas
a los paraguayos Gabriel Garcete y Pablo Caballero y al mejor portero
del torneo, Iván Muñoz, pero en el primer partido —jugado
el 26 de junio— por el reprechaje contra el Coca Cola, los enlatados
igualaron 1-1, y para colmo de males, un aficionado lanzó una lata
con tal precisión que impactó en la cabeza del línea
Wilfredo Cañas.
El partido fue suspendido al minuto 64. Entre semana, el tribunal disciplinario
de la Fesfut le dio los tres puntos al Coca Cola. Limeño volvía
a estar de nuevo en la Segunda, y todo se confirmó el 3 de junio
con el 0-0 bajo una intensa lluvia en el Cuscatlán.
Limeño regresó a Segunda, y el Coca Coca, también.
Un mes después de muchas especulaciones, la compañía
le vendió la categoría al Chalatenango, después,
los embotellados pasaron a llamarse Nacional 1906, para no chocar con
los intereses de la empresa. La venta de la categoría les costó
$175,000 a los norteños y después de un Apertura llena de
altibajos, le ruegan a Agustín Castillo los salvé de volver
a Segunda. Los enlatados, por su parte, le apuntan a subir otra vez en
el año de su centenario.
El mal interior
El 16 de mayo la Fesfut hizo pública la lista de los jugadores
que viajarían a un duelo amistoso contra Trinidad y Tobago, pero,
ojo, los federativos tenían guardada una sorpresa.
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De los jugadores seleccionados por Carlos Cavagnaro ya no estaban Jorge
“Zarco” Rodríguez y el jovencito Cristian Tobar, pero
no porque él los olvidara a la hora de redactar el lista, sino
porque los dirigentes los borraron de tajo y sin consultarle al técnico
argentino.
Tres días antes el Zarco figuraba en el listado, pero la denuncia
de Cavagnaro puso en entredicho a los federativos, quienes manifestaron
que sólo le habían hecho unas “recomendaciones”
al entrenador. Claro, el entrenador no sabía de las recomendaciones
hasta que fueron publicadas.
La intromisión deterioró la relación entre Cavagnaro,
quien no les perdonó a los federativos meterse en su trabajo y
ellos, el haberlos desenmascarado. Ya anteriormente Ricardo Padilla había
comentado abiertamente que Juan Ramón Paredes tuvo los mismos problemas
con los directivos de la Fesfut, en su época de seleccionador.
Al final, el viaje a Trinidad y Tobago no se realizó por la llegada
del huracán Adrián que puso en jaque al país por
más de 24 horas. Cavagnaro agradeció a la naturaleza haber
evitado “el papelón del siglo”, afirmó.
Salió de la manga
Cavaganaro se salvó de ir a jugar contra los triniteños,
pero no su sustituto, el salvadoreño Miguel Aguilar Obando, quien
enfrentó el 17 de agosto a la Selección de Paraguay.
El partido salió de la nada, y de la nada se convocó a un
grupo de jugadores para formar una selección en menos de 24 horas,
y emprender el viaje a Paraguay.
Para cuando llegó la Selecta a enfrentar al equipo de “Maño”
Ruiz, llevaba seis meses de no entrenarse y entró al campo de juego
sin ni siquiera haber hecho una práctica juntos y como era de esperar
perdió 3-0.
Los guaraníes generaron 20 ocasiones claras para anotar y le dio
un baile histórico. El portero Juan José Gómez, flojo
en el primer tanto, evitó una goleada aún mayor con grandes
tapadas. Para suerte de los nacionales, Pepe Cardozo y Roque Santa Cruz,
los dos delanteros titulares, se lesionaron durante la semana y nos evitaron
más vergüenzas. Al menos se trajeron $20 mil.
La justificación de la risa
En la Fesfut, las cosas nunca se manejaron de la mejor manera. Carlos
Cavagnaro, tratando de alejarse de los “técnicos de escritorio”
de la Federación, como él mismo los llamó, se puso
a buscar jugadores por el redondo nacional. Viajó más de
12,000 kilómetros y de paso se encontró con jóvenes
como Cristian Tobar y Gilber Álvarez.
Pero después de tanto ir y venir —y cuando la relación
de él con los miembros de la junta directiva estaba súper
deteriorada—, ¡Zas!, que le cortan los viajecitos. Los federativos
aseguraron que no podía viajar más en los vehículos
de la Fesfut los fines de semana, ya que son carros del Estado, los que
tienen prohibido circular sábados y domingo. Lo extraño
es que en tres años y medio que ellos estuvieron al frente, jamás
hubo queja alguna.
Así, el seleccionador argentino se quedó sin carro y sólo
se tuvo que conformar con ver al Alianza, Firpo, San Salvador y al Atlético
Marte, en la capital.
Elefante bicéfalo
Alianza volvió a ser tema de debate. Fue el único equipo
que tuvo dos directivas al mismo tiempo, y dos equipos. Tanto la junta
de Ricardo Padilla conformó un equipo, como la de Salvador Mariona.
Padilla mandó a traer al colombiano Richard Parra para que se hiciera
cargo del equipo y Mariona encargó armar un plantel a Milton Meléndez,
después se sumó al trabajo el chileno Óscar del Solar.
El mayor debate llegó a la Fesfut, que incluso fue tomada por la
Ultra Blanca para exigir a Padilla entregar el equipo a los Sol Meza y
abandonar de una vez al elefante, pero fue la Fesfut la que falló
por los Sol Meza y le devolvió el club a sus fundadores.
Padilla continúa los procesos en los tribunales e insiste que
el equipo se lo devolverán, ya que él es el único
presidente del club. Lo malo fue que muchos jugadores se quedaron sin
vestir oficialmente la elástica del Alianza, como Emiliano Pedrozo
y Gabriel Garcete, recuerdan. Otros que aprovecharon la ocasión
fue el Zarco Rodríguez y Cheyo Quintanilla.
Una broma de mal gusto
Águila también dio de qué hablar. Primero fue la
renuncia de su presidente Alejandro González, los intentos por
sacar a Jorge García del club, y después la llegada de Lisandro
Pohl a la presidencia.
De entrada, Pohl aseguró que no habría cambios, pero el
14 de abril —10 días después— separó
a García del plantel, cosa que no agradó en nada a los jugadores,
quienes el día de la presentación del nuevo técnico,
Saúl Molina, en un hotel migueleño, no se presentaron y
por la tarde se armó un despelote en el Juan Francisco Barraza.
El relajo fue circense, los jugadores no querían reunirse con Molina,
y Pohl desde el banquillo de árbitros observaba la escena. Mientras,
el Mudo y el ex gerente del equipo, Ricardo Montoya, perseguían
a los fotoperiodistas para que se alejaran del centro de la cancha.
Después de una brevísima reunión, el Zarco Rodríguez
comenzó a despedirse de sus compañeros. El capitán
del equipo fue separado por indisciplina, a lo que sus compañeros
respondieron con hacer una verdadera huelga.
El equipo no entrenó y los jugadores se reunieron en un costado
de la cancha para hablar sobre qué hacer, ante la mirada desesperada
de los directivos.
Pohl tuvo que escuchar al Zarco y a sus compañeros y después
restableció al capitán.
“Dijeron que como yo era el capitán y el vocero del grupo
me despedían, que no debí haber permitido que no llegaran
a la reunión. Aquí somos 22 jugadores. Yo puedo hablar por
ellos, pero la decisión es de todos”, dijo el Zarco.
Al final del torneo, el Zarco fue separado, y también Molina, quien
en teoría haría dupla técnica con Vladan Vicevic.
Los cierto es que Águila, de la mano de Molina, tuvo mejores resultados
en corto tiempo que en todo el Apertura, de la mano del europeo, incluso
ganó varios juegos por goleada.
Selecta boicoteada por los clubes
El 10 de enero tenían que llegar al Albergue de la Fesfut los
25 jugadores convocados por el coordinador de selecciones nacionales,
Armando Contreras Palma, para avanzar en el trabajo de Carlos Cavagnaro,
quien llegó dos días después. A las 10:00 a.m., sólo
Álex Erazo (entonces en Alianza) e Hidzar Henríquez, del
Balboa, se presentaron a la convocatoria para elegir a los seleccionados
que jugarían en la Copa de Naciones, a desarrollarse en Guatemala.
Cavagnaro no se molestó ni perdió la calma al enterarse,
y a pesar de la puntualidad y disponibilidad de Erazo y Henríquez,
ninguno de los dos viajó a jugar con la Selecta. Henry Hernández,
portero del Águila, detalló que él venía a
presentarse, pero que Jorge García, entonces técnico de
los emplumados, lo llamó para una reunión. Los otros jugadores
dieron otros pretextos y la gran mayoría afirmó que los
presidentes de sus equipos no les dieron permiso de ir a entrenar con
la Selección Nacional.

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